Las personas pasan de ser los objetos de estudio a ser los sujetos o protagonistas en los proyectos

ELSA ÁNGELES

Pachuca.- ¿De qué manera la investigación científica puede transformar de forma directa las condiciones sociales de un grupo humano? Una propuesta es la investigación de acción participativa, donde las personas pasan de ser los objetos de estudio a ser los sujetos o protagonistas en los proyectos.

Ese tema es el eje que organiza las sesiones del primer Seminario de Investigación, Acción y Preservación Ambiental, el cual es desarrollado en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Aunque esa metodología surgió a partir del trabajo pionero del psicólogo y filósofo alemán Kurt Lewin en 1946, se fortaleció en América Latina durante la década de 1960, con el pedagogo brasileño Paulo Freire y sus nuevas ideas en la investigación de la educación para adultos. En la década de 1980 le fue incluido el adjetivo de “participativa”.

El objetivo más importante de una investigación de acción participativa es la transformación de las condiciones existentes, teniendo como eje la problemática o demandas sociales.

Su metodología permite, al mismo tiempo, la acción y los resultados de la investigación, lo cual es posible mediante la participación de las personas involucradas, desde el planteamiento de los objetivos hasta el informe final o conclusión del proyecto.

Los jóvenes investigadores Luis Enrique Granados Muñoz, del programa Agua y Sociedad en El Colegio de San Luis, y Jorge Dolores Bautista, de la UAEH, recurren a la investigación de acción participativa para sus proyectos. Para comprender mejor esa metodología platicamos con ellos sobre sus temas.

Saberes frente a la difícil problemática en Zimapán

El doctor Luis Enrique Granados Muñoz, de El Colegio de San Luis, inició su proyecto titulado Investigación de acción participativa: Saberes prácticos, técnicos y discursivos en Zimapán, Hidalgo.

Su interés surgió al observar que se trata de un municipio con graves problemas en tres ámbitos: “la explotación minera, la contaminación del suelo al construir un tiradero de residuos tóxicos y la inseguridad hídrica que representa el saqueo de agua de Hidalgo a Querétaro con el Acueducto Segundo, así como su contaminación por arsénico”.

Respecto de la minería, el investigador destacó que esa actividad en Zimapán lleva una explotación sostenida de poco más de 400 años, y en la zona conviven grandes y pequeñas empresas en competencia por la producción metálica, la atracción de fuerza de trabajo y la expansión del capital minero.

Además, la contaminación por arsénico en las aguas subterráneas de Zimapán fue reportada en un texto científico desde la década de 1940.

Más tarde, en 1999, investigadores del departamento de recursos naturales del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advirtieron del riesgo de consumir o entrar en contacto con el agua almacenada en la Presa Zimapán, así como comer la fauna que se desarrolla en dicho embalse.

En su diagnóstico advirtieron que las aguas que surten a la presa hidroeléctrica están contaminadas con virus, hongos y otro tipo de flora y fauna patógena, además de metales pesados como cadmio, plomo, mercurio y cobre, poniendo en riesgo la salud de quienes consumen o entran en contacto con el líquido.

En 2011, otro estudio científico comprobó la relación entre la prevalencia de diabetes arsenicosa endémica y la exposición de los habitantes de Zimapán a los metales pesados, como el arsénico, a través del agua que beben.

Ese año, cuando fue inaugurado el Acueducto Segundo de Querétaro, voces expertas alertaron sobre la posibilidad de enviar agua contaminada al estado vecino debido a que la región de Zimapán es la segunda en México más contaminada con dichos metales.

Adaptación al cambio climático en la Huasteca

El doctor Jorge Dolores Bautista, investigador del área académica de trabajo social en la UAEH, trabaja en el proyecto titulado Preservación participativa del patrimonio biocultural de los territorios indígenas de la Huasteca hidalguense: Hacia una estrategia de políticas públicas interculturales para la adaptación al cambio climático.

El especialista explica que “para la Huasteca, región indígena, el cambio climático implica riesgos en cuanto a inundaciones ocasionadas por tormentas severas, sequías, incendios forestales, escasez de agua para consumo humano y pérdida de biodiversidad”.

Y para hacer frente a esos riesgos “se requiere la colaboración interdisciplinaria y esfuerzos colectivos de diversos actores acordes a la Estrategia Nacional de Cambio Climático, desde una metodología implementada con estrategias de intervención de trabajo social, enfocada a la preservación del medio ambiente en su forma de patrimonio biocultural y la revaloración de prácticas socioculturales sustentables”.

El proyecto de Jorge Dolores plantea que esos territorios experimentan distintos grados de deterioro ecológico ocasionados por procesos de modernización agropecuaria, extracción de recursos energéticos y la creación de infraestructura hidráulica para el abasto de agua a los centros urbanos.

En el caso de la Huasteca hidalguense, la preservación del patrimonio biocultural de los territorios indígenas atiende a la detección, documentación y fomento de prácticas culturales favorables para el medio ambiente; la vinculación con instituciones que fomentan la adaptación climática y la elaboración de políticas públicas interculturales que garanticen la preservación del patrimonio biocultural.

Por ello, su propuesta es un trabajo participativo entre distintos niveles de gobierno e instituciones educativas del estado para acompañar o promover procesos de preservación ambiental orientados a la protección de los territorios indígenas.

ciencia

Luis Enrique Granados Muñoz

Es antropólogo y maestro en gestión integrada de cuencas por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es doctor en ciencias sociales por El Colegio de San Luis.

Actualmente es investigador huésped del programa Agua y Sociedad de El Colegio de San Luis y pertenece a las redes temáticas Alianza Justicia Hídrica de la Universidad de Wageningen, en Holanda, y la Red Waterlat-GOBACIT integrada por institutos y universidades, principalmente de América Latina.

También participa en la Red-Conacyt de Gobernanza Metropolitana, con sede en El Colegio de Jalisco, y está adscrito a la Red de Investigadores Sociales sobre el Agua y a la Red Mexicana de Cuencas Hidrográficas.

Jorge Dolores Bautista

Cuenta con licenciatura en comunicación social por la Universidad Autónoma Metropolitana, maestría en geografía humana por El Colegio de Michoacán y doctorado en ciencias sociales por El Colegio de San Luis. Desde 2017 tiene el nivel de candidato en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Actualmente es profesor investigador del área académica de trabajo social en la UAEH e integrante del cuerpo académico de estudios en trabajo social.

La temática de investigación que desarrolla abarca: pueblos indígenas, territorio, desarrollo regional, interculturalidad, patrimonio biocultural y cambio climático.

Aunque esa metodología surgió a partir del trabajo pionero del psicólogo y filósofo alemán Kurt Lewin en 1946, se fortaleció en América Latina durante la década de 1960, con el pedagogo brasileño Paulo Freire y sus nuevas ideas en la investigación de la educación para adultos

El objetivo más importante es la transformación de las condiciones existentes, teniendo como eje la problemática o demandas sociales

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