La bendita y manipulada propaganda

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Román Hernández Genis

La guerra de los medios está en todo su apogeo. Es difícil saber cuál es el bando menos cuestionable, aunque resulta fácil ubicar a los medios más tradicionalmente elogiadores del presidente y todo lo que a él le rodea y está a su favor, como gobernadores, secretarios de Gobierno, diputados y senadores del PRI, del Verde, de Nueva Alianza, empresarios muy ligados al poder oficial, Televisa y TV Azteca, diarios de circulación nacional como Milenio, El Universal, Excélsior, voceros de gobiernos afines como el de Trump, el de España, o el de Colombia, etcétera.
El New York Times abrió un nuevo frente que está siendo torpedeado por los anteriormente mencionados, cuestionado parcialmente por algunos medios más moderados, incluyendo a La Jornada, o fuertemente apoyado por medios más críticos, especialmente ubicados en las redes sociales, que se han caracterizado en los tiempos recientes por atacar más de frente lo que la propaganda oficial propone, denunciar lo que oculta y preguntar por los temas a los que trata de cambiarle el sentido.
Con un titular de ocho columnas, dicho diario estadunidense describió lo que muchos mexicanos sabemos de las prácticas tradicionales de los gobiernos priistas y panistas en el poder federal, el uso mafioso del poder y del dinero para tener una prensa escrita, radiodifundida, televisada o transmitida a través de medios, muy afín a sus posiciones y deseos, que es incapaz de reproducir alguna de las múltiples pifias declarativas del señor presidente, y que recibe grandes cantidades de dinero de manera legal, a través de la propaganda oficial, que aunque diga que los programas anunciados no pueden ser utilizados para otros fines distintos a los que dicho programa estipula, sabemos que se están usando en tiempos preelectorales o ya decididamente electorales, con el propósito de hacernos pensar que tenemos la suerte de contar con un estupendo gobierno federal, al cual valdría la pena volver a darle nuestro voto de confianza.
Se señalan en dicho artículo a muchos medios por su nombre y apellido, Televisa, El Universal, Milenio y muchos más, que reciben carretadas de dinero en contratos de publicidad oficial y también en formatos menos evidentes, pero igualmente efectivos para hacer sentir a la población que lo escucha, ve o lee, que Peña y compañía forman desde hace cinco años o menos, como 17, un buen gobierno que nos ha beneficiado a todos los mexicanos.
Esto podríamos decir que es algo ya muy conocido, pero que lo publique en primera plana uno de los diarios de mayor influencia mundial, ya es harina de otro costal. El Universal y Milenio se han apresurado a contestar y a tratar de desmentir algo que es sumamente evidente para la mayoría de los mexicanos que hemos desarrollado un cierto nivel crítico respecto de nuestras autoridades, y que con el pésimo desempeño que han tenido los últimos tres presidentes (los últimos 17 años), dicho número ha incrementado notablemente.
Tratan de ocultar al Sol con una cabeza de alfiler, y como Carlos Slim es un importante accionista de la empresa que edita ese diario gringo (aunque hace poco dejó de ser el accionista mayoritario), ya se hacen todo tipo de especulaciones al respecto. Que si se está apoyando al Peje, que si los empresarios mexicanos de cierta corriente ya no están contentos con el tipo de gobierno que realizan el PRI y el PAN, que si es una manera de pegarle a Trump a través de uno de sus admiradores en México, en fin, el asunto es que esto viene a subirle la temperatura al proceso electoral del año próximo y pone en evidencia que el gobierno actual tendrá que hacer algo extraordinario para ganar las elecciones, y esto no se puede referir a otra cosa que a un megafraude, entre que el candidato opositor mejor posicionado no pareciera perder terreno, y de que el candidato escogido por Peña no parece despertar el más mínimo entusiasmo entre sus acarreados, la única opción que queda, pareciera no ser otra. Para ello fue conveniente votar una Ley de Seguridad Interior con manga ancha para la acción militar y otra que pretende castigar a quien diga cosas que ataquen a los funcionarios públicos, sean verdades o mentiras.

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