En 1940 el legendario Charles Chaplin estrenó El gran dictador, filme que rápidamente se convirtió en un referente del cine mundial gracias a su enérgica crítica en contra del autoritarismo. Y hoy, 80 años después, el cineasta neozelandés Taika Waititi nos da su peculiar e irreverente punto de vista sobre el tema con Jojo Rabbit, su nueva película.

En dicha historia, ubicada durante la segunda Guerra Mundial, seguimos la historia de Johannes Jojo Betzler, un niño de 10 años miembro de las juventudes hitlerianas cuyo máximo sueño es ser guardaespaldas del führer; es tanta su admiración por Adolf Hitler que incluso este es su amigo imaginario. Luego de un incidente durante un campamento de verano, Jojo regresa a casa para darse cuenta de que su madre Rosie esconde a una niña judía (Elsa), de los nazis. La continua interacción entre ambos chamacos provocará que Jojo se cuestione profundamente sus creencias y el mundo que se le ha presentado hasta el momento.

La premisa de Waititi suena interesante desde sus primeras líneas; sin embargo, cabía la duda de si este director podía llevar a cabo un proyecto así, en especial tras ser un cineasta más reconocido por hacer comedias de acción (Thor: Ragnarok) y ciencia ficción (dirigió algunos episodios de The Mandalorian, serie que pertenece al universo de Star Wars). No obstante, con tan solo ver unos minutos de Jojo Rabbit, nos damos cuenta que, muy a su modo, Waititi nos brinda una sátira sobre la guerra, el autoritarismo y cómo las instituciones (dígase el Estado, la familia, los medios de comunicación, la propaganda, entre otros) nos moldean a su modo de las formas más impensables.

Justo como Chaplin 80 años atrás, Taika Waititi comprende que la sátira es el instrumento idóneo para semejante tarea. Ello permite que los espectadores no se sientan abrumados con el contenido, pero la risa permite la catarsis suficiente para invitarnos a una reflexión profunda. A través de la mirada de Jojo observamos el horror de la guerra, la manipulación y la crueldad humana, pero también el esfuerzo por hacer lo correcto, la búsqueda de la verdad y la redención. Todo este coctel provoca que uno se sienta a momentos conmovido, en otros indignado y en unos más terminemos soltando la carcajada.

Y justo cuando pensamos que Waititi nos habla sobre la Segunda Guerra Mundial, la magia del cine hace su aparición: sí, Jojo Rabbit es una crítica al nazismo, pero también lo es hacia el contexto en el que vivimos. Y es que, si pensamos un poquitín, nuestro escenario es sumamente parecido al que aconteció previo a este conflicto bélico: tenemos la vuelta de los nacionalismos, gobiernos de extrema derecha, crisis económicas, discriminación y violencia en contra de sectores marginados, carreras armamentísticas y tecnológicas al por mayor y figuras carismáticas incompetentes para gobernar pero efectivas para ganar adeptos cual secta.

En fin, si bien Jojo Rabbit no es El gran dictador, sí resulta un filme emotivo, efectivo y que nos invita a la sobremesa. Waititi nos ofrece su filme más sobresaliente hasta el momento, quizá el que lo consolide como una de las mentes creativas más interesantes en el cine actual. Así que si te gustan las películas sobre la segunda Guerra Mundial, pero buscas una que revisite este hecho histórico de una manera diferente, es una opción increíble.

@Lucasvselmundo
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