Después de la Guerra de Conquista, la encomienda se implantó en territorio novohispano como una forma de retribuir a los españoles que habían participado en ella, con el fin de que gozaran de tributos tanto en especie como en trabajo. La encomienda de Metztitlán fue una de las más codiciadas debido a la riqueza natural que poseía –y aún posee– la región.

Desde un inicio, fue adjudicada a tres encomenderos, uno de ellos fue Andrés de Barrios (casado con Leonor Suárez de Pacheco), quien tomó posesión de parte de la encomienda en 1525. Isabel de Barrios fue la hija mayor de ese matrimonio y a la muerte de su padre le fueron encomendados los pueblos de Tenango, Quelzaltengo (que pertenecían a la provincia de Metztitlán) y la mitad de Metztitlán.

Isabel llegó a ser una mujer rica y a la vez sumamente cruel. Era común que los encomenderos y las encomenderas, como en su caso, abusaran de su poder para extraer tributos excesivos a la población indígena, es por eso que la Corona enviaba a visitadores reales encargados de moderar y tasar los tributos. El 30 de junio de 1553, el visitador real Diego Ramírez llegó a la provincia de Metztitlán y enseguida acusó a Isabel y a sus hermanas Leonor y María de cobrar 26 mil pesos más de tributos de los 40 mil que los indígenas estaban obligados a pagar al año.

A pesar de gozar de una de las encomiendas más ricas de la Nueva España, no podemos decir que Isabel de Barrios haya llevado una vida tranquila y sin contratiempos. El Santo Oficio de la Inquisición, que se estableció en la Nueva España en 1571, estigmatizó a Isabel de Barrios como “de sangre no limpia”, ya que su abuela materna María de Marcayda era de origen morisco, es decir, descendiente de judío o musulmán. Es de notar que aún después de tres generaciones, la familia de Isabel de Barrios seguía con la “mancha” de la abuela morisca.

En 1583, Isabel sufrió otro duro golpe. Su yerno, Alonso de Villanueva Cervantes, fue acusado de darle muerte a su mujer, Ana de Guevara, ya que la encontró en la cama con su amante Juan Vázquez de la Cadena. En el proceso Villanueva fue absuelto y puesto en libertad, mientras Isabel de Barrios alegaba que su hija no había cometido adulterio y que no merecía haber tenido una muerte “tan cruel y atroz”.

La sucesión de la encomienda de Metztitlán fue, además, causa de problemas. Juan Alonso de Sosa, nieto de Isabel de Barrios, se sentía con derechos de suceder en la encomienda, por ser hijo de Mariana de Guevara, hija mayor de Isabel. Su tío, Juan de Guevara, hijo primogénito de Isabel y quien sucedió en la encomienda, recibía de su madre una cantidad nada despreciable de 2 mil 500 pesos al año, pero al morir este, Juan Alonso de Sosa reclamó esa cantidad para sí, por estar pobre y necesitado y por no haber tenido ninguna herencia de sus padres y abuelos.

Isabel de Barrios pensó entrar en religión a la muerte de su primer marido Diego de Guevara en 1564, pero tenía muchos hijos que mantener conforme “a la calidad de sus personas”, por lo que decidió contraer nupcias de nuevo y pronto encontró en Diego de Guzmán, alcalde de México, otro aspirante para acceder a sus bienes. En 1611 Isabel de Barrios contaba con 80 años de edad.

Si quieres saber más sobre este tema consulta: Carmen Lorenzo Monterrubio. (2014). El lugar de la Luna. Metztitlán en el siglo XVI. México: UAEH.

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