Cuando era una niña me encantaba “expropiar” a escondidas una revista que mi hermana Isabel compraba, Vanidades. Fue ahí donde memoricé una serie de reportajes dedicados a una mujer llamada Jacqueline Bouvier, a quien desde entonces admiré de verdad.
Durante su infancia fue muy consentida por su padre y disfrutó de una de sus grandes pasiones: montar a caballo. Fotos de ella que la delatan como una gran amazona, elegante con sus trajes de jineta, enredando sus cabellos al viento mientras cabalgaba por valles y colinas.
Ya adolescente tomó una decisión que me une más a ella: quiso ser periodista. Entrevistaba y tomaba fotos a los personajes que interrogaba con preguntas ingenuas, con humor inteligente, provocadora y serena. Se llamaba a sí misma fotógrafa indagadora. En ese contexto conocerá a John F Kennedy; se casaron en septiembre de 1953.
Y se convierte en una primera dama inolvidable para su país pero también para el mundo. Elegante, transformó por completo la decoración de la Casa Blanca. Impecable en su vestir, impuso moda. Inteligente, abrió al público la mansión presidencial para recuperar nombres y momentos históricos. Hablaba varios idiomas, entre ellos el español. Nadie olvida cuando vino a México y dijo unas palabras en nuestro idioma a la gente que los recibió. Se ganó la simpatía de cada persona a tal grado que el mismo presidente de Estados Unidos declaró: “Fui el hombre que acompañó a Jackie a México”.
Tuvo muchos problemas para poder tener hijos, algunos abortos la deprimieron pero finalmente logró dar a luz a Caroline y John junior. Toleró con verdadera dignidad las infidelidades de su esposo, quien vivió muchos romances extramatrimoniales, entre los más conocidos el que tuvo con Marilyn Monroe. Pero Jackie nunca perdió el estilo, incluso cuando el símbolo sexual de Hollywood murió, le pidieron su opinión y ella dijo: “Siempre será una estrella que brillará en el firmamento artístico”.
Su vida dio un giro total cuando el 22 de noviembre de 1963 su marido fue asesinado en la ciudad de Dallas. Nunca como en ese momento la admiré más. Ese traje Chanel rosa que la hacía ver tan hermosa, después manchado de sangre del hombre que amaba. Su esposo murió en sus brazos. El balazo en la cabeza lo hizo caer sobre ella. Jackie intentó escapar de esa realidad, negar el momento y pese a que el auto estaba en movimiento se subió a la parte trasera del coche presidencial y un guardaespaldas la obligó a regresar a su asiento. Mostró una templanza admirable y organizó el funeral de su esposo. La foto de ella vestida de negro y su pequeño hijo –que hace el saludo militar cuando pasa el féretro de su padre frente a ellos– dieron la vuelta al mundo. Fue una viuda joven y causó un gran escándalo cuando se casó con el multimillonario griego Aristóteles Onássis. Pese a todo no dejó de brillar en los escenarios públicos. Se dedicó a ser editora de libros. Siempre elegante. Siempre talentosa. Jacqueline murió en 1994, a los 65 años. Una mujer inolvidable.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.