“Dios ordena la justicia, hacer el bien y ayudar a la familia, pero prohíbe la obscenidad, la mala conducta y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen” Corán 16:90 Las mujeres: bellas, románticas, valientes, de carácter, pero siempre guerreras. Mujeres, mujeres y más mujeres que según dicen son la perdición del hombre, ¿será? Por cuantas etapas pasa en su vida la mujer, muchas; hija, novia, trabajadora, esposa, madre, divorciada, abandonada, abuela (que tenga esa dicha), en fin, y por otro lado ha sido a través de la historia del mundo en el cual nos encontramos y no han sido tomadas en cuenta, siempre dejándole la tarea de la casa e hijos por ser inferior al hombre.

En este espacio me permito comentar de las diferentes mujeres que han dejado huella en la historia y de aquellas también que han sido olvidadas por los historiadores y no figuran en ello. Ahora le toca a un tipo especial de mujeres, las del Islam, mujeres que logran ingresar al mundo de los hombres, mundo que se encontraba restringido para todas ellas, donde los ideales masculinos se encuentran divididos en guerreros, santos, profetas, monarcas y comerciantes. En ese momento se pensó y creo que se sigue pensando que el trabajo de las mujeres que tenían como virtud, era y sigue siendo la de ser esposa y madre pero, también se les atribuía ser sabias, santas y mujeres de negocios, por consiguiente las hay también creyentes, predicadoras, poetas, escritoras, místicas y doctoras.

El Islam es una religión, la religión perfecta de Dios, totalmente independiente de los humanos imperfectos que dicen ser musulmanes, no puede ser juzgado basado en las acciones de ellos. Gran parte de los musulmanes son muy amantes de la paz, tratan de vivir de acuerdo con los grandes ideales del Islam. Así como en otras religiones existen también musulmanes que practican la fe y otros no, como los conservadores, los tolerantes y los extremistas pero sus acciones personales no deben ser utilizadas para escrutar o difamar el Islam (Sanham, 2003).

Los musulmanes son las personas que han declarado su creencia en el Islam. Como creyentes, ellos adoran el único Dios y creen en el profeta Muhammad, que la paz sea con él (p), como el último mensajero de Dios. Además, creen en todos los profetas que le precedieron al profeta Muhammad (p) y en las escrituras sagradas que fueron reveladas anteriormente en su forma original como los Salmos, el Torán y el Evangelio. Un artículo de fe en el Islam es la creencia en el día del juicio, cuando toda la humanidad será recompensada por sus obras en este mundo. Los musulmanes también creen en los ángeles y en la predestinación; también abarca numerosas realidades locales como las etnias y culturas dadas por su extensión geográfica (Europa-India), siendo aproximadamente 57 países con realidades sociológicas e históricamente distintas.

Al hablar del mundo “árabe”-musulmán ese engloba la carga cultural dada por el idioma y la religión, no define al rasgo étnico-geográfico en sí. Por tanto, la gran diversidad debe considerarse, así como los procesos particulares de cada lugar, lo que hace que la realidad de la mujer en dicho mundo sea también variada; pero no por culpa de esa creencia.

La explicación de los conflictos bajo un solo aspecto de causas es una explicación sesgada que no da cuenta de la realidad verídica. Esa no es una religión sexista, cabe destacar que es una tradición machista típica del desarrollo de la humanidad, parecida al cristianismo o el judaísmo, en el Islam, han reivindicado también esta tradición a lo largo de la historia. No es culpable de la situación de la mujer, fue el que surgió en el siglo XIV una dignidad y derechos a la mujer de occidente que se descubrió en el siglo XIX y XX. Las grandes líneas de evolución de la religión se dan en torno directo a la intervención de occidente en la zona (Tabari, 1998).

