Todos sabemos que los medicamentos pueden tratar y curar muchos problemas de salud, sin embargo estos deben ser tomados apropiadamente para asegurar que sean seguros y eficaces.

¿Qué sucede durante una interacción entre los fármacos y un alimento?

La interacción entre un fármaco y un alimento puede ocurrir cuando los alimentos que se comen afectan los ingredientes de un medicamento que se está tomando, evitando que éste actúe como debería, pues esas interacciones pueden inadvertidamente reducir o incrementar el efecto. Las interacciones entre fármacos y alimentos pueden suceder tanto con medicamentos que receta el médico como con los que se venden sin receta.
Los alimentos pueden alterar el efecto de los fármacos, independientemente de si son tomados con la comida o en ayunas. Por otro lado, también la dieta y el estilo de vida pueden a veces tener un impacto significativo sobre la habilidad de los fármacos para trabajar en el organismo. De ese modo, ciertos alimentos que acostumbremos comer, así como las bebidas, el alcohol, la cafeína y hasta los cigarros pueden interactuar con los medicamentos. Esto puede hacerlos menos efectivos o puede causar peligrosos efectos colaterales u otros problemas.
La mayoría de las interacciones fármaco-alimento con relevancia clínica son aquellas que provocan cambios en la disponibilidad (biodisponibilidad) de los fármacos en el organismo, y puesto que en su mayoría la disponibilidad y el efecto clínico están correlacionados directamente, la biodisponibilidad constituye un importante parámetro que se ve afectado.
La importancia de una interacción depende de varios factores, unos relativos a los fármacos en cuestión y otros a la propia enfermedad en tratamiento. Los medicamentos que con mayor frecuencia pueden ser objeto de interacciones con alimentos con posibles manifestaciones clínicas importantes son:
A) Fármacos con un margen terapéutico estrecho, es decir, cuya dosis terapéutica es próxima a la dosis tóxica, ya que existiría el riesgo de posibles efectos tóxicos, tales como warfarina, fenitoína, hipoglucemiantes orales, antihipertensivos, digoxina, anticonceptivos orales, litio.
B) Aquellos que tienen una curva dosis-efecto de gran pendiente, de forma que cambios pequeños en la dosis producen grandes cambios en el efecto, lo cual es particularmente importante en interacciones que reducen el efecto del fármaco.
C) Fármacos que para ser eficaces deben mantener una concentración plasmática sostenida. Este es el caso, por ejemplo, de los antibióticos, cuya eficacia puede comprometerse si durante el tratamiento no se mantienen unos niveles plasmáticos por encima de una concentración mínima inhibitoria.
Las interacciones fármaco-alimento pueden dividirse en interacciones farmacocinéticas e interacciones farmacodinámicas. Las interacciones farmacocinéticas son aquellas donde los alimentos afectan los procesos de absorción, distribución, metabolismo o eliminación de los fármacos, y son con mucho, las más comunes. Existen pocas evidencias respecto a las interacciones farmacodinámicas dado que son aquellas en las cuales los alimentos, o sus derivados, afectan la acción del fármaco a nivel de sitio receptor.
El tipo más común de interacción fármaco-alimento es la reacción química que ocurre entre el fármaco y alguno de los componentes de los alimentos, que pueden dar origen a un complejo que se deposita a nivel intestinal, dificultando la absorción del fármaco; un ejemplo lo constituyen las tetraciclinas cuando son administradas con leche, con otros productos lácteos como yogurt o antiácidos a base de magnesio, aluminio o calcio. Por ese motivo, ese antibiótico debe tomarse al menos una o dos horas antes o dos horas después de las comidas.
Los alimentos, pueden retrasar y/o disminuir la absorción de fármacos como la ampicilina, analgésicos, derivados opiáceos, barbitúricos, furosemida, quinidina y cefalosporinas, debido al retardo del vaciamiento gástrico, por lo cual es recomendable tomarlos con el estómago vacío. En el caso de las penicilinas que se administran por vía oral los alimentos provocan una disminución de la absorción y del nivel plasmático.
