Desde las dos entregas anteriores hemos tratado de sintetizar el capítulo “Origen de Pachuca y su vida durante el siglo XVI”del libro Isaac Piña Pérez. Obras (in)completas, el cual fue editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) a 50 años del fallecimiento de ese ilustre académico universitario.

En la anterior ocasión significamos el descubrimiento en 1551 de las primeras vetas en lo que hoy conocemos como Pachuca y que refieren a las minas Descubridora Vieja y La Ceciliana, localizadas en lo que actualmente es conocido como el Cerro de la Magdalena y el Cerro de San Cristóbal, respectivamente. Después de disponer de las autorizaciones, se procedió a la explotación de las minas.

En el relato de Isaac Piña Pérez, como hilo conductor del tiempo, se lleva al lector a descubrir datos, hechos y fechas; tan es así que como consecuencia natural de la actividad minera en 1553 inició la construcción de la parroquia bajo la advocación de la Santísima Virgen de la Asunción de los Cielos. El inmueble tenía un diseño arquitectónico funcional de una sola nave cubierto por tejamanil y paredes levantadas en adobe.

Otros datos que aporta el texto son los nombres comunes para identificar los cuatro reales próximos a Pachuca, que eran: Real de Abajo, que sería lo que hoy conocemos como el Río de las Avenidas; Real de Arriba, localizado en el Cerro de la Magdalena; Real del Monte y Real de Atotonilco.

Habría que recordar que los yacimientos mineros correspondían a la Corona española, que los cedía por medio de “mercedes” a particulares con la obligación de explotarlos y pagar el llamado “quinto del rey”, que equivaldría a la quinta parte de la producción de la mina. De ese dato, apunta Humboldt, la mina llamada El Jacal daba cada día una barra de plata para cubrir el quinto real y a partir de ese hecho podríamos imaginarnos la riqueza de las minas.

Otro dato importante que aborda Piña Pérez es el relativo al sistema de fundición, que consistía en someter los metales a elevadas temperaturas utilizando indiscriminadamente la madera de los árboles. Eso se realizó cuando dejaron de encontrarse a flor de superficie las vetas. El trabajo de los operarios indígenas consistía en llevar a la boca del tiro sacos de cuero atados en la espalda; la tarea fue ruda, pues tenían que ascender utilizando solo una mano y la otra portando una antorcha para guiarse en el camino. Los accidentes fueron numerosos, de ahí que más tarde, en 1725, se autorizara la construcción del hospital de San Juan de Dios, que tuvo como principal función atender a los indígenas accidentados.

Hacia 1555, en la Hacienda de la Purísima Concepción, Bartolomé de Medina descubrió el sistema de beneficio de patio o de amalgamación, que representó un aporte industrial en la Nueva España y que cambiaría radicalmente la metalurgia. Ese sistema duró más de tres siglos, hasta que apareció el sistema de cianuración.

Los cronistas de la época debaten sobre el origen y la fecha de nacimiento de Bartolomé de Medina, pero reconocen que el sistema de beneficio de patio se hacía sobre patios enlozados, a la intemperie o cubiertos, y consistía en la trituración del mineral hasta convertirlo en polvo a base de mazos de operarios o molinos movidos por agua o semovientes; el mineral pulverizado se dejaba en montones y se le incorporaba sal, y si era necesario, sulfato de cobre y óxido de hierro, y se utilizaba cal. El procedimiento podía durar entre una semana y tres meses. Después, los montones se enjuagaban en tinas que se agitaban para separar la plata del azogue por destilación en vasijas y posteriormente se fundía.

Sobre Bartolomé de Medina se rescataron datos interesantes, como el que renunciara a los derechos que tenía por el descubrimiento del sistema de beneficio de patio para entregarlo a la cofradía del Santísimo Sacramento y Caridad de la Ciudad de México, que lo aplicaba al Colegio de Niñas Huérfanas.

Lo que fuera parte de la Hacienda de la Purísima Concepción del siglo XVI, localizada en la ciudad de Pachuca de Soto y que muestra una etapa constructiva de la gran riqueza colonial que hubo en la hoy capital hidalguense, ahora se conserva con la intervención y la colaboración de los universitarios.

La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo adquirió ese inmueble histórico mediante la compra al Banco Mercantil del Norte en 2007. En ese momento, la hacienda adolecía de un deterioro que no permitía apreciar su grandiosa arquitectura. Nuestra casa de estudios recurrió a benefactores que se sumaron a un proyecto para financiar, adquirir, intervenir y revitalizar un espacio significativo para la memoria del estado.

A esas tareas de rescate se sumó en 2009 el Patronato de la Autónoma de Hidalgo, quien realizó gestiones para la obtención de recursos. Con esa acción, los universitarios coadyuvamos a fortalecer la identidad y la institución se ocupa de la cultura y asume el compromiso de conservar el patrimonio heredado de generaciones precedentes que tienen raíz e historia. En 2016, dicho espacio se convirtió en el Centro Cultural y Deportivo Real del Monte, patrimonio de la UAEH.

El capítulo “Origen de Pachuca y su vida durante el siglo XVI” concluye con datos de Pedro Romero de Terreros, conde de Regla. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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