Por su cercanía con la Ciudad y Estado de México, el sur de Hidalgo se está convirtiendo en una extensión natural de la megalópolis de la capital del país. Para bien, pero también para mal. Para bien, porque esa cercanía permite un intercambio no solo de personas que ven a Hidalgo como una opción para vivir, sino también de bienes y servicios, lo que genera un círculo virtuoso que genera economía y desarrollo. Pero también para mal, porque los intercambios implican que los delitos incrementen en función del crecimiento referido en el flujo de personas, bienes y servicios. Y teniendo en cuenta ese intenso ir y venir, era de esperarse que no solo hubiera intercambio positivo. En consecuencia, es cada vez más común ver que grupos del crimen organizado operen en el territorio de las tres entidades federativas, pues ya lo ven como parte de un mismo espacio común. La captura de Oscar Andrés alias el Lunares, ayer en Tolcayuca, es un síntoma de lo que ocurre en territorio hidalguense, donde la operación de bandas de criminales organizados se está volviendo un tema de todos los días. ¿Hasta qué punto los tentáculos del crimen organizado se han inmiscuido en territorio estatal? Lo que es una realidad es que hechos como la captura de el Lunares son cada vez más frecuentes. Y en esa medida las autoridades, la policía estatal, y todos quienes participan en salvaguardar la paz de la entidad deben establecer estrategias para estar a la altura de las nuevas circunstancias. De filón. De visita en la UAEH, el abogado penalista Juan Velásquez calificó el congelamiento de cuentas de esa casa de estudios como “un absurdo”, pues no ve motivo para sostener que existe alguna conducta ilícita. Algo que después de un año, y con cajas de evidencia en sus manos, no ha podido observar la unidad de inteligencia financiera encabezada por Santiago Nieto Castillo.

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