Pudo ser hija de uno de los hombres más ricos de la región. Pudo unir a dos amantes que creían poder romper la maldición de los amores imposibles. Pero la historia de su nacimiento tomó otro rumbo. Su progenitor se llamaba Rey Martínez de la Peña, joven enamorado que se suicidó cuando su familia le impidió casarse con Juliana Ramírez, campesina de Nuevo León. Ante la tragedia y por la desesperación de no tener posibilidades económicas para mantener a su hija, la madre de Julia (1883) decidió darla en adopción a Jesús Nava y Rosario Ortega.

Entonces, estudió en los mejores colegios de niñas, partió con su familia a Monterrey para ingresar a la escuela normal. En cuanto recibió el título de profesora de inmediato fue nombrada directora de la Escuela Panamericana Superior de Tula, Tamaulipas. Fundó las carreras de trabajadora social y auxiliar de enfermería. El 5 de febrero de 1902 se casó con José Ruisánchez.

De inmediato entró al ambiente de su marido que contaba entre sus amistades a Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G Urbina, Manuel José Otón, Ramón López Velarde, entre otros. Julia disfrutaba de sus relatos y hasta tiempo después compartió con ellos sus inquietudes literarias. Estas reuniones hicieron posible que conociera a Dolores Jiménez y Muro, quien la motivó a escribir y a participar activamente en actos públicos contra Porfirio Díaz. Fue señalada, junto con su esposo, como simpatizante del movimiento revolucionario; tuvieron que refugiarse en la Ciudad de México. En la capital, Julia conoció a Filomeno Mata y colaboró en su periódico Diario del Hogar. Identificada con la lucha del Caudillo del Sur, ayudó en la repartición de la hoja subversiva El 30-30. Además de autonombrarse maestra zapatista, perteneció a infinidad de grupos de mujeres: la Sociedad Femenil y el Centro Feminista Mexicano, ambos fundados por ella. También formó parte del Ateneo Mexicano de Mujeres, Club Internacional de Mujeres, Unión Femenina Iberoamericana y a la Unión Internacional de Madres.

Dirigió la revista La Mujer y en ella dio espacio a artículos que denunciaban a los hombres revolucionarios, los acusaron de no reconocer la participación femenina en la lucha. En alguno de sus editoriales precisaron la necesidad de una mujer fuerte e instruida que debía emanciparse. También escribió diversos libros como Mosaicos, Teatro infantil, Mis cuentos y El tablero de ajedrez. Recibió diversos reconocimientos por su trayectoria magisterial y periodística; conoció a sus nietos Mucuy, Irene y Miguel Sabido. Murió el 18 de agosto de 1964. Tenía 81 años de edad. Esta vez el destino la alcanzó. En un libro donde el periodista Mayo Murrieta recuperó la historia de esta mujer, describe una escena donde una gitana le quiere leer la mano y le dice: “Señora, si yo fuera hombre me quitaba el sombrero ante usted. Como soy mujer creo que me arrodillaré. Tiene la única mano que he visto en mi vida que torció su destino afortunado. Su destino no es ser humilde maestra de escuela elemental, sino haberse ido a Europa y convertirse en un gran personaje. Usted ha torcido su destino por honrada, por eso la admiro profundamente. Julia, es usted una mexicana que dignifica el amor”.

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