La cascabel

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vicio

Óscar Baños*

Puede ver el futuro, el pasado, lo que no pasó y también lo que no pasará. No duerme, anda en vela conociendo el mundo con su negra lengua de horqueta. Sus ojos color ámbar traspasan hasta los más gruesos muros y rocas. Cuando está vieja y cansada de arrastrarse entre el polvo muere, aunque no por mucho tiempo. Muere su piel anciana y de la carcasa reseca aparece rejuvenecida. Es inmortal, por eso la buscan los brujos, por eso los enfermos se disputan su piel para tomarla como medicina. Quieren un poquito de su eternidad.

El arte

Dicen que te roba los sueños, que si su mirada se encuentra con la tuya no volverás a llenar de imágenes tus noches de cansancio; ay de ti si se cruza contigo en una vereda, sea de día o de noche. Cuando tiene hambre, busca el árbol en el que duermen las gallinas. Lanza su arte y enmudece a los perros, les amarra las patas al suelo con mecates de miedo. Entonces, da una, dos, tres vueltas alrededor del mezquite o huizache del que caen poco a poco paralizadas las gallinas, a veces algún guajolote. Escoge la más gorda y se la lleva hasta su casa que es la noche. El coyote lanza su alarido y desata a los perros que se quedan ladrándole a las sombras. Él ya está muy lejos.

El fogón

Es el adoratorio del hogar. Alrededor de él se toman las decisiones más importantes, también se habla de amor. Late acompasado, corazón de la casa. Son las mujeres quienes con sus manos expertas lo custodian, no podía ser otro el que lo hiciera. Son ellas las que le cantan para que no se apague, las que le piden que caliente las mañanas y alumbre las noches más oscuras.

Los que curan

Pasa que no se pidió permiso para entrar al monte, para cruzar tal o cual río y entonces viene el castigo, se arrebata el espíritu. El cuerpo se queda vacío, tiembla, no tiene hambre, no bebe el pulque ni el té de monte. No andan las piernas ni tiene luz la mirada. Es necesario llamarlo o llamarla. Casi siempre llegan con los pasos tranquilos, no hay prisa, lo que ha de ser será, no es necesario apresurarlo. De su boca nacen soles, briznas que cantan, recuerdos buenos que apaciguan al río, al monte, a la cueva aquella y los conmueven. Sale el espíritu dando tumbos, se cuelga de los bejucos, abraza a las ceibas ancianas, entra por la boca en el cuerpo que es su casa, la cara sonríe.

La biznaga

Cuando una mujer se encontró por primera vez con una de ellas, no supo qué era. La tocó y su piel salió herida. La rodeó curiosa, ¿qué era aquello con forma de teta en mitad del monte? Las había pequeñas, apenas mayores que la palma de su mano y otras grandes como un árbol. Día con día sin que nadie supiera, la mujer regresó al lugar en el que estaban aquellas criaturas. Pasado un tiempo halló frutos, chiles rojos que no se animó a probar inmediatamente. Cuando lo hizo, una sonrisa llenó su pensamiento. No eran tetas, eran corazones dulces del desierto lo que había encontrado.

*Nació en Pachuca. Ha participado en revistas de divulgación cultural dentro de Hidalgo. Fue becario de letras por parte del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo en 2010. Ganó el primer lugar en el 24 Certamen de Composición Poética “Orquídea de plata”, en julio de 2010. Fue columnista y articulista de la revista Chispas para Encender Ideas del Consejo Nacional de Fomento Educativo. Su libro Orígenes e historias obtuvo el Premio Internacional de Cuento, Mito y Leyenda “Andrés Henestrosa” en 2013, que convoca la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca. El Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo publicó su libro de cuentos cortos A ras de lona en 2015. El Programa de apoyo para las culturas municipales y comunitarias (Pacmyc) aprobó el recurso para la publicación de su libro Los señores de la tierra en 2017. Palabras viajeras, su último trabajo, fue lanzado en 2018.

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