La muerte de Juan Gabriel ha trascendido el ámbito artístico para insertarse en el centro del análisis político, social y antropológico, sobre los comportamientos del mexicano acerca de las diversidades y preferencias de la enorme comunidad lésbico, gay, transexual, travesti, transgénero, intersexual (LGBTTTI) y demás tipicidades culteranas.
Ha enfrentado intempestivamente a la sociedad mexicana y la ha colocado frente o detrás de su propio espejo. Tradicionalmente machista, debido a traumas históricos que vienen desde el vasallaje y la sumisión colonial, la sociedad mexicana y sus migrantes desplazados se ha conmovido hasta la médula y ha rendido homenajes populares espontáneos al popular compositor.
Sin duda, uno de los más grandes autores musicales de todas las épocas. Y, posiblemente, un nuevo fenómeno en la galería de los íconos modernos, que será objeto del culto público y pasará a la historia como un pionero de la lucha por hacer prevalecer, simplemente, el derecho a ser diferentes y todo lo que ello implica.

Políticas homófobas le prohibían
su aparición en Televisa

Han quedado sepultadas las actitudes gazmoñas, pacatas y pudibundas de las autoridades del pasado reciente, heridas por las actitudes y posiciones del compositor michoacano, que las redujeron a una postura política homófoba, al grado de prohibirle su entrada a recintos sociales y artísticos confinados y obtusos.
Desde las posiciones políticas o el dominio del monopolio televisivo, estos modernos caifases de la intolerancia y la discriminación hacia los seres humanos, le cercenaron la posibilidad de demostrar en recintos públicos, privados y en los sets de Chapultepec 18, su arrastre popular.
La forma en que sus composiciones y su música habían calado en el gusto popular para convertirlo en uno de los autores más prolíficos y certeros del cancionero popular: mil 800 canciones y 3 mil registros autorales ante la Sociedad de Autores y Compositores de México, hablan de su inspiración y brillante trayectoria profesional.

Con su muerte, “¿qué le queda a México?”

Reproducido en todos los idiomas del planeta, cada 40 segundos sus canciones se escuchan en turco, japonés, inglés, español, filipino y cuantas lenguas puedan imaginarse. Queda para la posteridad un reto casi imposible de enfrentar.
Las voces de los críticos y aún de los músicos nacionales, al enterarse de su desaparición física, han sido de total desconcierto y admiración. Preguntan, con justicia: “Con la muerte de Juan Gabriel, ¿qué le queda a México?”. El vacío se cobra por adelantado, un reconocimiento postergado, injustamente inaceptado.
Y hasta Norberto Rivera
la usa para excusarse

Todos los rotativos importantes del mundo destacan la noticia de su muerte como un acontecimiento trascendental, inusitado para los castos oídos de los gerifaltes de la política, cultura, religión y del espectáculo popular.
Las fallidas autoridades políticas se pelean su cadáver para poder rendirle un homenaje de cuerpo presente en Bellas Artes y hasta para depositar sus restos en la Rotonda; la Arquidiócesis, propiedad del presunto pederasta Norberto Rivera, que lo utiliza como una oportunidad para excusarse de su presencia en las manifestaciones contra los matrimonios igualitarios y derechos homoparentales.
Los encargados de la deturpada cultura nacional se transforman en defensores a ultranza de su imagen, al enterarse del impacto mundial de la noticia, de la valoración que en otras latitudes y territorios se tiene sobre la valía de este mexicano universal, que ha trascendido la frontera ñoña de la exclusión y de las actitudes discriminatorias.

CDMX con políticas sociales de avanzada

Se ha puesto en el centro del debate, de la mesa de las discusiones, el futuro mexicano sobre la adopción de políticas sociales que, afortunadamente en la capital de la República, forman parte importante del respeto esencial a los derechos humanos fundamentales.
El crecimiento exponencial de la comunidad LGBTTTI y de enormes núcleos de población que aspiran a vivir dentro de un ambiente de amplio respeto, donde se respire un clima efectivo de libertades irrenunciables, toma un impulso irrefrenable, que otorga la razón a los pioneros del reconocimiento a sus derechos y prerrogativas.
No es un hecho menor. La muerte del compositor ha convulsionado las conciencias nacionales. Es un personaje que llegó para quedarse. Surgido de las entrañas del pueblo, ha escalado sitiales inimaginables y se ha convertido en un ídolo popular, con consecuencias inéditas.

Enorme impacto social y trascendencia

Pésele a quien le pese, la sociedad mexicana tendrá que reconocer, más temprano que tarde, el impacto social y la trascendencia de Juan Gabriel en la modificación de conductas inquisitoriales, propias de las etapas más oscuras de la humanidad. Es un hecho.
‎El tributo popular desbordado en los lugares de residencia del compositor a lo largo de su vida, desde Ciudad Juárez, Los Ángeles, Santa Fe, Nuevo México, Santa Mónica, California y la Riviera Maya de Quintana Roo, abonará, sin duda, a reconsiderar asignaturas pendientes.
Inaudito: los miles de asistentes domingueros al partido de futbol en el enorme estadio de Torreón, al ser informados por los altavoces sobre la muerte del michoacano hicieron a un lado su afición deportiva para corear las canciones paradigmáticas del ídolo, uno de los mayores exponentes de la música mexicana.

¿Por qué tenerle miedo al miedo?

Los gobiernos establecidos‎, en el páramo de la ignorancia, presas de ocurrencias y desplantes demagógicos que los ha enfrentado con miles de sus simpatizantes, deberán enfrentar con decoro esta nueva realidad.
Convencerse de que la política social es el parteaguas entre una sociedad represora y otra tolerante. De que todos, autoridades y ciudadanos, sin distingos de razas, sexos, géneros, creencias, preferencias, valores, afiliaciones y signos partidistas, deben ser tratados y atendidos con un mismo rasero.
Ojalá haya llegado el momento de abanderar con programas justos los nuevos contenidos de la equidad y la justicia social.
Podríamos empezar por aceptar los grandes avances que han sido reconocidos internacionalmente de la capital social de los mexicanos, la Capital Gay Friendly, nuestra Ciudad de México.
¿Por qué tenerle miedo al miedo?
Ya estuvo bueno que seamos considerados como una aldea de ignorantes. Es tiempo de que nos aboquemos a atender las áreas desprotegidas de la sociedad, los sectores en desventaja, las grandes franjas sociales de colectividades vulnerables, arrinconadas por lo pernicioso de una crisis moral y de valores políticos que amenaza con arrasarnos a todos.
¿No cree usted?
Índice Flamígero: Un nuevo escándalo de corrupción de la tolucopachucracia estaría por estallar en Caminos y Puentes Federales (Capufe), la descentralizada que encabeza Benito Neme Sastré, compadre “por partida doble” de Enrique Peña Nieto. De acuerdo con informaciones corroboradas, el tabasqueño tiene un operador llamado Jorge Villagómez, quien se encarga de pedir los “moche$” a los contratistas. El más reciente a una empresa española que busca ganar la licitación –a modo– para la modernización de la autopista México-Irapuato. ¿Y sabe usted la medida de estos insaciables? 400 millones de pesos que ya entregó la firma ibérica para “ganar”. Marianito –siempre será Marianito– Palacios Alcocer deja la embajada de EPN ante El Vaticano. Aduce problemas de salud de su esposa, pero lo que se especula en el ambiente diplomático es que obedece a fuertes problemas conyugales por la “aparición” de un hijo fuera de matrimonio. Lo dicho: sociedad pacata, gazmoña y pudibunda.

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