Quien ha sido o es usuario de algún sistema de salud pública en México sabe que solicitar atención no es una experiencia grata. Hay que tener paciencia, no solo porque de antemano sabemos que tardaremos en ser atendidos sino porque también es casi un hecho que recibiremos malos tratos. Sea de la recepcionista, de la enfermera que tome nuestros datos, o del médico que nos atienda. Nos preparamos psicológicamente para lo peor. Esta es solo una de las consecuencias de la saturación de nuestro sistema de salud. No obstante, la negligencia, la mala atención médica tienen consecuencias para toda la vida. En esta edición le presentamos una investigación que, además de consignar las cifras de la saturación, tiene el propósito de contar una historia que nos ayude a entender qué consecuencias tiene la atención médica que recibimos de parte de las instituciones públicas. Araceli Valdés, derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), vive y padece lo que es recibir atención médica a medias. Sabe lo que es esperar una cita durante meses sólo para que, cuando llegue su turno, le digan que su caso ya no tiene remedio y que ya para qué intentar. La falta de médicos, de hospitales, cuesta vidas, que significan dolor inconmensurable para las familias. Eso, no obstante, no le quita el sueño a quienes son servidores públicos y tienen en sus manos la capacidad de establecer políticas que alivien el deterioro de los sistemas de salud. Y no lo harán porque su sensibilidad no les da para tanto. Queda entonces volvernos una ciudadanía más exigente. De lo contrario seguiremos padeciendo, muriendo en manos de sistemas de salud que simulan o medio otorgan atención. De filón. Raúl Carrancá y Rivas, profesor emérito de la UNAM, coincidió con lo que otros eminentes constitucionalistas han observado: establecer órganos de control para la UAEH, a través del Congreso del estado, es una “intromisión abierta y descarada”. Pero además el experto recomendó estudiar la posibilidad de interponer un amparo pues lo aprobado por los diputados locales es contrario a la Constitución Política de nuestro país. De ello, por cierto, nos enteraremos hoy muy temprano, cuando las autoridades universitarias den a conocer la estrategia de defensa para nuestra máxima casa de estudios.

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