El ser humano por naturaleza nace, crece y se reproduce, pero ¿analiza cómo es este proceso? ¿Tiene conocimiento de todos los procesos o etapas por las que pasa para que estos acontecimientos se realicen? ¿Conoce de dónde provienen algunos alimentos para ese crecimiento y reproducción? El poder identificar las propiedades de algunas sustancias en la vida cotidiana es algo accesible en la actualidad, pero todo esto tiene un nombre y una razón, que es la ciencia.

Saber que la luz, el cloro, la sal que usamos en la comida, las pilas, los productos de belleza, la fabricación de colores artificiales, la naturaleza del iris en la luz del Sol, y así pudiera continuar un eterno listado donde experimentamos la nobleza de la ciencia en nuestra vida diaria. Saber cómo funciona el poder que tiene y más aún la ayuda que nos ofrece para poder manipularla, conviviendo con ella, saber incluso que al mezclar determinados productos podemos hacer ciencia.

El día de hoy es tan natural y a la vez un poco complicado imaginar que el oxígeno que respiramos a diario también lo es, aunque sea una frase muy especializada o complicada de entender. Conocer a la ciencia fue complicado, pero su difusión y entendimiento en general fue un verdadero reto.

Hasta que surgió una mujer interesada en todos esos detalles llamada Jane Haldimand Marcet, quien analizó los conocimientos científicos que por mucho tiempo habían sido considerados como exclusivos de los estudiosos en la materia.

Su historia comenzó en 1769, el mundo la recibió con las bellezas naturales de Londres, en el seno de una familia suiza por parte de su padre e inglesa por parte de su madre, quienes por la posición económica en la que se encontraban le previeron una educación privada, con fomento en la filosofía y la física. Con 15 años sufrió la pérdida de su madre, lo que la posicionó como cuidadora y responsable de sus cinco hermanos menores; por otra parte, la muerte de su madre le abrió la posibilidad de entablar conversaciones con los clientes de su padre, hombres conocedores de temas que a las mujeres de su época les tenían restringidos (González, 2014).

Viajó a Italia con apenas 17 años, donde descubrió su pasión por el dibujo. El tiempo siguió su curso, ella continuaba apoyando a su padre y es ahí donde conoció a Alexader Marcet, un joven estudioso de la medicina y físico de un colegio de Londres, quien se centró en estudiar los problemas urinarios; conferencista, cofundador de la Real Sociedad de Medicina y quien más tarde se convirtió en el esposo de Jane Haldimand.

Es a través de su esposo que Jane se acercó a la universidad, a las mentes brillantes de la época, anexando, claro, sus bases educativas, su inquietud y creatividad, que dan como resultado a la mujer que pondría a la química a la mano de las amas de casa. Las teorías que se presentaban en la Royal Institution y el apoyo que su esposo le brindó fueron los ingredientes que dieron vida a la autora de Conversations on chemistry, bajo la edición de John Yelloy, quien además era físico, y allí surge una primera versión de ese libro en 1806 (González, 2014).

Fue conocido como un libro de divulgación pensado para mujeres, pero que ayudó a jóvenes que comenzaban su camino en la química. Como su nombre lo decía, la dinámica del libro era a través de conversaciones en las que se hacía un intercambio de los temas a abordar, en una exposición de lo más relevante y con fines prácticos.

El libro fue sometido a modificaciones y revisiones por la misma Jane, donde fue incluyendo descubrimientos nuevos en la época y algunos experimentos sencillos que había llevado a cabo. Incluyó ilustraciones echas por la misma autora.

Un dato muy interesante de este libro es la influencia en la educación de Michael Faraday, importante científico británico, que realiza la teoría del electromagnetismo y que más tarde incluiría en el libro, sometiéndolo a reedición. Posteriormente, Faraday la reconoce como su maestra (Otras voces en educación, 2018).

Pero no quedó ahí, el libro sobrepasó fronteras, llegó a París, Ginebra, Alemania y Estados Unidos. Cabe resaltar que la autora se mantuvo en anonimato hasta 1837, salvo en Estados Unidos, donde el libro tuvo una excelente venta con ediciones sobre el trabajo original, suprimiendo elementos que hacían del libro de Jane parte de su esencia, cambiando la intención del libro, amplificando el público a hombres y mujeres, agregando en esa edición un sistema de preguntas, diccionario de términos, guías de experimentos y comentarios, entre otras actividades, que el libro original no tenía, incluyendo la promoción que hacían a Robert Hare y Benjamin Franklin, que Jane no contemplaba (Martínez, 2018).

Y el caso no terminó ahí, su libro sufrió un plagio por un profesor de química del departamento de medicina del Columbian College en Washington, donde modificó el texto y mencionó a Jane Marcet como autora únicamente de la portada; el libro salió al mercado con el nombre de Conversaciones de química de Thomas P. Los editores del libro terminaron recibiendo las ganancias por las modificaciones que hicieron y la omisión a Jane Marcet como autora.

Tristemente, la ley de los derechos de autor para extranjeros en Estados Unidos llegó 40 años después de la muerte de nuestra protagonista, lo que evitó que recibiera un solo peso de su trabajo o pudiera hacer algo al respecto de las modificaciones que sufrió su libro en dicho país (González, 2014).

Aun así, a raíz del éxito del libro en Norteamérica, surgieron varios similares que fomentaban el estudio en la ciencia, motivando a todo tipo de público, desde jóvenes hasta una versión exclusiva para hombres, bajo un título similar.

Ese fue el primer libro de una amplia colección que acompañan: Conversations on political economy, Conversations on natural philosophical, Conversations on evidences of chritianity, Conversations on vegetable physiology y Conversations on the history of England. Y cierra su última página en 1858 (González, 2014).

Reconocimiento al ingenio de Jane Marcet por un trabajo que al día de hoy se sigue utilizando, pues a partir de entonces es que la educación abre las puertas al público en general, si la imprenta nos dio las herramientas para la difusión, Jane Marcet trajo a la edición de libros toda una estrategia que al día de hoy sigue siendo implementada en los libros de texto de las escuelas de niveles básicos en cualquier materia (Martínez, 2018). Hacer mención una vez más que algunos hombres han sobresalido, como en esta ocasión, gracias a una talentosa mujer que durante su vida se dedicó al estudio de la ciencia.

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