El análisis de los últimos 30 años arrojó la realidad de un sistema que ha resuelto la elección presidencial con una contienda electoral a tercios. La campaña de 2012, al igual que las cinco anteriores, se dilucidó de ese modo. Los tres partidos mayores se disputaron el monte de votos, decantando un ganador, independientemente de todos los enjuagues utilizados para encumbrarlo.
De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto arribaron por la vía de esa fórmula, accesible para un sistema que conservaba las reservas electorales en los estados con padrones mayores. La llamada transición democrática, que nunca lo fue, respondió a los mismos procesos. El sistema partía el bacalao.
Por más sucios que resultaran, los comicios eran avalados por las tres fuerzas en contienda. Nadie podía llamarse a engaño: los tres se habían sometido a las mismas reglas, aunque en sus adentros, reconocían que habían sido orillados a acatarlas aun en contra de sí mismos, de sus militantes y simpatizantes.
Incluso la contienda de 2012, jefaturada por el monopolio televisivo en favor del delfín de Atracomulco, las expectativas generadas por el regreso de los dinosaurios priistas que en el papel y en la propaganda “sabían cómo hacerlo”, llevaron a la gente a votar, aunque jamás en la proporción que normalmente se cree.

Peña Nieto llegó a la presidencia
con una ridícula minoría

En efecto, según las cifras oficiales del INE, las tres fuerzas se repartieron la preeminencia. De un total de 80 millones de ciudadanos inscritos en las listas nominales de la elección, solo votaron 50 millones. De esa cifra, el PRI-PVEM obtuvo 38 por ciento de los sufragios, es decir, 19 millones de votos, correspondiente a 24 por ciento del padrón. ¡Sí, una ridícula minoría!
El PRD le siguió con 16 millones de votos, es decir, 20 por ciento del total de la lista, mientras que el PAN obtuvo 13 millones de sufragios, 15 por ciento del total. Y todos a quedarse con su golpe. En conclusión, las cifras que no mienten, aunque se inflen, indican que la franquicia gobernante está en el poder sustentada por el 38 por ciento de los votantes, menos de 24 por ciento de los ciudadanos en edad de votar en aquella ocasión.
Si en esa ocasión, el PRI no tuviera el magro apoyo del Verde, quizá no llegaría ni a aparecer en la contienda, pues con 21 por ciento de posibilidades no hay nada qué hacer. Es una cifra con la que no se puede maniobrar, menos espantar con el petate del muerto, como acostumbra hacer para levantar el santo y las limosnas. Tal posibilidad existe, cuando menos en el papel.

La pantomima de los “independientes”, para declinar por el PRI

De ahí el apresuramiento y los chanchullos para habilitar candidatos independientes que, a la mera hora, después de la pizca levantada, declinen por el candidato oficial. De ahí la cantidad de recursos monetarios inyectados a las campañas fofas de Margarita Zavala, el Manso de Monterrey, el Jaguar Ríos Piter y todo el que juegue en esa cuadra.
Como han visto que no se puede, y se percataron del desprestigio y del repudio ciudadano a la pantomima independiente, el terror a perder los anima a desplegar una campaña sucia en medios, que orille a los ciudadanos a la abstención, al descrédito del voto por un sistema decadente, a creer que no hay horizonte fiable.
Eso a ellos les reporta, aunque no les convenga. Su tirada es ganar, aunque sean elegidos por los polvos del lodo y emerjan de la absoluta ilegalidad en el uso de los medios, que les recuerden todos los días a quien les dio la leche materna, en una actitud peor que la cantaleta calderoniana del haiga sido como haiga sido (sic).

El PRI perdió sus “graneros” de votos; CDMX, Veracruz, Puebla…

La realidad es que el PRI-PVEM no cuenta con una sola reserva electoral de consideración en los graneros de los estados: los mayores padrones se han pulverizado, dejaron de creer en sus promesas. De los estados mayores, México fue asaltado y percudido con el triunfo pírrico de Alfredititito III, y su capacidad de convocatoria electoral se encuentra demolida.
Por el lado de Televisa, ya las fuerzas no le alcanzan. Los mismos que llevó al poder, hoy con su descrédito a cuestas, han logrado lo imposible: la quebraron. Ya no hace ni tele para los jodidos, ni puede fabricar mentecatos para sentarlos en la silla presidencial. Esos tiempos ya se fueron.
Veracruz, en manos del panismo, del perredismo y del morenismo. La Ciudad de México, tan lejos que ni la avizoran. Puebla, en manos blanquiazules; Chihuahua, igual; Chiapas, en poder de los adversarios de la actual dirigencia del Verde; Durango, ni se diga; Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León y otros, por el estilo.