En ese mundo tan enigmático nace esa exitosa mujer: Khadijah o Jadiyah, , en el año 555 dC en La Meca, Arabia (Arabia Saudita), hija de Juwaylid ibn Asad y de Fátima bint Za´ida, que pertenecían al clan de los Banu Quraysh, la caracterizaron como “decidida y noble” y como inspiradora de un respeto significativo dentro de la tribu, ella fue una gran mujer en el Islam y considerada como la primera esposa del profeta Mahoma y además respetada como “la madre del Islam”. La familia de Khadijah tenía una posición especial de la nobleza, su padre fue líder de su tribu de comerciantes, el cual murió en una batalla al igual que el esposo de ella, quien era un afamado comerciante dejándola económicamente rica y al morir sus padres heredó su riqueza por lo que continuó comerciando teniendo mucho éxito, a tal grado que cuando las caravanas comerciales se reunieron para su largo viaje a Siria durante el verano o a Yemen en el invierno, la caravana de ella igualaba las caravanas de los demás comerciantes de Quraysh juntos (Guillaume, 1955).

La sociedad en la que nació era totalmente machista pero Khadijah se ganó dos títulos: Ameerat Quraysh, Princesa de Quraysh y at-Tahira, la Pura, debido a su impecable personalidad y su carácter virtuoso, sin mencionar su honorable ascendencia. Ella solía alimentar y vestir a los pobres, ayudar económicamente a sus parientes e incluso mantener el matrimonio de sus familiares que de otro modo no podrían haber tenido los medios para casarse.

Jadiyah se quedó viuda, en dos ocasiones las mismas que se casó y perdió dos veces a su esposo en las devastadoras guerras con las que estaba afligida Arabia. No deseaba casarse por tercera vez, aunque hombres honorables y muy respetados de la península arábiga la buscaban para casarse, ella era bastante famosa debido a sus múltiples negocios y riqueza. Sencillamente odiaba la idea de quedar viuda nuevamente. Su primer marido fue Hind ibn Zar´ah, que pertenecía a Banu ´Adiyy, y el segundo fue Ateeq ibn´ Aa´ith. Ambos pertenecían a Banu Makhzoom. De su primer marido, dio a luz a un hijo que recibió el nombre de su padre Hind y que llegó a ser uno de los más grandes ahabis (compañeros del Profeta) (Watt, 2018).

Para realizar uno de sus múltiples viajes, a Jadiyah le aconsejaron contratar a Muhammad (Mahoma) que también pertenecía a la tribu Quraysh como ella, esa tribu era la más poderosa de La Meca; para que dirigiera una de sus caravanas a Siria porque era honrado, con excelente moral y de conducta intachable; en ese momento él tenía 20 años aproximadamente y acepta entrar a su servicio viajando con sus caravanas antes de ser su esposo y, el corazón de Jadiyah fue cautivado a tal grado que decidió proponerle matrimonio, aunque no era la costumbre en ese momento. A ella no le preocupaba la situación económica o financiera de la persona con quien deseaba casarse y menos su condición de huérfano, su interés fue el carácter y la conducta pura del Profeta lo que consideraba que valía más que el oro y la plata. Jadiyah era mayor que él y tenía hijos de sus esposos anteriores. La pareja tuvo dos hijos varones pero no sobrevivieron y cuatro hijas, en total seis. Ella era una mujer importante en el Islam porque fue la primera esposa del profeta Mahoma y de ahí que es considerada como “la madre del Islam”. Jadiyah es la transcripción más cercana, en español, a la pronunciación original árabe; sin embargo, muchas veces ese nombre aparece escrito, en textos en español, Khadija o Khadijah, transcripciones adaptadas a la fonética del francés o del inglés. Falleció dejando un gran legado a los 65 años, el 22 de noviembre de 619 dC en La Meca, Arabia Saudita, llamando Mahoma ese año como “el año del dolor” (Sabiduría, 2012).

Khadijah fue una gran mujer en la historia del Islam, y como siempre muy poca su difusión para conocer sus virtudes y el papel importante en el apoyo al surgimiento del Islam. Nunca creyó en ídolos, solo en el profeta, su esposo, al que apoyó en todo momento y con todo lo que tuvo a su alcance en su misión y fue la primera mujer en abrazar al Islam.

“La mejor prenda para la mujer musulmana es el pudor. El pudor es parte de la fe”
Muslim y Bujari

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