Intercambio, una de las mejores decisiones

516
Intercambio,UAEH

Para vivir experiencias como esas es para lo que está hecha la vida

ANGÉLICA VANESSA ÁNGEL CHÁVEZ
Istanbul Aydin University, Turquía.- Todo comenzó cuando mi papá se despidió de mí en la entrada del aeropuerto. Fue ahí cuando me hice a la idea de que no lo vería en un largo tiempo, pero también supe que todo valdría la pena.

Un intercambio es una de las mejores decisiones que puede tomarse como estudiante. Viajar al otro lado del mundo fue una experiencia que caló en mi espíritu y en mi mente. No puedo expresar con palabras la inmensa madurez que adquirí al separarme de mis padres por primera vez; al afrontar situaciones en otro país, donde no hablan mi idioma, donde nadie me conoce y donde las reglas son diferentes.

Lo más importante es saber que nunca estarás solo, siempre habrá un amigo que te deje quedarse en su casa, que te acompañe a comer, que te enseñe nuevos lugares, que te hable de su país y que se interese por el tuyo.

Hasta sacar el permiso de residencia fue una experiencia de lo más alocada, a pesar de todo lo que pueda salir mal, no hay ningún día en el que no encuentres algo magnífico. Para vivir experiencias como estas es para lo que está hecha la vida; tener una probada de lo que hay al otro lado del mundo es lo que poco a poco genera mejores versiones de nosotros mismos, sin que siquiera nos demos cuenta.

Recuerdo bien el largo viaje que fue llegar a Turquía: 22 horas de aviones y aeropuertos, de nuevos idiomas, monedas, personas, lugares, y al llegar, el miedo que nos inundaba se desvaneció como agua entre las manos. Pronto conocimos a quienes se volverían nuestros mejores amigos, todos nos recibieron con una sonrisa cuando ni siquiera sabían nuestros nombres o de dónde veníamos.

A partir de ahí volvimos a sentir que estábamos en casa, teníamos una nueva familia formada de personas de diferentes partes del mundo, todos dispuestos a ayudar, a compartir, a conocerte y a que tú los conocieras.

Atravesar obstáculos juntos, como renovar el permiso de residencia al otro lado de la ciudad, se volvieron experiencias fructíferas, de las que te alegras porque aprendes de ellas, porque las hiciste tú solo en un país distinto al tuyo, porque ahora estás un paso más adelante y eso solo significa que se avecinan cosas buenas.

Lo más interesante de todo fue enfrentarse a una cultura completamente diferente, en donde una religión es la que predomina entre todos sus habitantes. Yo nunca había estado en presencia de musulmanes y mucho menos cerca de sus mezquitas, de todas sus tradiciones y costumbres. Presencié el mes de Ramada, celebración en la que ayunan durante ese periodo. Fue ahí donde descubrí que esa religión es de lo más noble, ya que el ayunar es con el fin de ayudar a quien más lo necesita. En punto de las ocho de la noche se abren banquetes en todas las mezquitas, cualquiera que tenga hambre puede ir a comer y compartir esa celebración allí, pues es un lugar para recibir ayuda, en donde puedes ir a descansar para que tu mente encuentre un poco de paz. Mi escuela también celebró el Ramada ofreciendo banquetes a todos los estudiantes.

Sin duda, esta es una experiencia que considero fundamental en la vida académica de cualquier persona y que volvería a vivir.

Viajar al otro lado del mundo fue una experiencia que caló en mi espíritu y en mi mente. No puedo expresar con palabras la inmensa madurez que adquirí

Comentarios