El Jardín de Dulce María Loynaz y Zaida Capote

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Josefina Hernández Tellez

En nuestro país poco sabemos de la poeta y escritora cubana Dulce María Loynaz, mujer virtuosa que nació en 1902 y murió en 1997. Fue miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en Cuba (1951), la nombraron Hija Adoptiva por el ayuntamiento de Puerto de la Cruz (Canarias) e ingresó a la Academia Cubana y a la Real Academia Española. Escribió poesía desde los 16 años y novela desde la década de 1960. Acogió en su casa de La Habana a intelectuales y artistas de la talla de Federico García Lorca, Gabriela Mistral y Alejo Carpentier, entre otros.
Dulce María Loynaz es una poeta y novelista destacada del siglo pasado, de Cuba, del continente y de las letras. Zaida Capote, cubana y especialista en estudios de la mujer, además de literata también realizó una edición crítica de la novela Jardín; con temor, pero con entusiasmo y respeto se dio a la tarea de analizar esa emblemática obra y en sus avatares nos reveló el camino sinuoso de esa tarea que reivindica la memoria y obra de la artista: “¿Cómo enfrentar un texto como Jardín? ¿Quién necesita una edición crítica? ¿Qué clase de edición crítica? La verdad, aún no sabía cómo ni quién ni qué cuando decidí ocuparme de la novela. Todo lo que tenía entonces eran dudas. Hacía mucho soñaba con hacer una edición crítica o cuando menos anotada; pero los manuscritos de la novela habían sido donados por Dulce María Loynaz a Aldo Martínez Malo para el Centro Hermanos Loynaz de Pinar del Río. Y el mítico celo de Aldo con aquellos papeles, que gustaba de mostrar a la luz de una vela, misteriosamente, mientras leía algún fragmento ante los azorados ojos de sus invitados, parecía eternizar mi sueño. La primera vez que leí, a instancias de Enrique Saínz, la novela de Dulce María Loynaz no podía sospechar que alguna vez aquel sueño dejaría de ser una ilusión eterna.”
La virtud de la lectura crítica de Zaida Capote es su pasión y reverencia por su ancestra, pero también el haberse hallado frente a los manuscritos originales que dan mayor luz sobre la personalidad de la artista pero también sobre su singularidad: “Leer Jardín en sus manuscritos, asistir al acto mismo de escritura, con sus dudas y sus alumbramientos, es una experiencia singular. Sobre todo, porque los documentos nos hacen dudar de su importancia. Como quienes lo supieron antes contaban una y otra vez, la novela está efectivamente escrita en varios cuadernos escolares, la mayor parte de las páginas a lápiz y, aunque el texto se veía bastante limpio, no faltaban correcciones superpuestas o trozos de papel pegados sobre la hoja con el fragmento corregido en limpio e, incluso, ciertos casos de incertidumbre en que convivían varias palabras entre las cuales la autora no terminaba de elegir su favorita. La aventura de Jardín, vista de cerca, ofrecía más; en las primeras libretas, donde aparecían capítulos dispersos o fragmentos, también había datos de vida cotidiana, como el mínimo bosquejo de un plano con habitaciones separadas para las hermanas Loynaz; el registro de una dirección en Roma; copia de otros documentos (el código civil o la vida de San Jerónimo); dibujos de Bárbara y hasta el borrador de una carta a Ofelia Rodríguez Acosta o una epístola en verso para Enrique Loynaz, alias Chachito, que su hermana Dulce María al parecer le envió desde Europa. La idea de que esos cuadernos habían acompañado a una joven poetisa trashumante los dotaba de un aura de cosa sacra, de reliquia del pasado, que impresionaba a quien, como yo, no esperaba algo así (para ser sincera, todavía no sé lo que esperaba).”
(https://asambleafeminista.wordpress.com/2017/06/20/jardin-una-experiencia-critica/)
El desenlace de este proceso analítico para Zaida fue la experiencia y conocimiento,
para ella fue presenciar la creación a través de originales llenos de anotaciones, reflexiones, señalamientos y hasta dudas. Al final concluye de la obra: “Jardín es una novela compleja, y su anécdota, escudada en la reticencia de lo mínimo, parece eludir claras referencias históricas; sin embargo, hay ahí no solo múltiples registros de época o de otras obras literarias, sino el testimonio de las opiniones de Loynaz, de su existencia en aquel mundo. Vista en sus manuscritos, la novela se antoja concienzuda labor de taracea, expresión cabal de una dedicación intensa al trabajo intelectual, y nos confirma que su autora no fue solo inspirada poetisa, sino arquitecta de un texto cuya modernidad puede parangonarse —no solo sin sonrojo sino incluso con mérito— con sus contemporáneas.”
Cabe resaltar que Dulce María Loynaz, además, recibió el Premio Miguel de Cervantes en 1992 y en 1993 le concedieron la Orden Isabel La Católica y el Premio Federico García Lorca.
Una prueba de su talento es el poema Tiempo, que nos invita a visitarla, conocerla y disfrutar su obra:
1
El beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro…
¡Quién lo pudiera tornar
—y en tu boca…—otra vez beso!

2
Quién pudiera como el río
ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre
y ser siempre el río fresco…

3
Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj…
¡Me quedé fuera del tiempo!…

4
Tarde, pronto, ayer perdido…
mañana inlogrado, incierto
hoy… ¡Medidas que no pueden
fijar, sujetar un beso!…

5
Un kilómetro de luz,
un gramo de pensamiento…
(De noche el reloj que late
es el corazón del tiempo…)

6
Voy a medirme el amor
con una cinta de acero:
Una punta en la montaña
La otra… ¡clávala en el viento!

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.