Este proceso electoral nos está dejando una lección por las estrategias de guerra sucia que estamos presenciando. El viernes y el pasado domingo fuimos testigos de cómo grupos de provocadores hicieron presencia afuera de las sedes donde se llevaron a cabo los debates entre candidatos al Congreso local y al Senado de la República. El primero ocurrió después del encuentro entre los aspirantes por el distrito 13. Ahí, seguidores del Perro Pelcastre simularon ir a apoyar a su candidato, el priista Sergio Baños, pero en realidad fueron a provocar a simpatizantes del candidato morenista Humberto Veras Godoy. El asunto no fue más allá de empujones y manotazos. Pero después, el domingo, taxistas que también simularon ir a apoyar a su candidato Alejandro Rodríguez Murillo arremetieron contra el candidato morenista al Senado Julio Menchaca Salazar, a quien por unos minutos le impidieron salir del recinto sede del debate. Pero además ayer, mientras Menchaca ofrecía una conferencia de prensa, justo para denunciar lo ocurrido el domingo, un grupo de taxistas arribó a su casa de campaña para boicotear su encuentro con periodistas. Este último acto fue especialmente burdo. Este diario entrevistó a los inconformes para saber el motivo de la protesta, pero ninguno atinó a dar una explicación. Los “activistas” evadieron responder pues no sabían ni a lo que iban. Así de burdas son las estrategias de quienes intentan así contrarrestar su debacle en las preferencias electorales. Esta elección no será un día de campo y cada vez hay más indicios de que las cosas se pondrán complicadas. De filón. También los feminicidios siguen imparables. Pese a que datos oficiales indican que en lo que va del año se habrían cometido en el estado diez crímenes, organizaciones de la sociedad civil refieren que los casos podrían llegar ¡a 22!

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