En este mundo maravilloso en el cual vivimos, que no ha sucedido y sigue sucediendo, el ser humano desde que aparece siempre ha sido cambiante, nunca estático; sus pensamientos son diferentes entre sí, y, algo muy importante que tiene, es esa inquietud constante de obtener poder, no importando dónde ni cuándo. ¿Existirá alguna persona en el planeta que no aspire tener el poder? Recordando al gran filósofo Aristóteles, quien refiriéndose al hombre dice que ese es un “zoon politikón”, dándonos a conocer su significado y, es precisamente un “animal social”, o mejor dicho “animal político”, refiriéndose al ser humano en sociedad, quien a diferencia de los animales, ese tiene la capacidad natural de relacionarse políticamente, o más específicamente, es quien crea sociedades y organiza la vida en ciudades-Estado.

Haciendo referencia al tema del poder, surge un problema bélico precisamente por obtener un poder general y autoritario del mundo, sin importar la cantidad de vidas que se perdieron en ello; lo que deseaban las personas que intervinieron era el poder total y absoluto para ser dueños del planeta y gobernar libremente, ese problema fue la segunda Guerra Mundial.

Problema bélico que sucedió entre 1939 y 1945. “Ese conflicto fue el más mortífero de la historia de la humanidad, con más de 60 millones de víctimas mortales, lo cual supone aproximadamente 3 por ciento de la población existente en 1939 (2 mil millones de personas)” (GMT, 2015). A esas cantidades habría que sumar las víctimas de las que no hubo registro. Durante ese periodo beligerante se desarrollaron miles de invenciones debido a las dificultades y necesidades presentadas en esos momentos de crisis. Las víctimas hacían todo lo humanamente posible para protegerse, comunicarse y alimentarse; hubo personas que pensaban en todas esas necesidades y la importancia de ayudar. Surgieron muchos científicos y personas que por voluntad investigaban acerca de curas contra las enfermedades, creando utensilios, vehículos y herramientas de defensa; así como guaridas, albergues, aparatos y señales para comunicarse.

Esas acciones fueron el resultado de la unión en momentos de desesperación; ejemplo de ello es el de Joan Elisabeth Lowther Clarke, gran mujer dedicada al estudio de las matemáticas; ella desarrolló técnicas y métodos para acelerar el descifrado de mensajes secretos que transmitían los alemanes en esta guerra mundial, el trabajo de las mujeres fue igual de valioso que el de los hombres. “Sin su trabajo y el del resto de los especialistas, la guerra podría haber tenido otro desenlace” (Jaimovich, 2018). En ese tiempo, no fue tratada de la misma forma que los hombres; alrededor de 8 mil mujeres trabajaron solo con funciones de asistentes, secretarias u operadoras. Joan Clarke no fue la primera ni última en no ser reconocida por sus aportaciones, pero sin pensar en ello, tenía fuerza y valentía. Joan Elisabeth Lowther Clarke nació el 24 de junio de 1917 en West Norwood, Inglaterra. Su madre fue Dorothy Elisabeth Clarke y su padre William Lowther Clarke, la pequeña de la familia que formó ese matrimonio.

Sus estudios fueron en Dulwich High School, secundaria para niñas ubicada en el sur de Londres. Joan fue caracterizada por el gusto al estudio, su dedicación y buenas calificaciones le trajeron como resultado la oportunidad de ser acreedora a una beca de estudio en la universidad Newnham College Cambridge en 1936. Años después logró la doble titulación en matemáticas, aunque la universidad no le entregó un título oficial debido a que en ese tiempo solo los hombres eran acreedores a los beneficios de esa documentación. Sus oportunidades no dependían de un título, su brillante capacidad notada por compañeros y docentes y principalmente por su profesor de geometría Gordon Welchman, quien en 1940 la invitó a formar parte del equipo de la Escuela Gubernamental de Código y Cifrado, ubicada en Bletchley Park, ahí se encargaban de realizar investigaciones para descifrar las funciones de la máquina Enigma, que era utilizada por los alemanes para comunicarse con códigos secretos durante la segunda Guerra Mundial.

“En un comienzo fue parte del grupo denominado Las Niñas, allí había mujeres haciendo trabajos de asistencia y soporte para los hombres” (Jaimovich, 2018). Más tarde, Joan Clarke fue ascendida al departamento Hut 8, manteniendo relación de amistad con su nuevo jefe, el matemático Alan Turing. “Incluso llegaron a comprometerse en 1941 pero al poco tiempo, luego de que Turing le confesara que tenía inclinaciones homosexuales, rompieron el vínculo como pareja pero mantuvieron la amistad” (Jaimovich, 2018). Sus días fueron más largos y difíciles ya que descifrar esos códigos era muy complicado, porque no existían avances tecnológicos para la investigación como hoy. Joan, única mujer en ser parte de Hut 8 y de las investigaciones secretas. La máquina electromagnética fue inventada por el ingeniero alemán Arthur Scherbius, “contaba con un sistema de mecanismo de cifrado rotatorio que servía para cifrar y descifrar mensajes. El dispositivo tenía teclas, como una máquina de escribir, y al presionarlas movían unos cilindros rotatorios” (Jaimovich, 2018).

A partir de las características de la máquina, Alan y Joan trabajaban en conjunto tomando como guía las funciones de un dispositivo electromagnético creado años atrás, ese dispositivo tenía los mismos objetivos: descifrar mensajes. El trabajo de ambos tuvo éxito, permitiendo descifrar miles de mensajes que solo los alemanes tenían acceso. “Clarke permanecería en Hut 8 a lo largo de la guerra, ascendiendo a subdirectora en 1944, puesto poco común para una mujer en la Escuela del Gobierno de Código y Cifrado” (Clouding, 2018). Pero no todo fue tan fácil, el reconocimiento no fue pronto, fue discriminada por ser mujer y ser parte de una organización en la que solo los hombres podían acceder. Su salario era un porcentaje muy bajo comparado con sus compañeros hombres. En 1947 fue galardonada con la Orden del Imperio Británico por su esfuerzo y trabajo en la segunda Guerra Mundial. Meses después conoció al coronel John Kenneth Ronald Murray, con quien se casó. Clarke permaneció trabajando en el cuartel general de comunicación del gobierno hasta la década de 1970, enfocándose en la numismática realizando atractivas investigaciones sobre monedas antiguas. Esa increíble mujer falleció el 4 de septiembre de 1996 en Headington, Inglaterra, dejando gran ejemplo a todas aquellas mujeres que están en busca de la superación y que se ponen barreras que no deberían ser un obstáculo en la actualidad, con tantas oportunidades y avances científicos.

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Oprah Winfrey

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