+“No sé lo que hice…”
+Urik se entregó a la fiscalía La llamaremos Verónica, para proteger su verdadera identidad. ha enamorado de Diego Urik Mañón Melgoza, de 18 años de edad, cumplidos el 2 de enero pasado. Los embrujos del amor juvenil la ciegan. Corazón de mujer. Pronto los abusos llegan. Y una tarde, la encierra por la fuerza dentro de la cajuela de su auto y le da vueltas por la ciudad para que ella sepa quién es el que manda.

La demostración de poder le gusta a Diego, nacido en Morelia. Repite violencia con otra chica. La somete, colocándole una navaja en el cuello. Fueron los vaticinios de la tragedia mayor.

Otra jovencita asegura que a Diego le gustaba tener relaciones violentas.

Así vivía Diego Urik. Alto –1.80 metros–, fuerte, jugador de futbol americano, bien parecido.

Junior con dinero que vivía en Altozano, zona donde se asientan los fraccionamientos de los ricos de Morelia, en la parte alta y boscosa de la zona sur de la capital. Mirrey, les dicen.

Diego transitaba entre el futbol americano, el estudio, los amigos, la fiesta, y la violencia.

Jugaba en los Borregos Salvajes del Tec de Monterrey. Joven de familia disfuncional.

Sus padres divorciados. Su madre se volvió a casar con un hombre adinerado. Empresario.

En lo económico, Diego no tenía ninguna carencia. En lo emocional, allí está su breve historia.

Hace un par de años –todavía menor de edad–, Diego Urik conoció en un baile –un toquín–, a Jessica González Villaseñor, entonces de 19 años. Futura profesora, hija de familia trabajadora que se dedica al negocio de venta de pollos. “Pollos estilo Sinaloa”, es el eslogan del negocio familiar. Y ambos se flecharon.

De acuerdo a información de la carpeta de investigación del caso, cuyos detalles fueron revelados por el Ministerio Público durante la audiencia celebrada el jueves primero de octubre y que fueron conocidos por esta columna, Jessica le confesó a sus amigas que su primera relación íntima fue, precisamente, con Diego.

Con base en lo declarado por amigas cercanas a Jessica y que por razones de seguridad personal se omiten identidades, su historia fue así: Tras conocerse, Jessica y Diego comenzaron a salir y a tener relaciones. Algunas ocasiones, según se los comentó Jessica, en casa del estudiante, y una más en un hotel.

Diego ocultaba a su madre la relación que mantenía con Jessica (tal vez por la desigualdad de clase social). Sin embargo, la chica también era reprendida por sus padres a quienes Diego no les inspiraba confianza. No lo querían para su hija.

Por eso, el día de su desaparición, Jessica dijo en su casa que iba a ir con una amiga cuando, en realidad, tenía otra cita con Diego Urik.

La relación de Jessica y Diego era consensuada, según relatan las amigas de la maestra.

Jessica estaba enamorada de Diego, a quien le pedía formalizar su relación. Él se resistía, lo cual causaba molestia en la chica.

“¡Tú eres mi puta!”, le llegó a espetar Diego, según narró una de las amigas y contado en su momento por la propia Jessica.

Llegó el lunes 21 de septiembre cuando, a las 17 horas, Diego Urik, en su auto marca Polo, recogió a Jessica. “Voy con Renata”, dijo ella en casa.

Transcurrieron las horas y no aparecía, lo cual causó extrañeza entre su familia. Sus padres.

Su hermano Cristo. Jessica no era una chica irresponsable ni acostumbraba faltar a su casa. Su celular enmudeció.

Entonces se le llamó a la amiga con la cual Jessica, supuestamente, había quedado de verse.

“No la he visto desde hace varios días”, fue la respuesta de Renata. La preocupación aumentó.

Otra amiga les dijo que Jessica había salido también con el dueño de un Uber, a quien se pudo localizar. Acompañado de un abogado y sin ninguna resistencia, declaró y pudo comprobar que la tarde del lunes 21 de septiembre estuvo trabajando y en ningún momento vio a Jessica.

Pero otra amiga confió a la familia que Jessica le había dicho que esa tarde vería a Diego Urik. Lo llamaron.

“Sí, la vi, pero la dejé cerca de su casa a es o de las seis y media de la tarde…”, respondió.

Al discurrir las horas, se presentó la denuncia sobre la desaparición de Jessica González Villaseñor. Su hermano comenzó a mover las redes sociales para dar la alerta y asegurar, sin ninguna duda, que el último que había visto a Jessica había sido Diego Urik Mañón.

Cuatro días después de haber desaparecido, el cadáver de Jessica fue localizado en la zona boscosa de Altozano. No tenía pantalón y la blusa estaba arriba de sus pechos. Tenía semen en su zona vaginal, que está siendo analizado para determinar si le corresponde a Diego Urik.

El presunto asesino desapareció desde el viernes 25 de septiembre.

“Es que no sé lo que hice… No te quiero involucrar”, confesó Diego a su amiga Hanna, quien, de acuerdo a lo divulgado en la audiencia por el MP, fue testigo de cómo él se deshizo de algunas pertenencias de Jessica.

El miércoles 30 de septiembre, nueve días después de la desaparición de Jessica, Diego fue detenido en un hotel de tres estrellas en Cihuatlán, Jalisco. Al parecer, se encontraba solo. Según el fiscal general de Michoacán Adrián López Solís la captura fue gracias a la labor policiaca realizada.

Empero, abogados cercanos al caso confiaron que, en realidad, Diego Erik Mañón se entregó de manera voluntaria, tras establecerse un acuerdo con su familia. La defensa busca que el delito se juzgue como homicidio, pero no como feminicidio.

Según relata uno de los amigos de Diego a quienes pidió ayuda para deshacerse del cadáver, él tenía rasguños en los brazos y en los hombros.

Diego fue vinculado a proceso.

El MP pidió al juez un plazo de cuatro meses para realizar la investigación.

El plazo fue concedido.

En México, durante 2019, fueron asesinadas alrededor de 4 mil mujeres. En lo que va del 2020: 645. Las marchas y protestas públicas ante la pasividad del gobierno federal, cada vez son más fuertes y enérgicas.

“Manipulan el tema (de feminicidios) para perjudicarnos… Que no nos pinten las puertas, ni las paredes… No estoy de acuerdo con lo que le hicieron a la fotografía de Madero…”, ha sido la respuesta timorata e insensible de López Obrador.

Morelia se incendió por el asesinato de Jessica. La presión pública ha ido en aumento. En este caso, sí cayó su verdugo.

Es Jessica. Y es Yesenia. Alondra. Isabel. Ingrid. Fátima. Carolina. Susana. Danna. Fernanda. Xitlali. Y así…

(Para escribir esta columna, colaboró el periodista Miguel García Tinoco, director de NotiVideo en Morelia).

Twitter: @_martinmoreno
Facebook: /Martin Moreno
[email protected]

Texto extraído de www.sinembargo.mx

Comentarios