Juana la Loca, a su llegada a Austria, contrajo nupcias con el archiduque Felipe el Hermoso, que le hacía honor a su apelativo: era un joven apenas un año mayor que Juana, sensual, mujeriego sin freno, ambicioso, pagado de su persona, altanero y egoísta, educado en una corte relajada en donde había mucha libertad para las relaciones amorosas que se practicaban sin mayores remilgos. Juana se enamoró de él desde el momento en que lo vio, con una pasión desaforada. Pero Felipe le fue infiel desde el principio y hacía alarde de esos engaños. Juana, loca de pasión, se dejaba arrastrar por la ira y los celos. Felipe, cansado de esas escenas, acabó por confinarla en sus habitaciones bajo llave, sin volver a tener contacto con ella. Juana, loca de amor.
Pero en 1501 llegaron noticias de España, Juana había heredado el trono debido a la muerte sucesiva de sus hermanos mayores –Juan en 1497, Isabel en 1500 al dar a luz al príncipe Miguel y después, en 1501, el mismo Miguel, quien en su momento también había sido designado heredero–. Así, Juana debía acudir a Castilla para ser reconocida heredera tanto por las cortes de Castilla como por las de Aragón. La desmedida ambición de Felipe lo hizo volver a su esposa: ¡sería rey de Castilla! Ambos viajaron a Castilla y fueron reconocidos y jurados por las cortes. Pero Felipe –loco de alegría– tuvo que esperar.
En 1504 murió la reina Isabel, hecho que convertía a Juana en reina de Castilla y a Felipe en rey consorte. Éste se apresuró entonces a declararla “incapaz para gobernar”. El monarca sería él. Así empezó una furiosa pugna por el poder entre Felipe el Hermoso y Fernando el Católico; lucha que terminó cuando Felipe murió súbitamente en 1506. Juana, loca de dolor.
A sus escasos 26 años, Juana no solo era madre de cinco hijos –y otro que estaba por nacer–, sino que atravesaba por una inestabilidad emocional grave.
Fernando el Católico se hace nombrar regente de Castilla y recluye a su hija en la sombría fortaleza de Tordesillas, lugar donde nació la hija póstuma de Felipe en 1507. Fernando el Católico muere en 1516. Carlos, el hijo de Juana, es nombrado Carlos I de España y, tiempo después –en 1519–, se convierte también en el emperador Carlos V de Alemania, como consecuencia de la muerte de su abuelo paterno Maximiliano I de Habsburgo. El todopoderoso emperador mantiene a su madre en el cautiverio de Tordesillas.
Hay quienes sostienen la nebulosa tesis de que Juana se volvió loca solamente los últimos años de su vida, hecho que no resultaría extraño después de 48 años de aislamiento, dolor y soledad. Lo cual convenía a los intereses de su marido, de su padre y de su propio hijo. Juana loca de soledad, Juana loca de abandono, Juana loca de ausencias.
Juana de Castilla murió el 12 de abril de 1555, Viernes Santo. Más que Juana la Loca, podría ser llamada Juana “la Desventurada”, Juana “la Desdichada”.

*Es una lectora prolija y memoriosa. Es historiadora por vocación y se ha dedicado en especial a estudiar la historia de las monarquías y sus personajes, todo eso la convierte en una gran conversadora.

Las lenguas de México: de lengua nos comemos más de un plato

México es un país pluricultural y, por lo tanto, plurilingüístico, y qué mejor manera de entenderlo que a través de las lenguas que lo conforman. Basta con asumirlo para darnos cuenta de la diversidad inherente de nuestras tierras y de algo de suma importancia: tenemos que prestar atención a todas y cada una de nuestras lenguas nacionales.
En Algarabía editorial en conjunto con el Inali quisimos dedicar una publicación a dar a conocer algunos datos curiosos, informativos, interesantes y picosones sobre las distintas lenguas indígenas de México, para entender la riqueza de las formas de vivir y concebir el mundo, y quizá así evitar que lenguas sigan muriendo porque, como dice León Portilla, cuando una de ellas desaparece, la humanidad empobrece.

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