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Ixmiquilpan: un paisaje en construcción

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En los catálogos de publicaciones de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) encontramos la investigación de Verenice Cipatli Ramírez Calva, profesora investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu), convertida en libro de formato de 18 por 21 centímetros. En sus 120 páginas, Ixmiquilpan: un paisaje en construcción. Procesos de cambio regional, siglos XVI-XVII encierra un cúmulo de información que obtuvo de archivos como el General de la Nación (AGN), el General del

Estado de Hidalgo (AGEH), el del Poder Judicial hidalguense, así como el del centro de documentación del Museo Nacional de Antropología e Historia: serie Hidalgo.
El lector encontrará en sus páginas datos relevantes sobre los ramos de abasto y panaderías, bienes nacionales, indios, mercedes, padrones, reales cédulas, tierras, vínculo y mayorazgo, así como información obtenida en las secciones de administración de justicia, protocolos, juicios civiles y criminales, además de medio centenar de autores que abordaron el tema de Ixmiquilpan entre los siglos XVI y XVII.

Sin duda, las fuentes que consultó y la metodología que utilizó la investigadora hacen de ese libro un referente para quien se adentra en la investigación de aquella región hidalguense. Esa edición, presentada en papel cultural, fue impresa en la editorial universitaria que administra el Patronato Universitario de la UAEH.

El libro contiene cuatro capítulos que se vuelcan sobre los temas de Ixmiquilpan y el señorío de Tula, nahuas, panes y otomíes, Mineral del Plomo Pobre, que son acompañados por cuadros en los que se describen señoríos, provincias tributarias, montos del tributo, encomenderos, minas y sus dueños en los siglos XVI y XVII, así como repartición y rutas comerciales.

En Ixmiquilpan y el señorío de Tula la autora retrata, desde una dinámica regional, el momento previo al contacto español e incursiona por regiones vecinas, lo que la lleva a ir más allá de la zona de estudio.

El primer enfoque parte de información histórica derivada de la organización política de la Triple Alianza, donde puede ubicar a Ixmiquilpan como una población del señorío de Tula y su acercamiento con los dominios territoriales de Tlacopan, que incluía ciudades como Tenochtitlán, Texcoco y el propio Tlacopan.

El estudio recurre a fuentes como el Códice de Osuna, que proporciona los primeros indicios de la posición de Ixmiquilpan. En este se distingue un glifo del lugar frente a la cabeza de un señor local sin insignia alguna, con una serie de probables gobernantes; en ese espacio se localiza Ixmiquilpan, que fue gobernado por un señor, lo que hace suponer que estaba insertado en la dinámica de Tula.

El análisis del Códice Mendocino, que han hecho varios autores, ha concluido en lo que denominan provincias tributarias, que en realidad eran unidades políticas, pero también puntos de recaudación del tributo.

Con respecto a los nahuas, pames y otomíes, la investigadora ilustra, entre otros aspectos sobre la vida de estos grupos, que se dedicaban a la cacería y a la recolección de productos característicos de los montes y llanos. Con respecto a las frutas más usadas, eran las tunas en distintas variedades, además del xoconostle como condimento; al árbol del mezquite le encontraron distintas cualidades, una de ellas el consumo de su vaina. Importante fue la cacería para estas etnias, que comían zorrillos, culebra, lirones, comadrejas, lagartijas, entre otros animales. En ese capítulo son interesantes los comentarios a un documento titulado El tratado de la guerra de los chichimecas, redactado alrededor de 1575, de la probable autoría de fray Guillermo de Santa María.

En la reconformación regional que se destaca en el tercer capítulo, la profesora universitaria se adentra en el estudio de la encomienda y de los asuntos de los encomenderos de la región de Ixmiquilpan y de Chilcuautla. En este último pueblo se registró la presencia de Juan de Ávila, quien poseía más de 2 mil cabezas de ganado menor. Se dice que con la encomienda fue posible sostener, por algún pueblo, un sistema de producción agrícola prehispánico, aunque el tributo no logró por lo menos impactar la forma y los productos que se aprovechan.

La localización de las minas y de los reales mineros en el siglo XVI ha provocado a los investigadores algunas confusiones, sin embargo, han coincidido al mencionar las minas de Santo Tomé y las reales de Santa María y San Juan. De estas se desconoce la ubicación de la primera; en cuanto a la segunda, se refiere a la de Santa María el Cardonal, localizada en lo que se conoce como el Santuario del Santo Cristo de Mapeté; y la última, a San Juan Bautista, hoy San Juanico, pues esos dos pueblos poseen iglesias del siglo XVI.

La apropiación de las minas en la Colonia podría hacerse en cuatro formas legales: el descubrimiento de una veta virgen; denuncia de una “cata”, es decir, una veta explotada; la de donación proveniente de un particular, luego de su posesión o descubrimiento; y la compra-venta. Se estima que en 1540 hicieron los primeros descubrimientos de las minas en Ixmiquilpan.

En el apartado de conclusiones, el lector encontrará la ubicación de Ixmiquilpan en una amplia franja multiétnica que permitió a su población establecer intercambios de distinta índole con grupos como los chichimecas, pames y otomíes. Durante el primer siglo de vida colonial la región sufrió una reconformación que se centró en la explotación minera; en cuanto a esta, aún falta mucho por indagar y la investigadora deja entrever la probabilidad de que otros fondos documentales encierren la magnitud de la explotación argentífera del primer siglo de vida colonial.

Leer y saber leer propicia que seamos mejores como individuos y como sociedad. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: editor@uaeh.edu.mx.

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