El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo ayer durante su conferencia de prensa matutina que la Secretaría de Marina (Semar) y el Ejército mexicano pusieron en marcha un programa de reforzamiento contra el combate al robo de combustible en Hidalgo. Eso porque en nuestro estado no solamente no se ha podido contener el robo de combustible, sino que incluso el fenómeno delictivo ha crecido y ha colocado a Hidalgo como el líder huachicolero por excelencia en todo el país. El último conteo oficial refiere que en enero hubo mil 565 tomas clandestinas en México, cifra superior a las mil 46 del mismo periodo de 2018. Y en ese universo, Hidalgo ocupó el primer lugar durante enero, al sumar 508 tomas clandestinas; lejos, en el segundo lugar, se ubicó el Estado de México con 169 y en el tercero Puebla con 156, cuando antes esa entidad era el líder indiscutible en la lista. Ayer, el gobernador Omar Fayad admitió ante medios de comunicación el penoso lugar que ocupa Hidalgo, aunque justificó que eso se debe a que por la entidad cruzan los más importantes ductos de todo el país.

¿Es válido tal argumento? ¿No tendrá que ver con la indiferencia gubernamental con que se enfrentó ese problema desde hace años? ¿No será la consecuencia de haber simulado años el combate a ese delito? Pero mientras son peras o manzanas, lo que es un hecho es que López Obrador anunció ayer que enviará la artillería pesada a la entidad para ver si así logra disminuir el muy popular huachicoleo. Al menos, destacó López Obrador y el propio Fayad, los huachicoleros se están quedando sin su base social. De filón. Los diputados del PRI y sus nuevos satélites (PAN, PRD y PES) reciclaron y revivieron el debate, ya superado, respecto a la distribución del presupuesto 2019. Sus argumentos, repetidos hasta la náusea, hablan de que a la oposición ya se le acabaron las ideas.

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