Cuenta con Campeche, Tlaxcala, Colima y medio Sinaloa y Sonora

La última encuesta levantada en Jalisco arrojó que solo 20 por ciento de la apuesta del electorado va a favor del tricolor. San Luis Potosí, también a medios chiles; Zacatecas en la ruina; Guerrero en terapia intensiva contra los priistas; Querétaro, insalvable; Michoacán, fuera del alcance, y Morelos en el otro extremo.
Tabasco, Yucatán y Quintana Roo fueron vacunados contra el priismo. Los tricolores, con el apoyo de Campeche, Tlaxcala, Colima, la mitad de Sinaloa y de Sonora no pueden ir hacia ningún puerto seguro. Se trata de padrones muy pequeños y en los estados occidentales, casi perdidos para la causa tricolor, con reducidas excepciones.
Al verse perdidos, solo les queda recurrir a una estrategia miserable: hacer que una elección decantada a decidirse entre Morena y la coalición Por México al Frente, y nada más, sea forzada a convertirse en una contienda a cuartos. La propaganda de la inmundicia lograría, según esa perspectiva, invitar a la mesa a una cuarta fuerza: la apatía, la abstención.

El creciente abstencionismo llena de alegría y gozo a los tricolores

Los datos de Latinbarometro.org lo confirman: en los últimos cinco años, al ver la incapacidad y la corrupción del régimen, los ciudadanos en edad de votar, que para el año que entra aumentarán el padrón a 90 millones de sufragantes, han disminuido sus intenciones de voto en 13 por ciento.
Esa cifra les llena de gozo a los tricolores, les indica que van bien, que pueden ubicarse entre los tres primeros con base de desencanto electoral.
‎Aunque parezca cosa de locos, la apatía, en lugar de la afluencia a las urnas, será el mejor aliado del PRI-Verde para alcanzar con ridículos números a los punteros. Ya posicionados en esa tercia, las influencias del dinero les harán ganar más terreno. Ocupando maniobras distractoras y mapachescas pueden colarse. Se vale soñar.
Pero para lograrlo tienen que obtener, cuando menos, una bolsa de 20 millones de votos. En 2012 pudieron juntarla. Tenían su reserva electoral en las gubernaturas afines que han perdido a lo largo del sexenio por las corruptelas desatadas en todos los estados que pasaron a ser de la oposición. Ahora simplemente ya no la tienen; pertenecen al voto antisitémico a favor de las franquicias opuestas.

También crece el repudio electoral a los corruptos mexiquitas de EPN

¿De dónde puede sacar el PRI-Verde una bolsa electoral de ese tamaño? Solo de la extrema miseria y de la necesidad ingente de los convocados a urnas en su favor. Pero no es tan fácil, pues la dignidad va a ocupar grandes espacios del repudio electoral a los mexiquitas y a la infame manera de asaltar en despoblado.
El cuarto invitado puede llegar. Pasar del millón y cuarto de votos nulos registrados en 2012, a una cantidad de ocho dígitos, 10 millones, inimaginable en épocas de estabilidad política y de convivencia pacífica. Como el pasto está seco, los priistas quieren incendiario a como dé lugar. Piensan en su provecho, en una estrategia ruin, de perdedor compulsivo.
La única forma de preparar el nuevo asalto será con el voto masivo en las urnas, expresando la realidad desastrada del país. La apatía es una trampa que no podemos darnos el lujo de activar. ¡No pasarán!
¡Todos a las urnas!

Índice Flamígero: “Ya se conocen los nombres de los tres principales contendientes para la elección presidencial del próximo año –escribió desde Torreón, Coahuila, don Miguel Ramírez–. En algunos días más se agregará la del gobernador de Nuevo León, si es que el INE no sanciona la forma en que se han juntado las firmas necesarias para ser aceptado como candidato independiente, ya que presenta algunas irregularidades. Se le conoce como el Bronco, pero no lo es tanto, ya que no a cualquiera le relincha. La guerra sucia encarnada contra Ricardo Anaya no fue suficiente para evitar que el ahora llamado Por México al Frente lo escogiera como abanderado, y tenía que ser así porque detrás estaba gente muy desprestigiada, comenzando por EPN, el PRI, los llamados panistas rebeldes y alguna prensa escrita en la que, en sus columnas, se ejerce un periodismo de lavadero, (“nos comentan, nos afirman, se dice…”). Aunque son muy pocos días los que han transcurrido desde que Meade fue nombrado precandidato del PRI ya es notorio que, aunque se le pase corriente, nomás no arranca. ¿Se empecinará EPN en mantenerlo o buscará a alguien que esté cercano a la sociedad?”. Sugerente observación, don Miguel. ¿Cambió de candidato en el PRI? ¿O el ya clásico “no se hagan bolas” de el Innombrable? + + + Circula en redes un tuit en el que se lee que “si hoy fueran las elecciones, la alianza ¿PRI-Panal-Verde solo ganaría 80 distritos electorales (son 300) en el país. En estados panistas ganarían muy pocos o ninguno. Solo conservarían 75 de voto duro. El frente arribará en 170 (distritos) y Morena, 50…”

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