En el libro La presidencia imperial (1997), Enrique Krauze logró una de las narraciones más matizadas y completas de los hechos referentes al papel de Gustavo Díaz Ordaz y el Movimiento Estudiantil de 1968. Krauze contó para ello con una fuente imprescindible: Las memorias inéditas de Gustavo Díaz Ordaz. Allí, el presidente anotó sin inhibición su profundo desprecio por la autonomía universitaria y el movimiento estudiantil

Aunque fuera una conquista de la Revolución mexicana, que Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación Luis Echeverría consideraban entidad viva, la autonomía universitaria estaba sirviendo para incubar un proyecto comunista, alentado por la Unión Soviética, China y Cuba, que destruiría el sistema político mexicano

Han pasado 50 años del debacle que aconteció en la Plaza de las Tres Culturas, una masacre inaudita que marcó un antes y un después del Estado mexicano; es importante destacar que el movimiento estudiantil inició justamente por las arbitrariedades cometidas por un Estado represor y carente de visión, esta falta de entendimiento entre gobierno y estudiantado desembocó justamente en una represión

Por las refriegas de aquel 26 de julio de 1968 y sus días posteriores, y sobre todo por el desalojo del edificio de San Ildefonso, el rector de la Universidad Nacional Javier Barros Sierra hizo dos gestos públicos sorprendentes: la vindicación de la autonomía universitaria con el izamiento de la bandera nacional a media asta en Ciudad Universitaria, el 31 de julio; y la convocatoria para realizar una manifestación fuera del campus el primero de agosto

En palabras de Javier Barros Sierra: “La autonomía no es una idea abstracta. Es un ejercicio responsable que debe ser respetable y respetado por todos”. La protesta debe ser llevada con inteligencia y energía, y advertía: “No cedamos a provocaciones, vengan de dentro o de fuera”

Traspolando el Movimiento Estudiantil del 68 en nuestro contexto histórico actual, justamente a 50 años de los acontecimientos se repite una flagrante animadversión y abuso contra la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), a la cual se le trató de ultrajar su autonomía por parte de un Ejecutivo estatal coludido con diputados de la 64 Legislatura

Al igual que en el 68, no se han dado cuenta de las bondades logradas a lo largo de varios años por la UAEH, posicionándola como una universidad de vanguardia, lo que no es un hecho aislado. Justamente, estas bondades se deben a un profesionalismo académico y administrativo que ha ido mejorando paso a paso con los años hasta lograr una hegemonía

Retomando el movimiento estudiantil, Gustavo Díaz Ordaz pensaba que la universidad era un “estadito” dentro del Estado y Heberto Castillo, líder del Movimiento de Liberación Nacional creado por Lázaro Cárdenas en 1959, era su “presidentito”. Cuando el 16 de septiembre, Castillo, en nombre de la Coalición de Maestros pro Libertades Democráticas, dio el Grito de Independencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el presidente creyó ver confirmado el relato que le llegaba a través de sus fuentes, pero también de la estación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en México, dirigida por su amigo Winston Scott

Díaz Ordaz alertaba a sus subordinados de que los estudiantes actuarían como “carne de cañón” de agentes comunistas extranjeros, por lo que era necesario un dispositivo de represión. El bazucazo en la puerta de San Ildefonso el 31 de julio, la ocupación de la universidad el 18 de septiembre y la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre, fueron escenas de un despotismo premeditado

En cuanto al estado de Hidalgo, después de casi un año de defensa de su autonomía constitucional en tribunales, el pasado miércoles 3 de octubre la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitió sentencia definitiva en favor de la máxima casa de estudios de la entidad, confirmando en sus términos el amparo concedido inicialmente por el juzgado primero de distrito con residencia en Pachuca en contra del decreto 228 aprobado por el Congreso local, mismo que violentaba la autonomía constitucional de la UAEH

Ambos momentos históricos pretendieron salvaguardar la integridad de la autonomía universitaria, muy necesaria y deseable. Ambos se encontraron con un aparato represor y caciquil, y afortunadamente, ambos lograron brillar conquistando un triunfo ante la verdad y la justicia que prevalecerá en los anales de la historia. ¿Tú lo crees?

. Yo también

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