En diferentes estudios de investigación que se han publicado sobre México a partir de la década de 1990, se ha propuesto como conclusión que el mayor problema que enfrenta nuestro país es el subempleo. ¿Y qué es el subempleo? Comenzaremos por decir que el subempleo no es igual al desempleo, que es la ausencia de un trabajo remunerado. El subempleo se refiere a la falta de capacidad que el individuo tiene de realizar un trabajo en los niveles óptimos de productividad, ya sea por problemas inherentes a su pobreza (que forma un círculo vicioso con el propio subempleo) o, más importante, por su carencia de entrenamiento y capacidades adquiridas para realizar un trabajo específico en las mejores condiciones, que lo llevarían a obtener un nivel de productividad óptimo, y por tanto acceder a mejores condiciones salariales.
Asimismo, los estudios mencionados señalan que la productividad óptima y competitividad de una economía son el resultado de un adecuado apareamiento entre: a) el capital humano de alta calidad (es decir, las personas adecuadamente capacitadas y con competencias laborales pertinentes para realizar un trabajo determinado), b) los bienes de capital que incorporan las mejores tecnologías de punta (es decir, la maquinaria y el equipo de última generación para realizar un trabajo), y c) el capital financiero para que la operación se mantenga trabajando por lo menos durante el tiempo de incubación, que la haga sustentable en un futuro.
No entraré a describir los últimos dos factores en este artículo, pues mi interés es crear conciencia de la importancia de generar el capital humano de la más alta calidad para el trabajo, que nos permitirá abatir el subempleo como elemento de la pobreza. La universidad tiene la principal función de desarrollar ese capital humano de calidad, capaz de aparearse con las tecnologías de punta y lograr una economía productiva y competitiva.
Por eso, con este artículo cierro la serie de tres colaboraciones de opinión para el Independiente, proponiendo lo siguiente:
En primer término, tenemos que diferenciar el aspecto aspiracional de los individuos, que los orienta a buscar un título universitario como factor de permeabilidad social, de la capacitación real para realizar un trabajo determinado con la mayor productividad posible. Si bien es cierto la educación universitaria tiende a capacitar al individuo para que afloren sus capacidades laborales, también lo es que una carrera universitaria truncada –por cualquier factor– deja al individuo en una posición comprometida, en la que no puede ni ofrecer sus servicios en el mercado laboral como profesionista titulado, ni necesariamente contar con las competencias laborales para desempeñar un empleo técnico o profesional con la mayor productividad posible, pues se queda a la mitad de su formación. Entonces, los individuos con carreras universitarias truncadas enfrentan una problemática de buscar empleo en áreas en las que no necesariamente son competentes laboralmente. Es el caso típico de los pasantes de carreras en ciencias sociales que terminan realizando trabajo físico o administrativo que desconocen por la propia orientación de su años truncos en las escuelas profesionales.
Para solucionar ese problema sugiero tres ideas:
1. Que las carreras profesionales incorporen en sus planes de estudios un mayor número de elementos (materias) enfocados al entrenamiento práctico en actividades relacionadas con la profesión que se busca y que la universidad induzca a los estudiantes a que, una vez adquirida una competencia laboral específica dentro de la licenciatura que cursan, realicen un examen de competencias laborales para obtener un certificado que los acredite como “competentes laboralmente” para realizar un trabajo determinado. Por ejemplo, que en la licenciatura en contaduría pública se capacite a los estudiantes específicamente para asesorar a las personas en la presentación de sus declaraciones de impuestos, y esta habilidad se certifique conforme a las normas de competencias laborales que en México maneja el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (Conocer) que opera el Sistema Nacional de Competencias de las Personas. Esto, por supuesto, no como una opción terminal a la licenciatura, sino como un certificado en tránsito hacia la licenciatura, la idea es que una persona que termine la licenciatura y se titule, también lleve consigo de tres a cinco certificados de competencias laborales que le permitirán realizar su trabajo con la mayor productividad posible, lo que tendría un impacto importante en el subempleo.

2. Que la universidad, a partir de su Centro de Educación Continua, ofrezca cursos específicos para la adquisición de una competencia laboral y fomente su certificación conforme a Conocer; lo que permitirá al estudiante colocarse en el mercado laboral realizando el trabajo específico para el que se capacitó, con plena productividad.

3. Que la orientación vocacional bien aplicada se convierta en un aspecto fundamental en la formación de capital humano y en un elemento catalizador de lo que realmente el individuo desea hacer como un trabajo de vida, lo que le permitirá elegir bien el oficio o profesión y, por ende, ser óptimamente productivo en el trabajo.

En la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo estamos trabajando para pensar y aplicar nuevos modelos que permitan a nuestro estado posicionarse en los mejores niveles de productividad y competitividad del país, abatiendo el subempleo.

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