El 2018 es un año solar donde se expresará la voz democrática del país, también es un año de discusión y reflexión para el mundo académico; el 5 de mayo, en Tréveris, Reino de Prusia, nació el filósofo, sociólogo, periodista, intelectual, sobre todo lúcido y provocador economista Karl Heinrich Marx. A este brillante pensador se le puede revisar y discutir desde diversas perspectivas, en todas ellas puede mirarse al Marx científico, iluminador que construye la historia del modo de producción capitalista y su evolución. Su crítica, casi siempre despiadada, severa, pero fundamental para la disección intelectual del capitalismo, continúa siendo un eje referencial.
Marx, Keynes y la Escuela Monetarista son tres corrientes indispensables para entender la realidad económica del capitalismo, sus reglas, leyes y sobre todo los ciclos económicos. Marx, junto a las corrientes referidas, sigue siendo necesario para entender y (re)definir la viscosa y conflictiva situación económica del país.
Frente a estas escuelas económicas, se encuentra la disputa por la nación, que encontrará un punto de inflexión el primero de julio. Estos meses han sido de visiones, propuestas y planteamientos diversos, muchas veces contradictorios, simplificadores, por eso es oportuno (re)plantearlos con una mirada que abra nuevos campos de estudio, que pueden discutir con otros paradigmas como el cepalino, la tercera vía. Se trata de superar nuestros prejuicios, sesgos, perspectivas egocéntricas y etnocéntricas para lograr consensos y llegar a una comunidad racional.
Un primer paso en esa dirección ha sido el primer debate donde participaron los cinco candidatos a la presidencia de la República, un encuentro de esta naturaleza solo es posible en una sociedad que afanosamente busca la libertad democrática. La política descubre y revela al ser social su evolución; en este contexto, la política es el espacio de la civilidad, del disenso, con ella podemos transitar de la violencia a la gobernanza, solo a partir de ella, la política, puede encontrarse la gobernabilidad, el crecimiento económico, el bienestar social, la solución de los déficits sociales y democráticos. Se busca alcanzar, a partir de un consenso racional, una compatibilidad entre la libertad y la igualdad que acompañan al pensamiento liberal desde sus comienzos, la política es el puente.
Esta coyuntura electoral es un buen momento para avanzar en los acuerdos y arreglos democráticos, económicos y sociales que permitan que el gobierno cumpla con las expectativas sociales. Entre muchos retos, uno fundamental es, sin duda, lograr tasas del producto interno bruto (PIB) crecientes, entre 6 y 7 por ciento anual, que ayuden a generar el millón 200 mil empleos que los jóvenes y trabajadores demandan. De aquí resulta indispensable que cuando los candidatos, durante el siguiente debate, analicen el tema de la economía, provoquen la discusión de cuál debe ser el modelo económico de los próximos años, sin simplificaciones o reduccionismos, porque nadie con seriedad puede afirmar que podrán obtenerse 500 mil millones de pesos al evitar actos de corrupción en el sector público, evidentemente ese no es siquiera una caricatura de un modelo económico. Tampoco pueden aceptarse las afirmaciones como las del secretario de Hacienda, quien asegura que la política económica mexicana no necesita adecuaciones, la pobreza muestra el fracaso de ese modelo social.
Quizá resulta útil considerar las recomendaciones del programa universitario de estudios sobre Asia y África de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien primero parte de una obviedad, no fincar (más) nuestro desarrollo económico en el Norte y, agrega, es oportuno considerar que Corea es la segunda fuente de inversión en nuestro país, pues aquí operan 180 empresas de esa nación y el comercio total entre ambos países es de más de 17 mil 500 millones de dólares. México, asegura el documento, debe mejorar el ambiente de negocios en materia comercial y de inversión extranjera con Asia, en particular con Corea, Japón y China. A la academia y a la realidad cotidiana les resultaría provechoso recuperar y rediscutir las propuestas marxista, keynesiana, cepalina, monetarista y la tercera vía; desde estas corrientes se puede analizar, por ejemplo, el papel de la inversión (donde Marx y Keynes coinciden, el primer con el modelo de la reproducción ampliada, el economista inglés con el multiplicador de la inversión), el sector público, el papel del mercado interno y externo. Esta es la mejor forma de recuperar la memoria de estas corrientes y sus representantes.

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