Hace unos días, con generosa solidaridad editorial, circula ya por Internet el libro titulado Justicia para Carmen, que pude escribir gracias a la confianza bella y airosa que ha tenido conmigo una mujer que desde el primer día que la conocí, hasta la fecha, me ha dado hermosas lecciones de vida. Ella es Carmen Rincón.
La conocí en el corazón del Zócalo de la Ciudad de México, en una marcha del 8 de marzo, hace ya 30 años. Subió a la tarima para denunciar, con voz segura pero desgarradora de almas, que había sido mal atendida en su parto, su hija murió en ese mismo instante, en el que apenas salía a la vida, y por la pésima atención recibida Carmen quedó estéril. Me conmoví profundamente, durante la entrevista que le hicimos los reporteros, yo en verdad la interrogaba con la voz quebrada. Desde ese entonces una frase se me grabó para siempre: “Justicia para Carmen”.
Nos reencontramos en otros escenarios donde se defendían los derechos de las mujeres y coincidimos por los buenos latidos de nuestros corazones. La suerte me hizo radicar en Pachuca, de donde ella es originaria y otra vez nos reencontramos para tejer más complicidades, para ayudar a otras mujeres, para confirmar nuestro feminismo, para delatar lo que en verdad es la sororidad.
Fue así como un día, leyendo textos que intentaban recuperar o analizar su historia de vida, Carmen tuvo la certeza de narrar su vida ella misma, desde sus propios recuerdos, desde su alma remendada, desde su fuerza de mujer. Tuvo la generosidad de confiar en mí, así durante varios meses la entrevisté.
Junto con sus palabras yo palpé la Pachuca de la década de 1960, llena ya de remolinos y vientos iracundos, la capital de Hidalgo que fue testigo de los berrinches, pero también de los juegos de una niña bellairosa. Una niña bien amada por su abuela, que vivió en una casa llena de aromas de yerbas santas. Esa niña que sacaba puro 10 y poco a poco torció su destino para irse a estudiar, conocer el amor, trabajar con total compromiso y decidir ser madre.
Durante las charlas de cada mañana y algunas tardes, Carmen y yo lloramos cuando fue necesario y nos reconfortamos siempre. Su historia me dio fuerza y estaba segura que se la daría a otras mujeres que leyeran este testimonio de vida. Carmen ahora es madre de corazón, comprendió que cuando la vida parece ensañarse contra nosotras no debemos preguntarnos ¿por qué? Debemos preguntar una y otra vez ¿para qué? La marcha que organizó por la calle de Guerrero y paralizó a una Pachuca sorprendida de toparse con mujeres con el puño levantado, que gritaban por las aceras y pintaban en las paredes: “Justicia para Carmen”. Cada palabra compartida por Carmen fue plasmada en este testimonio, cada relato que yo escribí ella revisaba para confirmar el sentimiento expresado, la evocación que le dio fuerza y me contagió por siempre. Cada entrevista fue transcrita por mi querida asistente Luz Martínez Hernández. Cada episodio de su lucha por la vida yo lo escribí con el alma. Gracias Carmen Rincón por esta oportunidad de conocer tu vida y darnos fuerza.
Elvira Hernández Carballido y Carmen Rincón Cruz, Justicia para Carmen, Editorial Académica Española, 2016.

Comentarios

COMPARTIR
Artículo anteriorSenado mexicano aprueba uso medicinal de la mariguana
Artículo siguienteDios me dio un reto para tapar bocas: La Volpe
Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.