Lol Canul

Psicóloga social

Esta semana ha dado la vuelta por redes sociales una noticia que es por demás pretexto para la discusión sobre el impacto que tenemos los seres humanos sobre el planeta.
Fue un comunicado de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) el que desencadenó una serie de reacciones sobre la jirafa como parte de la lista de especies en peligro de extinción, que se coloca en esta posición de vulnerabilidad debido al tamaño de su población que, según dicha institución, ha disminuido alrededor de 40 por ciento.
La lista roja de especies amenazadas de la UICN se trata de un inventario mundial que evalúa cerca de 90 mil especies de flora y fauna y permite alertar al respecto del estado de la biodiversidad mundial para orientar las decisiones y acciones de conservación. Aunque hay que aclarar que la unión comunicó desde diciembre de 2016 la nota, es de notar que una de las causas mencionadas es el crecimiento demográfico humano. Noticias como esta nos permiten percatarnos de la magnitud del problema que como conjunto somos para las especies con las que cohabitamos.
Aquí hay muchas cartas por poner sobre la mesa, pues, según parece, pieza esencial en este asunto de la jirafa es que su hábitat ha sido ocupado, valga decir, ha sido legalmente gentrificado, pero no solo entre el desarrollo de casas para las poblaciones humanas, los conflictos civiles y la caza ilegal son parte del problema. La explotación de esta especie en safaris, zoológicos y circos como diversión es otro asunto que alimenta el problema. Por supuesto que hay estructuras de poder económico y político que bien podrían cuestionarse, entre lo que está el uso de suelos.
Habría que evaluar y cuestionar qué acciones se han tomado por parte de los gobiernos desde la emisión de esa lista hasta hoy en día, pero en el ejercicio de la ciudadanía también se debe hacer un voto por la participación activa en los problemas ambientales.
Según la Organización Panamericana de la Salud, bajo el concepto de desarrollo sostenible se estipula que las generaciones actuales deben procurar que su estilo de vida no represente una amenaza para las posibilidades y recursos que necesitarán las generaciones futuras para su desarrollo pleno. Es nuestra responsabilidad poner especial atención a la explotación de recursos y producción de residuos que estamos generando porque claro, entre más seamos en el mundo, mayor será nuestro impacto en estos rubros.
El ejemplo de la jirafa es muy claro, su actual riesgo no se debe a la naturaleza sino a las condiciones que las personas generan en su medio; sírvanos que sea el mamífero más alto del mundo para elevar nuestra perspectiva de la huella que esta especie humana está dejando sobre el planeta.

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