Ayer se llevó a cabo la tercera manifestación en menos de dos semanas ante la ola de violencia y desaparecidos en la capital del estado y otras partes de la entidad. El contingente estuvo nutrido principalmente de estudiantes, fueran de prepa o de universidad. No eran acarreados: eran jóvenes convencidos de sus razones para marchar. Era claro que la organización fue pensada por ellos mismos. Los estudiantes escuchaban a sus líderes y se notaba que conocían sus protocolos de seguridad previamente acordados. Se percibía organización y una cohesión fundada en causas sólidas: la necesidad de seguridad en las calles y de certeza para saber que regresarán sanos y salvos a sus hogares. La marcha de ayer es una muestra de civilidad y además destruye el mito de que a las nuevas generaciones no les importa la política ni los asuntos públicos. Ahí estaban los estudiantes, quizá sin saberlo, haciendo política: presionando al gobierno estatal para que cumpla con su obligación de proveer seguridad a sus gobernados. Si no, ¿para qué quieren el monopolio de la fuerza?, ¿para qué las miles de cámaras instaladas en avenidas y calles? Los jóvenes que marcharon ayer tienen una convicción y una seguridad que nos habla de que no todo está perdido. Si durante décadas los gobiernos y la sociedad mexicana no hemos sido capaces de derrotar el cáncer de inseguridad que carcome nuestro país, quizá la generación de jóvenes que hoy se preparan en las aulas sí lo logre. Al menos, ya entendieron el tamaño del reto y están actuando con sus mejores armas: la libre manifestación de las ideas y la movilización callejera. Si no tomamos las calles nosotros, la sociedad, el crimen nos las va a ganar. Con la movilización de ayer, con la toma de las calles por cientos, quizá miles de estudiantes, vamos ganando la batalla. De filón. Quien no mostró mucha empatía que digamos con la marcha de ayer fue el gobernador Omar Fayad, quien evitó hablar con la prensa luego de la movilización y tras participar en la presentación de automóviles eléctricos que serán fabricados en Ciudad Sahagún. Eso sí, no pudo escapar a la lluvia de cuestionamientos a través de las omnipresentes redes sociales.

Comentarios