La aventura de estar en China

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Cuando inicias la recolección de documentos, ya tienes en mente algunos acontecimientos que te gustaría o no que sucedieran durante tu estadía.
Primordialmente, buscas nutrir esa espinita que tienes de conocer otro país, otra cultura. Probarte a ti mismo que tienes bastante bien desarrollada la capacidad de independencia. Pero después de los primeros momentos realmente fuera de tu país, lejos de todo lo que conoces, es cuando el verdadero reto comienza.
Aceptar el reto de llegar a un país tan lejano y contrario al nuestro suena asombroso desde el primer momento en el que estás en medio de ese remolino de gente fijándote siempre por dónde vas pasando, buscando referencias, intentando aprender direcciones, buscando números, adivinando qué es lo que comerás, si pediste agua o sin querer pediste té caliente.
Casi casi cerrar los ojos y señalar algo del menú esperando que sea algo comestible para nuestra costumbre. Básicamente así son los primeros días en otro lugar.
Afortunadamente tuve la gran suerte de compartir esa experiencia con amigas que consideraré para siempre. Fuimos una mini familia en JUFE. Si enfermábamos, nos cuidábamos, si nos sentíamos solas, nos hacíamos compañía. Entre nosotras pudimos hacernos sentir mucho mejor. Porque puedes estar pasándola de lo mejor, pero no deja de ser cierto que extrañas tu casa, a tu familia, a tu mascota, la comida.
Es totalmente normal sentir tristeza por lo que tienes aquí, pero de eso también se aprende y vas manejando esos pensamientos que de repente te atacan.
Esta experiencia vale todo, y también te deja un muy buen sabor de boca dejar huella en esos países, tan siquiera una pequeña; alguien aprendió de tu país y cultura gracias a ti, aunque sea un detalle tan chiquito pero significativo.

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