Juana Azurduy Bermúdez, teniente coronel y libertadora de Bolivia

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Maria Elena Torres

“¿Es de mujeres solo tener hijos, perderlos y cruzarse de brazos mientras tantos se unen para liberarnos? ¿Qué justicia proclamáis si continuáis esclavizando y excluyendo a la mujer de todo ideal?

Dama de gran temperamento y libertadora de su nación fue Juana Azurduy Bermúdez, quien nació un 12 de julio de 1780 en Toroca, un pequeño poblado ubicado en la Intendencia de Potosí del Virreinato del Río de la Plata, actualmente solo conocido como Bolivia. Fue hija del terrateniente de raza blanca don Matías Azurduy y de una mestiza doña Eulalia Bermúdez, familia acaudalada de ese entonces.

Juana queda huérfana a temprana edad, contando con solo 12 años; al quedar sola, tenía que velar y estar al pendiente de las propiedades que sus padres le dejaron y como era una niña, optó por querer ser monja y se internó en el prestigiado convento de Santa Teresa Chuquisaca en 1972, los estudios con los que contaba en esos momentos eran el dominio de los idiomas español y el quechua, pero en su estancia dentro del convento presentó mal comportamiento por ser “muy rebelde” con las personas de la residencia y fue expulsada cinco años más tarde.

A los 25 años contrajo matrimonio con Manuel Ascencio Padilla, un militar de estatura alta de origen peruano, quien luchó incansablemente en el Virreinato del Río de la Plata a favor de la emancipación del Reino de España en 1805.

Su historia posterior está íntimamente ligada con las de emancipación de Bolivia y Argentina. Valiente guerrera, combatió incluso embarazada y fue la primera mujer sudamericana en obtener un rango militar: recibió el título de teniente coronel y, más tarde, fue ascendida a coronel.

Juana y su esposo se sumaron a la Revolución de Chuquisaca, la que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro, levantamiento que culminó a principios de 1810 cuando los revolucionarios fueron vencidos por las tropas realistas del virrey del Virreinato del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Cuando inició la Revolución de Mayo en la ciudad de Buenos Aires (la entonces capital virreinal), Juana y su esposo se unieron al Ejército auxiliar del norte, enviado desde Buenos Aires en 1811, para combatir a los realistas del Alto Perú.

El 20 de junio de 1811, después de la derrota de las fuerzas patriotas en la batalla de Huaqui, las propiedades de los Padilla, junto con las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas, situación que provocó que Juana Azurduy y sus entonces cuatro hijos fueran apresados, pero su esposo logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco.

Desde su refugio ella inició un reclutamiento haciendo invitaciones a los nacionales que se encontraban inconformes con la situación que se vivía en el país y fue hasta el 9 de noviembre de 1813 cuando Juana organizó y creó el Batallón Leales, que participó en la batalla de Ayohuma. A partir de ese momento Padilla y sus milicianos se dedicaron a realizar acciones de guerrillas contra los realistas.

El 3 de marzo de 1816, cerca de Villar (Bolivia), Juana Azurduy al frente de 30 jinetes, entre ellos varias mujeres, atacó a las fuerzas del general español la Hera, quitándoles el estandarte y recuperando fusiles. También atacó el cerro de Potosí, tomándolo cinco días después; por el triunfo obtenido, recibió el rango de teniente coronel en un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón, el 13 de agosto del mismo año, posteriormente, el general Belgrano le hizo entrega simbólica de su sable.

Durante las guerras de independencia latinoamericanas a las que se unió en el siglo XIX en contra de los conquistadores españoles que dominaban en el Virreinato del Río de la Plata perdió a cuatro de sus cinco hijos y también a su marido, motivo que la obligó a replegarse hacia el sur, uniéndose a Martín Miguel de Güemes. Pero esa alianza no duró mucho, ya que murió Güemes en 1821 y, Juana se vio reducida a la pobreza.

En 1825, el libertador general Simón Bolívar, luego de visitarla y ver la condición miserable en la que vivía, avergonzado la ascendió al grado de coronel otorgándole una pensión y le comentó al mariscal Antonio José de Sucre:

“Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son ellos los que lo hicieron libre”.

El mariscal Sucre, presidente de Bolivia, le aumentó su pensión y dejó de percibirla en 1830 por los vaivenes políticos bolivianos. Juana pasó varios años en Salta, Argentina, solicitando al gobierno boliviano sus bienes confiscados. La pensión que le habían otorgado le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares.

Y pese a todo el esfuerzo para liberar a su nación de la opresión, Juana murió indigente el 25 de mayo de 1862, cuando estaba por cumplir 82 años y fue enterrada en una fosa común; fue hasta 100 años después cuando sus restos fueron exhumados y depositados en un mausoleo construido para ella en la ciudad de Sucre, Bolivia. Diversas escuelas en Argentina llevan su nombre en su honor y su imagen decora el salón Mujeres Argentinas de la Casa Rosada, sede de dicho gobierno.

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