El 5 de diciembre, el Voluntariado de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), que preside Gloria Tovar de Pontigo –con el apoyo de la coordinación de la división de extensión de la cultura, a cargo de Jorge del Castillo Tovar, y del Instituto de Artes, que dirige Gonzalo Villegas de la Concha– organizó el tradicional encendido navideño que adornará en estas fiestas el centro cultural universitario La Garza de la institución.
El festival artístico presentado fue de excelente calidad para el deleite del público asistente. Pero no es la intención referir aquí los méritos artísticos del programa, sino destacar la encomiable labor realizada por el Voluntariado Universitario, consistente en gestionar la donación de 336 obsequios por parte de funcionarios universitarios y de amigos y benefactores para entregárselos a los hijos de los trabajadores de la UAEH.
Esta acción maratónica, que implica la convocatoria a los participantes, el seguimiento personal para obtener las donaciones de los obsequios requeridos, más la organización minuciosa y detallada de la entrega de los regalos, es claramente representativa del primero de los elementos del positivismo plasmados en el lema universitario, que es “Amor, orden y progreso”: amor como medio, orden como base y progreso como fin.
Por otra parte, también representa la esencia del cristianismo, que es lo que nos motiva a festejar la Navidad. En el cristianismo, el amor es dar a los demás lo que a uno le gustaría recibir si estuviera en la situación de ellos –y es hacerlo, aun cuando ellos no puedan devolvérselo. De hecho, es hacerlo especialmente si ellos no pueden devolvérselo–. El amor cristiano es respeto y consideración por otros.
En una sociedad global que desafortunadamente ha abierto la puerta al imperio del egoísmo y la violencia, son fundamentales los esfuerzos como el que realiza el Voluntariado de la UAEH, que se enfocan en el amor, en el dar y “darse” a los demás. Es solo a través de este tipo de iniciativas, como el reparto navideño de obsequios que hace feliz a los niños, que se hace posible reconstruir la solidaridad social. Este es solo un ejemplo de lo que puede lograrse con el trabajo filantrópico, no remunerado, de los integrantes de la comunidad universitaria.
La idea de un voluntariado universitario, que tan oportunamente se desarrolla en la UAEH, no es exclusiva de esta institución. Conjuntar el esfuerzo colectivo caritativo de los integrantes de una comunidad académica y de sus familiares ha dado extraordinarios resultados para abatir el rezago y la pobreza, y redistribuir recursos de supervivencia en comunidades con amplias necesidades materiales. Un ejemplo interesante a considerar es el Voluntariado de la Universidad de California, Los Ángeles, que ha permitido disminuir la pobreza, las fobias y la violencia interracial en una sociedad muy segregada, como la de esa ciudad estadunidense.
El esfuerzo decidido de un voluntariado universitario ha logrado grandes éxitos en varios lugares del mundo. Aquí, en nuestra ciudad y en nuestro estado, la acción del Voluntariado de la UAEH ya es un factor de amor y se puede impulsar como un elemento fundamental para prevenir la violencia y el egoísmo que amenazan con destruir nuestra paz.
Como universitarios debemos de impulsar y participar decididamente con nuestro tiempo y trabajo gratuitos, en la consolidación de esta iniciativa institucional.

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