Los juegos pirotécnicos son fiesta y tragedia, en las celebraciones de los santos patronos o las fiestas patrias, las luces multicolores que alumbran la oscuridad en una sincronía matemática que deleita nuestros ojos; los estallidos que cobran vidas también son parte de la pirotecnia en nuestro país: Celaya (1999), Veracruz (2002), Estado de México (2005, 2015 y 2016) e Hidalgo (2016).
Los fuegos artificiales están incorporados a nuestro consumo a través de la fiesta, lo que permite una industria que produce, transporta y elabora esos productos. Ignoro si nuestra entidad produce materia prima para la elaboración de juegos pirotécnicos, pero puedo asegurar que en la entidad existen artesanos cuyo trabajo dedicado y preciso realza nuestras fiestas. El estallido ocurrido en Tultepec, Estado de México, nos recordó los peligros del almacenamiento y manejo de los fuegos artificiales, porque los estallidos no distinguen sexo o edad, pues los incendios abrazan a todos, la cifra de muertos y heridos lo confirma.
Ante la tragedia observo dos tipos de reacciones documentadas en los medios de comunicación: la primera involucra a las autoridades del gobierno mexiquense cuyas declaraciones aseguran la cobertura de gastos médicos y/o funerarios, sus palabras suenas gastadas y oportunistas. La segunda reacción es la preocupación de los habitantes de los pueblos, quienes se angustian por sus heridos y difuntos, pero sobre todo temen por la criminalización de su trabajo.
La magnitud de la tragedia y la urgencia de la comprensión sobre los orígenes del incendio, nos distrae del verdadero origen de la tragedia; como ya se dijo, la pirotecnia es una industria que inicia desde la producción de materias primas, su elaboración, su transporte y almacenamiento, distribución hasta los puntos de venta para los consumidores finales, en ello están involucradas normas e instancias encargadas de su cumplimiento, por ejemplo: en la importación está el Sistema de Administración Tributaria, que administra las aduanas; en los permisos para el manejo de explosivos está la Secretaría de la Defensa Nacional.
Sobre los espacios de venta, como los mercados, están permitidos y regulados por autoridades municipales, donde el departamento de Obras Públicas y Protección Civil tienen un papel vital; para el caso de un mercado especializado en fuegos artificiales con San Pablito en Tultepec, el Instituto Mexiquense de Pirotecnia (Imepi) avaló dicho espacio como el más seguro de Latinoamérica, esto último me indica la contradicción más evidente: por qué el Imepi, que representa una fracción de la industria, se conforma como juez y parte, mi sentido común de ciudadana me supone que la certificación de la seguridad de las instalaciones de los espacios públicos debe estar a cargo de Protección Civil.
El martes 20 de diciembre del año en curso, la explosión del mercado de San Pablito en Tultepec nos recordó que la suma de omisiones y complicidades estallan en cualquier momento, ¿qué otras explosiones podemos esperar?

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