Los acontecimientos por los que España está pasando respecto a la posibilidad de una fragmentación de su territorio para dar lugar a la independencia de Cataluña no son un fenómeno social actual, este se ha gestado desde la época medieval cuando el Principado de Cataluña no solo era uno de los reinos europeos más antiguos, sino que además había sido probablemente el reino de Europa más poderoso durante varios siglos.
En el siglo V (entre el año 401 y 500) cayó el imperio romano y la península ibérica dejó de tener la influencia que había tenido Roma durante mucho tiempo. Por aquel entonces se hablaba en latín en toda la península, pero debido a diferentes motivos (modas, influencias de los mercaderes con los que trataban, etcétera), durante dos siglos el latín fue convirtiéndose en un dialecto diferente y finalmente en el siglo VII (del año 601 al 700) en la península ibérica había seis idiomas diferenciados. El sexto idioma era el euskera, que es mucho más antiguo que todos los demás (del siglo I o posiblemente anterior) y, por supuesto, no proviene del latín.
Entre el año 768 y 814, el imperio carolingio (más o menos los actuales franceses) dejaron un trozo de terreno por encima y por debajo de los pirineos (el actual sur de Francia y la actual Girona, respectivamente) que les servía como defensa para que los árabes no subieran hacia el norte (la actual Francia). A toda esa zona se le conoció como Marca Hispánica. Los carolingios pusieron al mando de esas zonas a unas personas llamadas “condes”, que tenían independencia militar y jurídica y cuando el imperio carolingio desapareció, esa “zona de defensa” quedó a su suerte.
El conde de Barcelona contrajo nupcias con la hija de los monarcas de Aragón, que tiempo después marcarían un hito en la historia siendo sus descendientes los famosos “reyes católicos”. Con el tiempo, en España surgirían tres dinastías muy importantes: los Trastamara, los Austrias y los Borbones, que gobiernan hasta el día de hoy con Felipe VI a la cabeza del trono. Sin embargo, el último Austria, Carlos II el Hechizado, dejó el trono español a la deriva sin un heredero y justo por esa razón surgieron rivalidades entre las coronas europeas para influir en quien podría ser el heredero en potencia para la corona. Al último, Felipe V, nieto del gran Luis XIV el Rey Sol, ganó la contienda e impuso una nueva dinastía en España: los Borbón, que continúan en el trono.
El problema se suscitó cuando el reino de Cataluña apoyó a los ingleses en clara oposición a los Borbones franceses y Felipe V, su representante; la ira de este monarca al hacerse con el trono español fue inmisericorde y de esta manera sometió a los catalanes a sangre y fuego. La discordia ha sido tan añeja que llega hasta nuestros días con una clara determinación de lograr la independencia respecto a España cuanto antes, claro que ha esto se le suman una serie de factores que hacen de la región catalana un territorio en potencia que fácilmente puede valerse por sí solo.
Pero, ¿la independencia de territorios que conforman una nación es un suceso que solo acontece en España? La respuesta es un rotundo no; basta recordar cuando la península de Yucatán soñó con ser una nación semejante a Texas, que logró su emancipación respecto a la federación mexicana.
Justamente un primero de octubre de 1841, la Cámara de Diputados local aprobaba el Acta de Independencia de la Península, estableciendo que “el pueblo de Yucatán, en el pleno uso de su soberanía, se erigía en República libre e independiente de la nación mexicana”. En aquel momento la península abarcaba los estados de Campeche, Yucatán y el territorio de Quintana Roo.
Durante ese periodo “independiente” se vivieron momentos importantes a nivel legislativo. Uno de los líderes del movimiento, Miguel Barbachano, redactó la Constitución de Yucatán de 1841, que destacaba por reconocer la libertad religiosa, el respeto a las garantías individuales y la figura del amparo. El gobierno centralista de México no aceptó esta independencia. Por un lado, envió una avanzada militar para enfrentar a los separatistas en lo que hoy se conoce como hacienda Pacabtún, en Mérida; por otro lado, el cierre del comercio entre puertos yucatecos y mexicanos afectaba la economía de Yucatán. Finalmente, Antonio López de Santa Anna, entonces presidente, firmaba el 5 de diciembre de 1843 los convenios que otorgaban a Yucatán autonomía plena, con la condición de que se reintegrara a México.
Hacia finales de 1845 esos convenios fueron suprimidos y el primero de enero de 1846, la asamblea legislativa de Yucatán declaraba nuevamente la independencia del territorio mexicano. Poco duró este segundo periodo independiente, ya que la crisis generada por la guerra de castas, entre mayas y mestizos, con enfrentamientos y muertes de ambos bandos, obligó a los gobernantes a pedir ayuda militar al gobierno mexicano a cambio de la reincorporación de Yucatán. El 17 de agosto de 1848, Miguel Barbachano decretó la reincorporación de Yucatán a la federación mexicana, cerrando definitivamente este capítulo separatista.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.