En 1330, cuando la peste aniquiló a más de 200 millones de personas, se pensó que era castigo de los dioses o la participación depredadora de todos los demonios, pero la realidad era el desconocimiento de la existencia de las bacterias como la Yersinia pestis, trasmitida por pulgas y ratas, lo que facilitó que la peste se extendiera por Asia, Europa y el norte de África.

A estas tres calamidades persistentes, yo le sumaría la contaminación ambiental, el cambio climático, la corrupción, que junto a las malas políticas económicas generan la pobreza de las mayorías, frente a la gran abundancia en las minorías; esta cadena de hechos crea el caldo de cultivo de todo tipo de conductas criminales, desde el asalto a transeúntes, hasta la corrupción de gobiernos en el manejo de los dineros públicos, y claro por su alto impacto negativo en la sociedad, el crimen organizado, cuya moneda de cambio es la violencia extrema expresada en daños, homicidios, violaciones y feminicidios, hoy flagelo diario que padecen los mexicanos.

Las cifras publicadas por el Inegi respecto de que el desempleo bajó a 3 por ciento es una perversidad estadística; le faltó informar a Inegi que a los desocupados les han dado trabajo en las bandas criminales, sean o no cárteles, requisito: “ser despiadados”.

No puede bajar el desempleo cuando los criminales aumentan, es ilógico, sobre todo porque la población en situación de calle aumentó en 20 por ciento.

José Ortega y Gasset decía que sin la tecnología y la técnica, el ser humano no sería lo que es, pero esto hay que entenderlo no solo desde la perspectiva del uso y aplicación positiva de la ciencia y la tecnología, porque ante la carencia del sentido humanístico, la tecnología representa el riesgo de extinción de la especie humana.

Imagínese usted, la inteligencia artificial (AI), la ingeniería genética, la nanotecnología, la computación cuántica, la automatización inteligente y la robótica, entre otras disciplinas que se están combinando y desarrollando son disruptivas, emergentes e interdisciplinarias, todas ellas están convergiendo en la NBIC nano(átomos)-bio(genes)-info(bits)-cogno(neuronas); el top de este fenómeno tecnológico es la inteligencia artificial.

El impacto de esta convergencia científico-tecnológica está transformando profundamente a la humanidad, pero, ¿a quienes beneficia? ¿Superaremos las tres calamidades que menciona Noah Arari?

Tal vez las condiciones ambientales y socioeconómicas se deterioren al grado que tenemos que buscar otro planeta para salir de la tierra, porque será imposible ya vivir aquí, como lo expresa Stephen Hawking, puesto que la inteligencia artificial plantea un gran riesgo al superar a los humanos, quienes están limitados por su evolución biológica y no podrán competir con las máquinas.

En esto coincide Elon Musk, fundador de Paypal, de Tesla Motors y de SpaceX, quien dice que la “inteligencia artificial amenaza la existencia de nuestra civilización” y agrega “hasta que la gente vea que los robots maten a personas por la calle, entonces entenderán los peligros de la inteligencia artificial (AI)”.

¿En qué consiste el temor a la inteligencia artificial? La base del desarrollo de esta es el aprendizaje automático, a través de algoritmos que pueden aprender, a partir de datos, sin depender de la programación, pero supera el aprendizaje en el sentido humano, porque la AI lo hace a través de cualquier cantidad de datos y de una multiplicidad de variables.

El concepto de deepmind de Google, para desarrollar sus vehículos autodirigidos y el que aplica Apple denominado Machine Learning, ambos se refieren a que las máquinas aprenden y mejoran su rendimiento analizando datos y patrones. Es decir, la AI crea su propia AI.

La Asociación Americana de Inteligencia Artificial (AAAI) la define como la comprensión científica de los mecanismos que fundamentan el pensamiento y el comportamiento inteligente y su incorporación en las máquinas; claro, este es el fundamento de la revolución industrial 4.0 que no es otra cosa que la transferencia de datos y conocimientos entre máquinas, para aplicar su aprendizaje en procesos de producción generadores de bienes y servicios con alto contenido de conocimiento, o sea, mayor valor agregado.

Pero, ¿si la AI se aplica a la creación de robots humanoides para formar ejércitos mercenarios con decisión autónoma para matar? ¿Cuántas formas de destrucción, no solo de empleos, sino de la vida misma, se podrían construir a partir de la AI, todas ellas a disposición del mejor postor, ya sean gobiernos u organizaciones criminales que quieren todo el poder?

Si nuestras autoridades, por falta de conocimientos, equipo y sobre todo de honestidad, no han podido controlar al crimen, organizado o no, que son seres humanos descompuestos, ¿qué sucedería cuando tengan que enfrentar a robots criminales? Y usted, ¿qué opina?

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