La Argentina

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“La gloria y la pena del intercambio para mí están en la vida que dejas”
“La gloria y la pena del intercambio para mí están en la vida que dejas”

María Abigail Gameros Colin
Universidad Nacional de Cuyo

Cuando planeamos el intercambio nos llenamos de expectativas y de emociones encontradas, empacamos en la maleta los miedos, las oportunidades, muchas expectativas, algunos gramos de nostalgia y un espíritu emprendedor que será necesario para vivir la aventura que será nuestra vida por los próximos meses. Sabemos bien que nada será lo mismo una vez que nos subimos al avión o que arrancamos a nuestro destino.
Fui estudiante en otro país, viví seis meses en Mendoza, Argentina. Estudié durante mi periodo de movilidad en la Universidad Nacional de Cuyo. Viví en una residencia con 17 personas de diferentes partes de México y el mundo. Cambié los tacos y las salsas por el mate, los alfajores y el asado, me enamoré de los días en las montañas y me acostumbré a estar lejos de casa.
Esta experiencia fue tan enriquecedora como le fue posible, me hizo viajar por el sur del continente, me presentó con la París de América, me maravillé con la cordillera, me llevó al fin del mundo; vi nieve, desierto, tundra y selva a unos kilómetros de la Tierra del Sol y el vino, me asusté con el viento zonda y los temblores. Vi las cunas revolucionarias de mi continente que le dieron un nuevo significado a las palabras hermandad latinoamericana.
La gloria y la pena del intercambio para mí están en la vida que dejas, la que tienes estando lejos y la que tendrás al regresar. Una vez acostumbrada a las diferencias, la nueva dieta, a vivir sola, a mi nueva familia de amigos y la nueva universidad, no queda más que maravillarse con todo el nuevo mundo que estamos por enfrentar.
El sistema de la Universidad del Cuyo era difícil, sufrí al ver las diferencias y lo complicado de su modelo educativo, tuve que aprender a prepararme para un examen, que para los argentinos era tarea de meses, pero yo tenía contados días para hacerlo; presenté y rendí exámenes orales de los cuales mi nota dependía por completo. Pero asistí a clases con profesores de reconocimiento internacional, estudié la política latinoamericana con una influencia radicalmente diferente a lo que vi toda mi vida, enriquecí mi tema de investigación, me motivó a perseguir nuevas líneas y elevó mis expectativas del futuro y de las oportunidades que deseo.
Esta fue una experiencia enriquecedora, este viaje me abrió una nueva perspectiva, me cambió personal y académicamente, es grandioso saber que el mundo no solo se mueve como lo había visto toda mi vida, nuevos conceptos y nuevos enfoques cruzaron la frontera conmigo y hoy no me queda más que venir y aplicar lo aprendido, no estoy segura aún de cómo traer a casa todo lo que me dejó la tierra donde nació Mafalda.
No sé cuándo será la próxima vez que vuelva a ver a mis nuevos amigos, no sé si volveré a recorrer esos mismos caminos, pero la promesa que nos hacemos todos seguro es regresar. A final de cuentas no me queda más que agradecer a mi familia y a mi casa de estudios por la oportunidad.

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