Antony Beevor fue oficial regular del Ejército británico. Tras cinco años de servicio abandonó el cargo y se trasladó a París, donde escribió su primera novela. En adelante se consagró como un reconocido escritor, muchas veces galardonado con diversos premios.

Una de sus obras más preciadas es la de Berlín. La caída: 1945. Reconstruye la última gran batalla europea y lo que fue una estremecedora agonía: el desplome del Tercer Reich.

Combina su talento de exmilitar e historiador con dotes narrativas que llegan a parecer excepcionales al describir la complejidad de las operaciones militares y la lógica de las decisiones de sus mandos.

Y con lo anterior, mezcla que da valor agregado a su texto, como los sentimientos de la gente común atrapada en un torbellino de fuego y metralla: la desesperación de Adolfo Hitler, en el epílogo de sus sueños de conquistador del mundo, los deseos de venganza de José Stalin, la impotencia de Guderian o la astucia de Zhúkov, el gran conductor del Ejército Rojo.

Y parece retratar con crudeza la inocencia de unos niños jugando a la guerra con espadas de madera en mitad de sus casas destruidas por las bombas, o el resentimiento de las mujeres abusadas por soldados soviéticos, al tiempo que fanáticos de la SS ejecutan a cualquiera que se atreva a ondear una bandera blanca.

Michael Burleigh, que de la buena escritura también conoce, comenta: “Berlín se parece al gran poema épico de Alexander Solzhenitsyn, Noches prusianas, solo que apoyado en impresionantes fuentes documentales. Es una obra maestra de la historia moderna”.

Beevor trae a cuento declaraciones de Albert Speer, al final uno de los hombres más cercanos a Hitler: “La historia siempre concede una mayor importancia a los acontecimientos terminales”. Abominaba la sola idea de que los últimos logros del nacionalsocialismo se ensombrecieran a causa de su derrumbamiento final.

Hay antecedentes que ya anticipaban el declive. Apenas dos años antes, el primero de febrero de 1943, un iracundo coronel soviético detuvo a un grupo de escuálidos prisioneros alemanes entre los escombros de Stalingrado. “Así va a acabar Berlín”, exclamó, mientras señalaba los edificios en ruinas que lo rodeaban.

Antony Beevor alude a la obsesión de Hitler ante una derrota decisiva. En 1944, cuando el Ejército soviético se agrupaba tras las fronteras orientales del Reich, recordó lo sucedido en Stalingrado. Los reveses sufridos por Alemania habían comenzado, según observó en un discurso de gran relevancia.

Realista, conmovedor, Berlín. La caída: 1945, en especial para los muy interesados en los sinsabores de la segunda Guerra Mundial.

De Crítica, la primera edición impresa en México es de mayo 2018.

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