En nuestra sociedad, determinados hábitos han propiciado la tendencia al sobrepeso y obesidad de las y los niños, por lo que es importante ayudar a nuestras familias a establecer hábitos saludables de alimentación en los primeros años, que es el tiempo ideal para evitar y prevenir tanto la desnutrición como la obesidad. En ese senido, la familia juega un rol muy importante en el desarrollo de las conductas alimentarias de las y los menores.
Sin embargo, a pesar de que las y los niños establecen relaciones sociales en diversos entornos, su relación más cercana es con su madre, por lo que es importante comprender qué sucede en sus interacciones, sobre todo para su desarrollo y crecimiento. La forma en que las madres deciden cómo alimentar a sus hijos depende en gran medida de sus actitudes hacia el propio cuerpo, el peso corporal y la alimentación, y de ello también depende el tipo de control alimentario que ejercen sobre ellos.
Asimismo, la influencia de la madre en la alimentación es muy significativa debido a la transmisión de creencias familiares y culturales, lo que las madres han aprendido y sus experiencias son transmitidas a sus hijos a través de diferentes hábitos, prácticas alimentarias y estilos de crianza durante los primeros años de vida para así guiar su educación y alimentación.
De esa manera, la promoción o restricción de los alimentos dependerá de las creencias de los cuidadores acerca de qué, cómo y cuándo servirlos o sí son necesarios y aportan nutrimentos o de sí los adultos se perciben a sí mismos como obesos o delgados. Por ejemplo, la obesidad en la madre es el predictor más significativo de la obesidad de los niños. No solo la obesidad determina las conductas en la madre, sino también el miedo de convertirse en obesa hace que se encuentre más preocupada por el peso de sus hijos, lo cual puede condicionar la restricción en su alimentación.
Por otro lado, se ha observado que las y los niños con desnutrición reciben menor estimulación debido a que sus cuidadores son poco responsivos en la satisfacción de sus necesidades. Estas condiciones explicarían una parte del atraso en el crecimiento físico y en el desarrollo motor, cognoscitivo y socioemocional de las y los infantes con desnutrición.
Ahora bien, los factores socioculturales, así como la situación socioeconómica, estilo de vida, lugar de vivienda entre otros, también son determinantes de los hábitos alimentarios del niño. Por lo descrito anteriormente, es necesario reconocer y abordar ese tema que es significativo para nuestra sociedad y que se relaciona con una red de influencias de tipo biológico, familiar, contextual y social.
En ese sentido, existen diversos estudios que indican que es fundamental que los padres y especialmente la madre accedan a información relevante sobre una alimentación equilibrada o saludable a través de programas de promoción de salud, ya que ella juega un papel esencial en el tipo de cuidados (educación, salud, nutrientes) que el niño recibirá, esto se traduce en mejores prácticas alimentarias en el hogar. Así que es necesario desarrollar programas preventivos psicoeducativos y nutricionales efectivos para contribuir a la salud de los escolares y las madres y por lo tanto en beneficio de un mejor estilo de vida.
Por lo que el objetivo del presente estudio fue evaluar la eficacia de una intervención psicoeducativa sobre las prácticas de crianza y comportamiento alimentario de mujeres con hijos en edad escolar de una primaria de Pachuca, participaron 50 madres e hijo(as), quienes fueron puestos al azar en uno de los siguientes grupos: programa psicoeducativo (n = 25 madres e hijos) y grupo control en lista de espera (25 madres e hijos).
Las madres completaron las siguientes pruebas: cuestionario de actitudes, creencias y prácticas de los padres hacia la alimentación de los hijos (CFQ), cuestionario breve de prácticas parentales (versión para madres) y cuestionario de comportamiento alimentario infantil (CEBQ). Los escolares contestaron el cuestionario breve de prácticas parentales (versión para niños).
Se realizaron tres momentos de evaluación: pre, post y seguimento (después de tres meses de finalizada la intervención). El programa psicoeducativo consistió en 10 sesiones, (una por semana) de una hora (cada una) en cada sesion estuvieron presentes tanto la madre como el hijo(a). En los resultados preliminares de ese estudio se presentaron evidencias en favor del uso de programas de prevención con madres y niños promoviendo conductas alimentarias saludables en el hogar. Se encontraron cambios significativos en las prácticas de crianza alimentarias y el comportamiento alimentario en la posevaluación, sin embargo, algunos de estos cambios no permanecieron después del seguimiento por lo que se debe de reforzar el programa de intervención y seguir haciendo un análisis de estos resultados.

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