El libro de la semana

Bajo el sello editorial universitario, el pasado 29 de abril, en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), fue presentada la primera parte de la obra Isaac Piña Pérez. Obras (in)completas, que, como citamos en la entrega anterior, contiene tres temas históricos: el primero, la erección del estado de Hidalgo; el segundo, el origen de Pachuca y su vida durante el siglo XVI; y el tercero, el confinamiento de Ocampo en Tulancingo.

En esta ocasión daremos cuenta del segundo tópico: el origen de Pachuca y su vida durante el siglo XVI. Ese documento permaneció muchos años en el anonimato a pesar de que la Academia Nacional de Historia y Geografía lo publicó en el boletín 53 del año 1969. Fue dedicado al estado de Hidalgo en el primer centenario de su erección como entidad federativa.

Ese trabajo, desarrollado con la seriedad del caso, contiene datos y fechas que permiten conocer los antecedentes más remotos de lo que hoy conocemos como Pachuca, capital de Hidalgo. Trataremos de hacer un resumen que permita al lector conservar en su memoria hechos históricos que el autor Isaac Piña Pérez deseó que fueran conocidos por el pueblo hidalguense.

El texto “Origen de Pachuca y su vida durante el siglo XVI” inicia con un romanticismo coloquial de aquella época en que se escribe, en 1969: “Adosada a la falda azul de la cadena montañosa que limita por el norte el azul y transparente Valle de México, agítase en la obscuridad de los siglos pretéritos proporcionando al mundo inmenso río de plata… Pachuca en justa recompensa debiera de corresponder a una ciudad de proverbial riqueza”.

Isaac Piña abunda sobre el término “Pachuca”, describiendo que es de origen náhuatl o mexicano, derivado del verbo “pachoa”, con distintos significados como apretar, gobernar, lo que da origen a numerosas interpretaciones; una de ellas: lugar estrecho o lugar de gobierno.

En el transcurso de la historia, el médico Antonio Peñafiel, originario de Atotonilco y profesor del Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios del Estado de Hidalgo (ILEAO), antecedente más remoto de la UAEH, citaba que la palabra estrecho corresponde a la topografía donde se asienta la población, que serían las laderas de las cañadas entre los cerros de San Cristóbal y La Magdalena. Abunda que esos términos los utilizaban los nahuas para tales parajes, tal es así que el glifo “Pachocan” está representado por un cerro atravesado por un arroyo o cañada.

Para su argumentación, el doctor Peñafiel exploró la historia tolteca-chichimeca y la reproducción del códice Anales de Quautinchán. El estudioso del siglo XVIII Baltasar de Medina afirmó que Pachuca significa lugar entre dos cerros que forman una cañada angosta. También en sus escritos, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl describió que los más antiguos pobladores de Pachuca pudieron ser los otomíes, sustentando su afirmación en que esa tribu vagaba por estas tierras y habitaba en cavernas, y se alimentaba con productos de la cacería.

En la investigación de Piña Pérez, “Origen de Pachuca y su vida durante el siglo XVI”, interpreta la pintura o mapa y la relación de Zempoala y su comarca, en la que se distingue Pachuca junto a figuras que representan una autoridad española, una indígena noble, una iglesia, un círculo, al parecer un arenal, y símbolos de la plata.

También describe figuras representativas del gobernante indígena Juan de Austria e interpreta el dominio azteca sobre Pachuca, ya que en los cerros que conocemos como Las Lajas y El Zopilote, cercanos a lo que se conoció como las haciendas de Coscotitlán y La Cadena, se localizaron vestigios piramidales y cerámica.

En el cuerpo del capítulo revela interesantes datos relacionados con los soldados de Hernán Cortés, quienes, ambiciosos por las riquezas, realizaron expediciones a los lugares donde tenían noticias de que existían minerales; se cita que una expedición al frente de Francisco Téllez, alias el Tuerto, se apoderó de una población indígena conocida como Pachoacan que, a decir de Isaac Piña Pérez, probablemente era de reciente creación, se dedicaba a la agricultura y crianza de ganado menor.

El 28 de marzo de 1527 aparece un acta expedida por el cabildo de la Ciudad de México, en la que se autoriza al citado Francisco Téllez usar un solar en la ciudad de Pachuca; más tarde aparecía el sistema de encomiendas a favor de soldados conquistadores en compensación a sus servicios. Habría que recordar que los encomenderos tenían la obligación de proteger y favorecer a los indígenas y su conversión al catolicismo. Pachuca fue encomendada al bachiller Pedro Soto Mayor, que, por cierto, era uno de los pocos conquistadores letrados.

En un boletín del Archivo General de la Nación de 1537 aparecen datos donde Antonio de la Cadena y doña Francisca de Soto Mayor celebran actos consentidos por el bachiller Pedro Soto Mayor en el pueblo de Pachuca.

Por los datos que se van generando en la lectura del documento puede determinarse que Pachuca, durante el primer tercio del siglo XVI, no solo vivía de las minas, sino también de la agricultura y el pastoreo de ovejas.

Una cita interesante fechada el 24 de agosto de 1569 es aquella que da la noticia de la primera iglesia construida en el pueblo de indios de Pachuca, que fue la de La Magdalena, con la advertencia de que ya tenía 35 años de fundada y que se sostenía de limosnas de los indígenas. Sobre el origen de la actividad minera de Pachuca se detalla que fue a finales del siglo XVII (1697), evidencia que se localiza en la Colección de documentos inéditos de América de Luis Torres de Mendoza, en la que se narra con precisión que el personaje Alfonso Rodríguez de Salgado, al estar pastando sus cabras en un paraje denominado Tlahuelilpan, descubrió a finales de 1551 varias vetas de mineral que registró en la Ciudad de México en 1552. Esas vetas obedecían al nombre “Descubridora vieja” y la “Ceciliana”, localizada la primera en lo que conocemos como el Cerro de la Magdalena y la segunda en el Cerro de San Cristóbal.

En la próxima entrega seguiremos dando cuenta de datos históricos que nos permitirán ir descubriendo y conociendo hechos que dieron origen a Pachuca. Destacamos la importancia de los trabajos de Piña Pérez que, aunque estuvieron un tanto ocultos durante mucho tiempo, hoy nos dan muestra de un estudio acucioso que seguramente fue consultado por algunas personas que los conocieron y se ilustraron en los datos que él aportó. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]D

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