“El hombre ha nacido libre, pero por
doquier se halla encadenado”
JJ Rousseau

Como le pasó a muchos en estos días, ha llamado mi atención la película Joker por varias razones, primero los comentarios sobre su director Todd Phillips y el regreso a la pantalla grande de Joaquín Phoenix, un actor que ha demostrado su calidad en varios proyectos cinematográficos en el pasado, sumado a ello la no muy respetable fama de la empresa productora de la obra DC Films y, como para todos que hemos visto la película, fue una grata sorpresa darnos cuenta que asistimos a la presentación de una de las mejores películas de los últimos años y por razones muy distintas de las enumeradas, donde el guion, la caracterización del personaje central y el manejo de la fotografía nos hablan de una obra extraordinaria, que dejará huella en la historia del cine a nivel mundial.

En esta ocasión, desde las primeras escenas la película nos involucra en una realidad compleja y dura que, sin buscarlo, nos empuja a cuestionar muchas situaciones y hechos de nuestra cotidianidad, y tal vez muchas de las ideas expresadas las hemos dicho o escuchado en alguna ocasión. Las preguntas saltan a nuestra cabeza, ¿cómo alguien puede llegar a esa situación? ¿Se nace así? ¿Joker es víctima o victimario? ¿Cómo un individuo no logra alcanzar la felicidad? Como afirmaba Rousseau, todos nacemos libres, todos tenemos las opciones y la oportunidad de encontrar nuestra propia felicidad, sin embargo, hay algo que no nos deja, siempre hay un amarre, un obstáculo que nos impide llegar a esa felicidad. Joker y Rousseau afirman que son los otros o las posiciones de los otros que no nos permiten lograr la felicidad y esa cuestión es central cuando pensamos en nuestra sociedad, en las características tragicómicas de nuestra realidad, que nos han hecho perder el sentido del humor, con lo paradójico de nuestras ciudades, llenas de una racionalidad que inundan nuestro cerebro y una realidad subjetiva que se empeña en una estética del desorden y la desigualdad.

Sabemos que hablamos de la modernidad como un proceso de homogenización cultural, donde los felices, los exitosos son los educados, los que tienen oportunidades y cosas materiales y tienen un derecho tácito a hacer lo que gusten, con los no exitosos e infelices, que por tal razón son cosas y pueden ser utilizados, Joker a pesar de eso tiene una reacción que nuestra racionalidad moderna considera inadmisible, en pocas palabras como ya lo expresaba Rousseau, la desigualdad genera infelicidad.

Para ese filósofo francés del siglo XVIII la felicidad es lo esencial, ser feliz es un deber y en esta felicidad jugaba un papel decisivo la virtud basada en los sentimientos de respeto a los demás, hay que desarrollar la piedad, es decir, la empatía que los seres humanos sentimos unos por los otros, pero es un camino difícil y estamos encadenados a través del racionalismo extremo de la modernidad, la razón nos engaña a menudo. En efecto, en la escena del metro vemos personas exitosas que fueron asesinadas, pero la conciencia nos hace ver el abuso y otros rasgos, la conciencia no nos engaña.

El logro de la felicidad es comunitario es entre todos, entre iguales donde cada uno logra la felicidad por un contrato social, colectivo, comunitario, que nos obliga moralmente a todos al logro del bien común, pensando en todos no solo en uno, en términos individuales, cada uno se debe
entender como un ciudadano, que pertenece a la ciudad. Lamentablemente en el caso de Joker, no pertenecía al todo, a la ciudad, por muchas razones y vivía con otros que tampoco eran aceptados del todo y el conjunto de individuos no se preocuparon de hacerlo, incluso el recorte presupuestal es un mecanismo de exclusión.

Entonces se demanda la verdadera felicidad, en el encuentro de todos, bajo el respeto y la empatía, esa capacidad inherente al bien común de colocarse en el lugar del otro y reconocer, a través de la solidaridad, la construcción de la felicidad. Pero la racionalización extrema de nuestra sociedad moderna nos lleva al desencanto cada vez más grande con nuestra forma de vida. Nuestro mundo está de cabeza, tenemos como imagen una hermosa escultura de mármol blanco, que bajo nuestra racionalidad extrema es perfecta, pero muchos no lo creen, necesita algo que la desordene, una línea roja, negra, un bigote, y eso es una burla que tiene más de verdad que la aparente verdad.

“Vivimos en una sociedad de hipócritas, donde los sinceros somos los malos”
Arthur Fleck, Joker, 2019

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