En algunos casos es beneficioso tomar los medicamentos con alimentos ya que pueden aumentar la biodisponibilidad. Por ejemplo, la comida con un alto contenido en grasa, aumenta la absorción de la griseofulvina. El ácido acetilsalicílico puede irritar la mucosa gástrica, por lo que es recomendable tomarlo con alimentos. Los productos que contienen estrógenos deben tomarse con comidas para disminuir las náuseas. Con medicamentos que contienen aminofilina, aspirina, fenilbutazona, reserpina o corticoides como la prednisona, betametasona, es conveniente tomarlos con alimentos, pues de ese modo se reduce la irritación gástrica.
Aunque no puede considerarse, obviamente, al alcohol como un alimento, las interacciones que pueden derivarse de la administración de medicamentos y el consumo de alcohol tienen en muchos casos unas consecuencias especialmente graves.
Las interacciones alcohol-fármacos que pueden presentarse podrían englobarse en dos grandes grupos: 1. Cuando el alcohol actúa modificando el efecto del fármaco y 2. El fármaco modifica la metabolización o el efecto tóxico del alcohol.
A su vez, las primeras pueden ser de tipo farmacodinámico, que comprenden básicamente las que afectan a fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central, o de tipo farmacocinético que tienen como principal consecuencia la modificación de los procesos de absorción y metabolización de fármacos, con potenciación o disminución de sus efectos terapéuticos y/o secundarios.
Otro tipo de interacción alcohol-fármaco se produce como consecuencia del bloqueo de la metabolización del alcohol etílico por el enzima aldehído deshidrogenasa con potenciación de sus efectos tóxicos, conocida como reacción tipo antabús o disulfiram. Es también una interacción especialmente grave, pues ese bloqueo metabólico provoca sudoración, rubor en cara y cuello, náuseas, vómitos, dolor abdominal y cefalea. En casos graves, puede llegarse a una importante caída de la presión arterial y a alteraciones del ritmo cardíaco que pueden llevar a la muerte.
Las interacciones pueden prevenirse, para ello es necesario un ejercicio de responsabilidad conjunta por parte del equipo de salud:
-Médico. Debe conocer el riesgo y predecir los efectos adversos del fármaco y de sus combinaciones con alimentos. Igualmente debe realizar la evaluación del estado nutricional y monitorizar el empleo de fármacos.
-Enfermera/o. Debe conocer cuándo han de administrarse los fármacos con relación a la ingesta de alimentos.
-Dietista. Tiene la responsabilidad específica de suministrar al resto del equipo sanitario las pautas dietéticas recomendables.
-Farmacéutico. Su misión es instruir al paciente, asesorar al médico y elaborar las pautas de administración de fármacos, en relación con la pauta dietética, incluyendo suplementos de nutrientes.
Cuando tomemos un medicamento, debemos asegurarnos de seguir con cuidado las instrucciones, de ese modo podremos obtener el máximo beneficio con los menores riesgos. Cambios en el efecto de un fármaco debidos a una interacción con alimentos, alcohol o cafeína pueden ser significativos, sin embargo también existen otros factores que pueden influenciar el efecto, tales como la dosis administrada, edad, peso, género y estado de salud en general.
Debe recalcarse que la interacción con alimentos es diferente para cada fármaco y no tiene la misma relevancia en todos los pacientes, y como en otras circunstancias los efectos de esas interacciones suelen ser más importantes en determinado grupo de poblaciones, como lo es en adultos mayores, en diabéticos y en pacientes con enfermedades cardiovasculares o con malnutrición. Por ese motivo es importante conocer el modo de ingestión de la medicación y su relación con las comidas. Por otro lado, el asociar la dosificación del fármaco con actividades rutinarias diarias como las comidas suelen mejorar el cumplimiento terapéutico.

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