Su caso

Memorias de la infancia

La primera vez que Óscar se enfrentó a la discriminación tenía seis años, mientras jugaba en las calles de los barrios altos de esta ciudad niños de su misma edad lo rechazaron porque “parecía niña”, para entonces él ya se sabía diferente y lo reafirmaba cada vez que experimentaba una sensación de bienestar desarrollando
roles femeninos.
“La discriminación siempre ha sido parte de mi vida, estudié únicamente hasta primer grado de secundaria porque los seis años de primaria fueron muy difíciles y en la secundaria mis compañeros pasaron de las burlas a las agresiones físicas, por desgracia no recuerdo un solo día en el que no fui agredido.”
A los 13 años decidió irse a vivir con una de sus hermanas a Tijuana, Baja California, “en mi casa jamás fui juzgado por mis preferencias sexuales, mi madre siempre supo que era diferente pero no me rechazó y eso fue un punto muy importante para que yo no creciera con un sentimiento de odio. A los 17 años tenía el cuerpo modificado porque un año antes comencé a ingerir hormonas y en Tijuana yo creí que encontraría aceptación porque falsamente se piensa que existe mayor apertura en cuanto a la diversidad sexual, pero no encontré un empleo hasta que me corté el cabello y me vestí con ropa para hombre.
“Mi idea era trabajar lo suficiente para poder pagarme las operaciones pero mi vida dio un giro total cuando empecé a convivir con personas transgénero que se prostituían, ellas decían que era la única forma de obtener el dinero para las operaciones, al principio me negué y traté de vivir con un trabajo común pero tiempo después también inicié en la prostitución; entre alcohol y drogas me fui perdiendo poco a poco hasta la noche en que todo cambió.”

Un duelo anticipado

Óscar siempre tiene presente aquella noche decorada con escenas en un departamento, rodeado de quienes siempre consideró sus amigos, ahí es donde el tiempo se detiene y su memoria entierra sucesos hasta el instante en el que abre los ojos y su vista registra el cuarto de un hotel, y se contempla lastimado física, mental y espiritualmente en el momento preciso en que se da cuenta que fue víctima de una violación cuando tenía únicamente 19 años
y desde entonces supo lo que
vendría después.

“Es esa noche en la que estoy seguro que fui contagiado, ese hombre siempre me acosó y me imponía miedo porque decían en el bar que era un mafioso, pero también decían que tenía Sida. Esa mañana desperté con marcas en las manos, señal de que me había amarrado y la cama estaba llena de sangre, lo demás es historia cuando digo que estuve dos meses en recuperación por las lesiones que me ocasionó.”
Regresó a la Bella Airosa porque su madre fue por él dispuesta a salvarlo del alcohol, de las drogas y sin saberlo, de los recuerdos tormentosos de una noche, “intenté recuperarme en todos los sentidos, sí dejé de drogarme pero también aquí ejercí la prostitución, y cuando tenía 23 años caí en la que considero la depresión más fuerte de mi vida, tenía miedo de lo inevitable, me negué cuatro años a realizarme la prueba y decidí suicidarme, estaba en mi casa redactando una carta para pedir perdón a mi madre y en el preciso instante en que me iba a colgar tocaron a mi puerta unas personas hablando sobre Dios un domingo por la mañana, ellas me salvaron.”
Aún con el miedo de enfrentarse al diagnóstico de una enfermedad que le había arrebatado a muchas de sus amigas y luego de constantes padecimientos estomacales y pérdida considerable de peso, se realizó la prueba que lo diagnosticó como portador de VIH y en junio de 2005 inició el tratamiento que lo ha mantenido con vida hasta la actualidad.

Estigma, ignoranciay discriminación

Hoy, 8 de julio de 2018, Óscar tiene 18 años siendo portador del VIH con un tratamiento retroviral que ingiere cada 12 horas, con un precio aproximado de 17 mil pesos mensuales; 80 por ciento lo cubre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el 20 por ciento restante asociaciones mexicanas.
“Luego del diagnóstico me encerré en casa un año, lo primero que pensé es que yo era el siguiente en morir, hasta que inicié el tratamiento y entendí lo que muchos ignoran, que el VIH es el virus, con el cual puedes vivir bajo tratamiento, y que el Sida es la fase terminal. Decidí que mi historia fuera anónima porque vivimos estigma y discriminación; de todas las anécdotas, recuerdo perfectamente una en el hospital general porque las enfermeras se negaban a atenderme y la ignorancia mata, debemos estar informados y dejar a un lado los mitos sobre ese padecimiento.”
En Hidalgo son atendidas aproximadamente mil 200 personas que son portadoras del VIH mediante el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits), existe uno en cada estado. “Es importante que la población sea consciente que ejercer la sexualidad conlleva una gran responsabilidad; hace años era un padecimiento que la sociedad consideraba ‘de homosexuales’, pero he asistido a muchos congresos internacionales donde las estadísticas sostienen que cada 16 segundos una persona de entre 13 y 25 años es contagiada y en donde desafortunadamente la población más afectada son las jefas de familia.
“Desde hace años nos han prometido que ya existe una vacuna, pero los retrovirales son un gran negocio, así que sería bueno que hubiera retrovirales genéricos y que los laboratorios dejaran de lucrar con la enfermedad.”

Óscar piensa que la experiencia no se resume al bienestar personal y al trascender de la negación a la aceptación comparte su historia a quienes van iniciando, desarrolla una labor de preconsejería, “a mí ya no me gusta llamarle enfermedad porque mi vida ha seguido su curso desde hace años, tampoco me da miedo la muerte, más bien tengo miedo a una vida sin propósito. Debemos estar informados, hoy entiendo que no debe ser necesario padecer una enfermedad crónica para valorar la vida, es bueno saber que la salud no es una seguridad para nadie, pero el ser humano está dotado de fortalezas para enfrentar todos los obstáculos. Mientras más conscientes y sensibles seamos a esos temas vamos a poder ayudar a otros.”
Óscar tenía seis años cuando se enfrentó por primera vez a la discriminación, 24 cuando confirmó que era portador del VIH, el mismo virus que lo convirtió en un guerrero, en un ser humano inquebrantable que cada día informa, previene y sensibiliza a la misma sociedad que un día lo rechazó, por amor al prójimo y por gratitud a la vida, por eso su historia nos recuerda que tenemos espíritu pero necesitamos temple.

[ Lorena Piedad ]

El Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH y Sida (Censida) reveló en diciembre de 2017 que 4 mil 500 personas mueren al año por esa enfermedad, aproximadamente 12 mil se infectan cada año en este país, es decir, 33 por día; 76 mil personas están contagiadas y no lo saben. Sin embargo, más allá de las estadísticas y la indiferencia de la población, el VIH tiene rostros, sentimientos, nombres y apellidos que son parte de nuestra sociedad, aunque los moralistas lo nieguen, aunque la ignorancia los rechace desde tiempos inmemoriales

Decidí que mi historia fuera anónima porque vivimos estigma y discriminación, y la ignorancia mata; no me da miedo la muerte, más bien tengo miedo a una vida sin propósito

CLAVES

+Óscar tiene 18 años siendo portador del VIH

+En Hidalgo son atendidas mil 200 personas en el Capasits

+A nivel mundial, cada 16 segundos una persona es contagiada

+La población más afectada son las jefas de familia

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