Juan Bacilio Guerrero Escamilla

En la actualidad, el cambio climático se ha convertido en una realidad, pues se ha hecho presente mediante fenómenos atmosféricos y oceánicos, tales como el derretimiento generalizado de los polos –lo que ha provocado el aumento del nivel del mar–, la presencia de sequias, tormentas, tornados e inundaciones. Para los especialistas en medio ambiente, esos fenómenos han sido resultado del aumento de la temperatura del planeta, ya que en los últimos 100 años se ha incrementado en 0.

74 grados; es muy probable que dicho aumento sea resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades humanas, de las cuales se desglosan las económicas y sociales.

Las actividades económicas son procesos donde se crean y mercantilizan bienes y servicios, con la finalidad de cubrir las necesidades que demanda una determinada población y que permiten la generación de riqueza dentro de una entidad a partir de la explotación, transformación y comercialización de los recursos naturales. Una forma para medir las actividades económicas de una entidad es mediante el cálculo del producto interno bruto (PIB), el cual se define como “la suma del valor de todos los bienes y servicios finales producidos en una entidad, generalmente en un año”.

Una de las discusiones actuales sobre la crisis ambiental está enmarcada por la irracionalidad económica; en ese contexto, la libertad humana ha hecho que cada individuo satisfaga sus intereses mediante la búsqueda de beneficios, sin darse cuenta de los “efectos colaterales” que ha ocasionado en el medio ambiente, pues la acumulación de riqueza en una nación se cuantifica en el grado de explotación de los recursos renovables y no renovables.

Para los ecologistas, el crecimiento económico (acumulación de la riqueza mediante el PIB) lleva a una sobreexplotación del hábitat, ya que en la actualidad las economías emergentes pelean por conseguir estatus a la altura de los países desarrollados, esto hace que el consumo de bienes y servicios se incremente; en ese sentido, esas economías están desafiando al crecimiento insostenible, es decir, están aglutinándose en lo material, lo cual no es condición precisa para experimentar el desarrollo social.

Dentro de las actividades sociales están los estudios de población y una de sus líneas de investigación es la dinámica de la demografía. La población sigue creciendo y ese comportamiento genera un gran impacto ambiental sobre la Tierra y los recursos naturales. En la medida en que incremente la población se incentiva la demanda de bienes y servicios (agua, alimentos, electricidad, vivienda, ropa, entre otros), por lo tanto, se acelera la explotación de recursos.

Desde 1960, la población se ha duplicado para llegar a más de 7 mil millones personas; ese comportamiento ha tenido mayor presencia en los países pobres, lo que ha hecho que los gastos en consumo se dupliquen y, a pesar de eso, la mitad de la población en el planeta vive con menos de dos dólares al día. Con el paso del tiempo hemos aprendido a extraer recursos para nuestro uso (alimentos, combustibles, medicamentos, materiales diversos, etcétera), sin embargo, no hemos aprendido a regenerarlos.

La visión capitalista de buscar el máximo beneficio económico ha ocasionado que bosques, selvas y otros ecosistemas naturales se hayan convertido en tierras ganaderas, agrícolas y zonas urbanas; además de que las aguas de ríos, lagunas y mares sean contaminadas, debido a la sobreexplotación de los recursos pesqueros; que grandes cantidades de desechos, sólidos y líquidos, se depositen directamente en el suelo y el agua, y que por la quema de grandes cantidades de combustibles fósiles se emitan gases de efecto invernadero, los cuales han provocado inmensas variaciones en la temperatura del planeta; esos efectos han ocasionado la degradación ambiental y con ellos se han generado afectaciones importantes a la población (enfermedades respiratorias: neumonía y crónicas, cáncer de pulmón; y enfermedades cardiovasculares).

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