Pareciese un tema sentimental, un tópico que habla sobre el buen corazón de un sector poblacional, de su loable labor y de un sacrificio intrínseco por una causa que quizá esté perdida (para algunos). Los atributos que enmarcan la protección animal generalmente rondan en el sentimentalismo social y se abordan como una problemática sectorizada tan solo en perros de la calle o especies en peligro de extinción; todo ello, además, como situaciones aisladas.
En realidad no son situaciones aisladas, sino todo lo contrario, y tampoco son las especies en peligro de extinción o la fauna doméstica los únicos animales que merecen atención y protección de los humanos; de hecho la causa animal es socialmente transversal: atraviesa la economía, el desarrollo, la cultura, la educación, el ambiente. Está en casi cada área del quehacer humano.
La situación de los animales en la sociedad se toma en cuenta generalmente desde la perspectiva antropocéntrica, sin embargo, esta es una visión que conlleva a visualizar la interacción con otras especies solo mientras los beneficios sean directamente para los humanos, aun cuando esos beneficios pongan en riesgo nuestros medios de subsistencia a mediano y largo plazo.
La visión antropocéntrica suma al hedonismo y burla los espacios de reflexión sobre nuestro actuar como agentes morales, sobre cómo nuestra postura acota los recursos con los que contamos para convivir con el otro que no es de nuestra especie: delimita nuestras leyes, nuestras políticas públicas, nuestros planes de estudio, nuestras investigaciones, nuestro entorno, nuestra burbuja socialmente aceptada en la que todo lo que importa es el bienestar humano, aunque este vele solo por un bienestar temporal.
Los cientos de artículos que promueven el bienestar animal también sufren de esta visión: el perro como apoyo en las labores de rescate, el gato como ayuda para relajar a los pacientes de un asilo de ancianos, los caballos como terapeutas centrales ante la depresión. Y en sí, lejos de sumar al bienestar, aun cuando esta acción sea con la mejor de las intenciones, seguimos volviendo a los animales esclavos de las necesidades humanas. Los vemos desde una perspectiva utilitarista y dejamos de lado la reflexión sobre nuestro actuar y sobre nuestra postura, aun siendo defensores de los derechos animales.
La causa animal es más que solo cientos de personas peleando contra el maltrato animal y la indiferencia de la sociedad, es más que personas posteando “adopta, no compres” o “maltrato animal al código penal”; es una actividad que solventa muchas de las responsabilidades intrínsecamente relacionadas con los gobiernos, con los sectores ambientales y de salud, principalmente.
Además, la protección animal no solo está encabezada por los protectores animales en sí, en ella convergen diversas disciplinas que se suman a la necesidad de hablar de este tema de manera transversal; evitar que se invisibilicen las actividades en pro del bienestar animal y, sobre todo, que dejen de tomarse como acciones aisladas.
Para ello nace este espacio, para evidenciar la labor de los actores directos e indirectos en la defensa de los derechos de los animales no humanos, para analizar la actualidad y los avances en el rubro, para erradicar la idea de que esto solo le compete a unos cuantos y, más que nada, para poner el tema sobre la mesa de debate.
Se trata de un espacio multidisciplinario en el que no solo los protectores animales tienen la última palabra sobre el bienestar animal, sino todos aquellos personajes clave que logran cambiar el inconsciente colectivo: los activistas, los tomadores de decisiones, las autoridades académicas, los publicistas, los psicólogos, los diseñadores, los médicos, los comerciantes, los escritores, los periodistas y hasta los estudiantes.

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