K esperaba que el espanto no corriera parejo con las burbujas del silencio que se arrebujaban en su corazón. Esperaba, es un decir. La verdad es que se arremolinaba en las ternuras de M y comprendía que solo podía considerarse a la luz de ellas.
Fluctuaba, entonces, entre la emoción surgida de su poder de evocación sensorial y la razón autoritaria que le autoimponía una lógica axiológica asumida de forma inconsciente por su constitución como ser social histórico.
Era, cuando menos, curioso considerar que la razón había tenido un racionamiento previo y no había surgido de sí misma, es decir, como una diosa nacida de su propio ser, sin progenitores.
¿Constituía una idea, el de la razón nacida por un razonamiento previo, o era solo un juego perverso de un oxímoron personalizado? Encontraba emocionante esa némesis que se producía en forma de paradoja sin solución.
Jugueteaban los dioses con la razón humana y la convertían en locura autoimpuesta que servía para normalizar la sociedad. La normalización era, pues, la locura individual y el orden social existente.
Se iba K por el mar del absurdo y lo sabía, navegaba por él con goce y desilusión al tiempo. Los riscos del pensamiento lo hacían encallar en los rojos atardeceres de escarpadas y solitarias costas.
Rumbo a Ítaca nadaban las sirenas. K negaba su propio movimiento, escuchaba solo. Su vista era el espejo de la noche. Se envolvía en el hermoso cantar y su mente le arrojaba a las olas. Sentía el placer de Tánatos, dulce y
misericordioso.
Divagaba en un sueño de ida y vuelta, se hallaba perdido en su propio laberinto, al que solo M daba encuentro con su magnificencia. Ella levantaba una mano y el mundo entero giraba alrededor de esos dedos que se movían elegantemente.
Gira, gira la mano de M y los recuerdos de K afluyen en torrentes de imágenes quietas que hila unas a otras para formar cuadros caprichosos a los que solo él encuentra un sentido que no sabe explicar.
El día empieza a encuadrarse en la noche desde las dos hojas sueltas de la ventana abierta. La pluma ha quedado encima de los papeles emborronados. Al fondo la ciudad empieza a aquietarse.

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Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, maestro en análisis y gestión de la ciencia y la tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Autor de varios libros y artículos indexados. Columnista de Libre por convicción Independiente de Hidalgo.