La paz que tanto presumían exgobernadores y el actual jefe del Ejecutivo estatal en torno a la entidad, simplemente se está esfumando. Desde 2016, cuando Hidalgo ocupó el primer lugar en la percepción de paz a nivel nacional, la entidad ha bajado escalones en esa preciada carrera por ser el estado que más tranquilidad ofrece a sus habitantes. Hoy ha sido superado en ese ranking por estados como Chiapas, Coahuila, Campeche, Tlaxcala y Yucatán. ¿Qué es lo que ha pasado durante dos años para que la entidad descienda seis lugares en la tabla? Las autoridades deberán hacer un análisis a conciencia sobre las razones, pero es evidente que la irrupción de bandas de huachicoleros (Hidalgo ya conquistó el primer lugar nacional en cuanto al número de tomas clandestinas detectadas); el aumento de la tasa de homicidios y del robo en varias de sus modalidades fueron factores que derrumbaron la referida percepción. Ahora la vox populi reconoce que vivir en Pachuca, por ejemplo, no equivale a estar en un lugar seguro. En cualquier lugar se escuchan relatos sobre cristalazos o sobre la sorpresa que causó encontrar la casa sin muebles después de alguna ausencia temporal. Frente a esta realidad, el gobierno estatal emprendió una estrategia denominada Hidalgo Seguro que consistió, básicamente, en reforzar la presencia policiaca y dotarla de mejores equipos. Para ello el propio gobernador Omar Fayad, junto con el entonces secretario de Gobernación Miguel Osorio, entregaron 355 vehículos con sistemas de localización satelital y anunciaron la implementación de 10 mil cámaras de videovigilancia en la entidad. También, dieron a conocer el funcionamiento de cámaras de vigilancia en puntos estratégicos, botones de pánico, arcos carreteros, avión planeador, drones, 350 vehículos para patrullaje y la construcción de un C5i, entre otros. ¿De qué ha servido tal despliegue de equipos y tecnología? Al parecer la respuesta para combatir la inseguridad no descansa exclusivamente en tener más policías, patrullas y armamento. Es necesario ir a las causas estructurales y combatir los nuevos fenómenos delictivos como el huachicoleo, que cada día carcome más nuestros cimientos sociales. Vamos a ver si los gobiernos en todos sus niveles tienen la capacidad para reaccionar a esta nueva realidad y en qué tiempo lo hacen.

Comentarios