Era 1935 y la llegada de Carlos Gardel a Puerto Rico causó sorprendente revuelo. Identificado también como el Zorzal Criollo, enamoró a los isleños con su cálida y melancólica voz.

De pronto, su exitosa gira se interrumpió por intempestivo problema de salud.

El azar caprichoso eligió a Micaela Thorné, mujer negra descendiente de una estirpe milenaria de curanderas, como encargada de velar amorosamente por sus cuidados.

Pasaron juntos 27 días en que vivieron intenso romance.

Micaela lo confiesa en el libro La amante de Gardel, de la autoría de Mayra Santos-Febres, y acepta que cayó rendida ante los encantos de un hombre que le contó sobre mundos que ella desconocía. Le habló con la misma pasión que imprimía a sus tangos sobre la verdad de sus orígenes, su vida en Nueva York, sus ascensos y descensos en la consolidación de su fama.

Cantante, compositor y actor de cine era argentino naturalizado (1923), aunque hay dos hipótesis sobre su lugar de nacimiento: unos sitúan a Tacuarembó (Uruguay) y otros a Toulouse, Francia, posiblemente el 11 de diciembre, entre 1883 y 1887.

Falleció el 24 de junio de 1935, en Medellín, Colombia, en un accidente aéreo. Se infiere que después de conocer a Micaela.

Santos-Febres es de Carolina, Puerto Rico (1966). Ha obtenido premios internacionales y muchas de sus obras fueron traducidas al francés, inglés, italiano y alemán.

Micaela Thorné se sincera en el capítulo inicial del texto.

“Soy una mujer que recuerda. Antes fui muchas cosas. Joven estudiante de enfermería, nieta de una vieja curandera, protegida de la doctora Martha Roberts de Romeu y también fui la amante de Gardel.”

Reconoce que el intérprete tuvo muchos amores.

“Seis se suicidaron cuando él se fue. Yo, extrañamente, no lamenté su partida de forma tan contundente. Otra muerte se interpuso en el camino de esa pena. Otra muerte y otra decisión.

“Fui conquista leve, fácilmente despachable, una de las muchas que mantuvo durante giras, en medio de viajes, a espaldas de aquella novia legendaria, la única que se le conoció. Isabel se llamaba. Gardel, afectuosamente, la apodó la Gorda. Ella le decía el Viejo. Gardel contaba con 34 años cuando la enamoró. Ella apenas con 14.”

Y cuenta, Micaela, de su relación:

“Cuando me pretendió, ya era un varón maduro: 45 años, y acababa de dejar a su legendaria novia. Yo recién cumplía los 20 años. Tenía, además, el exacto color de la caoba y no ese tinte grisáceo de las mujeres que se mueren porque algo está terminando de comérselas por adentro.

“Él era grande y yo pequeña. ¿Quise? ¿Las cosas pasan porque queremos? Era Gardel y yo todavía no me convertía en la mujer que fui: Micaela Thorné de los Llanos, ginecóloga, botánica y fitóloga por afición.”

Relata, asimismo, de una enfermedad secreta del entonces su amado. “Pero iba perdiendo la voz. Octavas que no alcanzaba, ardores en la garganta, quebraduras en el canto. Solo él lo notaba”.

Y en ese tono se desenvuelve la interesante trama, con el fino estilo de la autora.

Aquellos que han escuchado hablar de Gardel, y los que no, encontrarán sugestiva la historia, a fin de cuentas el amor, por efímero que sea, no sabe de a quienes envuelve.

De editorial Planeta, la primera edición es de septiembre de 2015.

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