La carta

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Moisés Sánchez Limón

¿Era necesario divulgar el contenido de la carta que Andrés Manuel López Obrador envió a Donald Trump?, vaya ¿era necesario escribir una extensa carta con lo que se pretende realizar en la entrante administración federal, que tiene pinceladas de querer quedar bien?
De esa carta en la que el candidato triunfador de la elección presidencial prácticamente se compara con Trump, podría haberse esperado un comentario amplio del destinatario; quizá Andrés Manuel estimó que habría una respuesta amplia y de reconocimiento de, digamos, presidente (en ejercicio) a presidente (virtual).

Pero no, resulta que Trump se refirió ayer a López Obrador y lo calificó como “una persona estupenda (que) lo hizo muy bien, consiguió muchos votos y la gente en México confía mucho en él”. Vaya, vaya.

Y, bueno, refirió una línea más por cuanto a que está hablando con México acerca del TLCAN y, estimó, “creo que vamos a poder resolverlo”. Y punto.

Sin duda, López Obrador esperaba algo más. Pero, si usted ha leído a detalle la carta de marras, encontrará lugares comunes y una especie de reporte de lo que se quiere hacer, pero especialmente para no incomodar más a la administración estadunidense, reducir la migración ilegal y, vaya, evitarle más dolores de cabeza porque aquí, en México, la intención es abatir la pobreza y todos los males nacionales con el aniquilamiento de la corrupción. El mismo sonsonete, nada nuevo. Y hasta descubre el hilo negro. Leamos:

“Señor presidente Trump –refiere López Obrador en su carta–, espero sus comentarios a mi planteamiento que busca alcanzar un entendimiento amistoso y de respeto mutuo con usted, con su pueblo y con la gran nación que representa.

“México y Estados Unidos han sido dos países que, entre otras cosas, por su situación geográfica han tenido una historia en común fuera de serie. Ha habido momentos de tensión y diferencias, como otros de entendimiento y respeto. Nos unen muchas cosas buenas. Lazos que no se pueden romper: cultura, idioma, tradiciones y, sobre todo, una larga amistad y mucha solidaridad. En honor a todo ello es que debemos seguir trabajando de la mano para ayudarnos mutuamente.

“En cuanto a lo político, me anima el hecho de que ambos sabemos cumplir lo que decimos y hemos enfrentado la adversidad con éxito. Conseguimos poner a nuestros votantes y ciudadanos al centro y desplazar al establishment o régimen predominante. Todo está dispuesto para iniciar una nueva etapa en la relación de nuestras sociedades, sobre la base de la cooperación y a prosperidad. Hagámoslo.”

¿Algo nuevo? ¿Una postura firme frente a quien persigue a migrantes y amaga con la construcción de un muro y aplica aranceles a productos mexicanos, por citar algunos temas? Nada, nada.

Y es lamentable, porque se desperdició un espacio de suyo importante para establecer a Donald Trump puntos elementales de la diplomacia que, sin ofender o descalificar ni amagar con posturas radicales, puntualizaran el espíritu de la doctrina estrada y, sobre todo, ese presunto nacionalismo juarista que presume Andrés Manuel.

Pero, vaya, quizá en esa pretensión de imitar a Juárez, Andrés Manuel recordó aquellos días en los que el llamado Benemérito de las Américas pidió y obtuvo el respaldo del gobierno de Estados Unidos que nunca aceptó el reinado de Maximiliano de Habsburgo, quien finalmente fue cercado y abandonado a su suerte por el gobierno de Francia.

La historia es cíclica, pero cuando se pretende imitar o de plano se imitan escenarios poco recomendables, el resultado nunca será benéfico para el imitador.

Por supuesto, la geografía política mundial ha cambiado como han variado los conceptos de comunismo y socialismo, China es un ejemplo puntual de esa variación y se alza como potencia económica, pero ha dejado a un lado y con calidad de suvenir a Mao, en tanto en Rusia Putin no se aplica en celebrar a Carlos Marx y Lenin también tiene ese carácter de efeméride.

Bueno, en México no tendría por qué ser diferente entre quienes asumen el papel de dizque luchadores de izquierda, defensores del proletariado y convencidos del reparto de la riqueza entre los pobres, como condición elemental de gobierno.

¿Es de izquierda Andrés Manuel? ¿Lo son sus seguidores, esos dizque intelectuales y analistas y militantes de organizaciones no gubernamentales que en 1994 se alzaron simpatizantes, defensores y amantes de la guerrilla zapatista, a la que hoy descalifican porque lo que queda del subcomandante Marcos no simpatiza con López Obrador?
No, su postura frente a Donald Trump lo instala en la condición de un colaboracionista o, por lo menos, un político en vías de rendir protesta como presidente de México con una estrategia de gobierno sustentada en solucionarle los problemas a Estados Unidos o, digamos, ya no darle tantos dolores de cabeza con tanto migrante, mexicano o no, pero que cruza el territorio nacional en busca del sueño americano.

Es posible que se trate solo de un escarceo diplomático o un remedo, porque finalmente queda como una carta de buenas intenciones presentada al vecino.

Es más comedida que diplomática, esta carta de López Obrador a Donald Trump Deseo. Lea usted: “(…) en primer término, agradecerle la buena disposición y el trato respetuoso recibido por parte de usted a partir del pasado 2 de julio cuando sostuvimos una amplia conversación telefónica. Aprecio también la asistencia de una delegación de secretarios de su gabinete y otros altos funcionarios a mi oficina para iniciar conversaciones sobre el futuro de la relación de nuestros países”.

¿Defensa de los migrantes? López Obrador le dice a Trump que, “respecto a migración, debo comentar que el propósito más esencial de mi gobierno será lograr que los mexicanos no tengan que migrar por pobreza o violencia. Procuraremos (¿?) que la emigración sea optativa y no necesaria. Nos esforzaremos (¿?) en lograr que las personas encuentren trabajo y bienestar en sus lugares de origen, donde están sus familiares, sus costumbres y sus culturas. Para lograr ese propósito fundamental, el gobierno entrante llevará a cabo el más grande esfuerzo que se haya realizado nunca en México”.

En fin. Ahí está el texto, la carta de buena intención es pública. ¿Era necesaria? Digo.

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