Jesús Becerril, el hombre y el pintor

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Dentro de las recientes ediciones inscritas al catálogo de publicaciones de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) se encuentra el libro Jesús Becerril, el hombre y el pintor de la autoría e investigación de Manuel Alberto Morales Damián.
En la obra editorial también participaron Jesús Rodríguez Guerrero, especialista en abordar los valores en la educación; Jorge Martínez Escorcia, reconocido médico pachuqueño y estudioso de los movimientos familiares católicos; y Pedro Arandadíaz Muñoz, quien fuera obispo de Tulancingo; todos ellos amigos entrañables de Jesús Becerril (1926-2003).
El texto da cuenta de un hidalguense que fue pintor y autor de la obra mural cívica y religiosa que puede ser visitada en Pachuca.
A decir del autor del libro, la obra artística de Becerril refleja las preocupaciones de la sociedad pachuqueña de la segunda mitad del siglo XX, intereses políticos y religiosos, sociales y espirituales que animaron gran parte de la pintura de Chucho Becerril, como cariñosamente lo llamaron sus amigos, que por cierto tuvo muchos.
En el prólogo de Jesús Becerril, el hombre y el pintor se describe la construcción del trabajo a partir del archivo familiar de la familia Becerril, visitas a Tulancingo, El Arenal y a Necaxa, estado de Puebla, donde permanecen escenas con mensajes cristianos o valores morales, con brillantes acrílicos, que el artista formó en templos y edificios públicos.
El libro, divido en tres grandes apartados, contiene en su primer capítulo el tema “El arte de vivir”, en el que a manera coloquial el pintor narró el significado del nacer para morir y morir para vivir, a través de experiencias que tuvo como torero y su participación en las corridas de toros.
Su niñez la sitúa a lado de su padre don Andrés Becerril Barrera, quien fuera comerciante y servidor público en la región de Actopan. En esa época Jesús Becerril convivió con sus hermanos Francisco, Carlos, Ana María y María de los Ángeles Cecilia; más tarde, en 1953, contrajo matrimonio con Cecilia Benítez Mejía, con quien procreó a cinco hijos: Jesús, Patricia, Cecilia, Andrés y Ana María.
Jesús Becerril no estudió formalmente para ser pintor, aunque alguna vez tomó clases en la Academia de Bellas Artes. Nuestro personaje se formó a sí mismo como un artista autodidacta y emprendió su propia educación pictórica a través de la lectura y la constante asistencia a exposiciones.
En 1955, radicado en Ixmiquilpan, se dedicó a la pintura de caballete. En 1958 decidió establecer su residencia en Pachuca, donde inició la realización de murales; el primero de ellos lleva el nombre de Ideología y actualmente se ubica en el edificio de la Casa de la Mujer Hidalguense. Le siguieron los murales Historia del teatro y Danza en México, inicialmente colocados en el teatro Efrén Rebolledo y más tarde ubicados en el teatro Hidalgo.
La UAEH recibió en 1961 la primera exposición plástica en la que expuso retratos, marinas, paisajes de su obra para el deportivo Pachuca. Pronto su obra se difundió entre los amantes del arte en la capital hidalguense y le fue solicitada la elaboración de retratos familiares.
Parte de la obra de ese autor hidalguense, conocida a nivel nacional, fue la que realizó para las empresas Galas de México, Estampa, Lito-Jalisco y H Steelle, que en su momento se dedicó a difundir en sus talleres gráficos las ilustraciones impresas en litografías del pintor, que aparecieron en calendarios de aquella época y daban cuenta de la entidad nacional posrevolucionaria.
Por citar algunas obras recordamos Tenochtitlán, Princesa india, Iztaccíhuatl, Vendedora de frutas, Ojos verdes, Virgencita, Xochimilco y Buenos hermanos; en fin, marcó un estilo pictórico llevado a los calendarios.
También, el retrato marcó una época y un estilo que ahora puede ser admirado en los cuadros de los gobernadores de Hidalgo, localizados en las oficinas centrales, o en las representaciones de los directores de los institutos Literario y Escuela de Artes y Oficios, Científico y Literario, Científico y Literario Autónomo y los rectores de la Autónoma de Hidalgo.
Dentro de los murales cívicos destacan Carta de derechos y deberes económicos de los estados, localizado en el palacio de gobierno; Las artesanías hidalguenses, en lo que fuera la Casa de Artesanías; el mural del Centro de Educación Regional Benito Juárez y el de la presidencia municipal de El Arenal.
Entre sus pinturas religiosas plasmadas en murales puede documentarse la de la parroquia de la Asunción, la capilla de la Ciudad de los Niños, la iglesia del Buen Pastor, la parroquia del Espíritu Santo, la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en El Chacón, la del Seminario Mayor de Tulancingo y lo que consideró Becerril su obra maestra: el viacrucis de la iglesia de Necaxa.
El texto concluye con palabras de elogio y reconocimiento a su obra por parte de Pedro Arandadíaz, arzobispo emérito de Tulancingo, quien manifestó: “Mi entrañable Chucho sin duda fue un creyente, respetuoso de la libertad de los demás, nunca ocultó su propia fe, sino que la testimonió de muchísimas maneras… Becerril muchas veces empuñaba el pincel para expresar esa fe que llevaba en su corazón”.
La publicación puede consultarse en las bibliotecas de la UAEH y en la librería Carácter de Ciudad del Conocimiento. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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