Javier Moreno Tapia

Promover la autonomía y autorregulación del aprendizaje en los estudiantes es un discurso actual en la producción científica educativa. Pero, desafortunadamente, hay quien considera que promoverla es desentenderse del aprendiz, dejar que trabaje solo y suprimir todas las ayudas pedagógicas que podría ofrecer como docente o tutor. En este texto no se coincide con esas prácticas y se trata de ubicar el desarrollo de esas competencias como un proceso evolutivo, y resulta fundamental que entendamos esta gradualidad para que conscientemente promovamos la construcción del conocimiento.

La autonomía, aunque parezca contradictorio, se forma a través de las ayudas pedagógicas dosificadas y gradualmente proporcionadas al aprendiz de forma descendente. En un principio el estudiante es muy dependiente y requiere de todos los apoyos posibles, modelar una actividad, trabajar con él y poco a poco liberarlo para que pueda lograr hacerlo de forma autónoma y pueda regularse a sí mismo.

Otro reto es la diversidad; los docentes debemos identificar y personalizar la enseñanza. Entonces, promover la autonomía en la diversidad significa dotar de ayudas pedagógicas diferenciadas a los estudiantes según su zona de desarrollo real, para justamente ponerlos frente a situaciones didácticas que les permitan alcanzar su zona de desarrollo próximo.

Desde la perspectiva vygotskiana, dotar de ayudas pedagógicas al aprendiz significa que el docente es capaz de reconocer el contexto, historia y conocimientos previos de los estudiantes que inciden en el aprendizaje del contenido educativo a revisar. Y, en consecuencia, articula situaciones didácticas que se convierten en “instrumentos psicológicos” que posicionan al aprendiz para escalar hacia la zona de desarrollo próximo. Esto es denominado construcción de significados, pero difícilmente el estudiante va a poder construir conocimiento si la situación didáctica no fue planteada a partir de ubicar su zona de desarrollo real.

Por ejemplo, sucede cuando el estudiante entra a la universidad. Se requiere de muchos apoyos para aprender a aprender y otras habilidades que le permitan poco a poco construir significados que lo habilitan gradualmente para convertirse en un profesional de una disciplina científica. Y al final logra hacer casi de forma independiente una tesis que demuestra sus habilidades profesionales. Y en caso de que ese profesional pretenda convertirse en un empleado de una empresa o un nuevo estudiante de posgrado, iniciará un nuevo camino que lo lleve a ser nuevamente un principiante que requiere de ayudas para desarrollarse en esa nueva travesía.

Este es el ciclo que se repite en cada uno de los niveles educativos y los docentes tenemos la obligación de contar siempre con suficientes materiales y diseño educativo de situaciones que se puedan activar de acuerdo al contexto de cada grupo de estudiantes.

En términos de la práctica docente se puede ilustrar el ejemplo de la asignatura de metodología de la investigación en un nuevo grupo de estudiantes universitarios. Quizás algunos de ellos ya se hayan enfrentado al reto de leer un artículo científico y les hayan guiado para hacer un ensayo académico, pero otros quizás no se han enfrentado a estos retos o quizás, aunque tuvieron situaciones educativas donde los revisaran, no lograron construir significados al respecto. Entonces, el docente de primer semestre debe contar con diversos materiales, como audiovisuales, mapas, presentaciones o alguna otra herramienta que puedan utilizar los estudiantes más rezagados, o incluso contar con asesorías que otros estudiantes no requieren.

La labor del docente no se reduce cuando hablamos de un profesor que promueve la autonomía y autorregulación del aprendizaje; por el contrario, se vuelve más activa, se diversifica y convierte al docente en un agente educativo que se involucra activamente en la construcción colaborativa de significados.

Finalmente, para mí es importante cerrar este pequeño texto con un pequeño reconocimiento a los docentes, que en congruencia con las dinámicas de la sociedad actual y los enfoques de los modelos educativos actuales que rigen las instituciones educativas, asumen este rol activo y se comprometen para contribuir significativamente en la educación de las futuras generaciones.

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