El programa Acción diferida para los llegados en la infancia (DACA, por sus siglas en inglés) fue una estrategia impulsada por el presidente Barack Obama desde 2012 mediante la cual miles de jóvenes sin documentos evitaron ser deportados. Los beneficiarios de este programa, conocidos también como dreamers, ingresaron a Estados Unidos siendo menores de edad y para gozar de sus prerrogativas debían manifestar cierto nivel de estudios y sobre todo demostrar que no eran una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Pero el actual presidente Donald Trump decidió dar marcha atrás al programa desde el martes 5 de septiembre y con ello terminó con los planes de casi 800 mil jóvenes, la mayoría de ellos (78 por ciento) mexicanos. Y entre esos 618 mil 349 jóvenes mexicanos, hay varios provenientes de nuestra entidad, como es el caso de José Godínez Sampeiro, quien desde 2015 decidió regresar a su tierra, encontrándose con las dificultades intrínsecas de regresar a casa pero también con barreras que son propiciadas por las diferencias entre ambos sistemas educativos. José pretendió validar los estudios que hizo en EU, donde logró concluir la licenciatura en antropología de la New College of Florida (de donde egresó en 2008), y donde luego se doctoró en derecho por la Universidad Estatal de Florida, de donde egresó en 2011. Su talento lo llevó a ser miembro de la Barra de Abogados de Florida, que forma parte de la Suprema Corte de ese estado, meta que le costó diversos obstáculos por su calidad migratoria y que logró superar gracias a su activismo, su calidad académica, sus redes sociales y el apoyo de un grupo de abogados de alto prestigio, según refiere la investigación que hoy les presentamos y que llevaron a cabo los investigadores del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu), María Félix Quezada Ramírez y José Aurelio Granados Alcantar. Ahora en su natal Hidalgo, Godínez enfrentó la burocracia educativa y logró que su título de doctorado fuera equiparado a una licenciatura parcial en derecho. Tras tres años de esfuerzo, obtuvo su título en derecho y hoy estudia la maestría en derecho penal, en la UAEH. Tiene planes de realizar doctorado en derecho y hoy, además de ser parte de la barra de abogados de la Florida, ya tiene su propia oficina –en su domicilio‑ donde litiga asuntos de migración que involucran a México y Estados Unidos. Esta historia de éxito y perseverancia debe hacer reflexionar a nuestras autoridades sobre un problema que está a la vuelta de la esquina. Urge que el regreso de estos dreamers no se convierta en una pesadilla. México debe facilitar su reinserción y no solo eso: debe aprovechar el valor de estos jóvenes cuya preparación es un bien que puede cambiar a nuestro país.

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